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Por fortuna, no es un lugar sino un estado de ánimo, decía su creador

Sigue discusión en Colombia: el universal Macondo, ¿es una aldea real o imaginaria?
Dpa
 
Periódico La Jornada
Martes 30 de mayo de 2017, p. 5

Bogotá.

Medio siglo después de la publicación de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, todavía se discute en Colombia si el escenario de la historia, la aldea de Macondo, es real o imaginario.

En el caribeño departamento de Magdalena, donde queda Aracataca, el pueblo natal del escritor, hay un caserío con ese nombre, pero persiste la duda de si existía antes de 1967, cuando se publicó el libro, o fue nombrado así cuando Macondo se volvió universal.

En el Diccionario de la Real Academia Española, Macondo figura como un árbol semejante a la ceiba, pero en el mundo literario es sinónimo de Caribe, de mariposas amarillas y de realismo mágico.

Cuando Macondo saltó a la fama muchas personas se interesaron por viajar a Colombia para recorrer sus calles.

Algo difícil, porque no figura en los mapas, pero al mismo tiempo viable, pues Macondo puede ser cualquier pueblo del Caribe colombiano.

Se cree que Macondo se inspiró en Aracataca, donde García Márquez nació en 1927. Allí alimentó su mente infantil con relatos fantásticos que fueron la génesis de muchas vivencias de la familia Buendía en Cien años de soledad.

En Vivir para contarla, su libro autobiográfico, Gabo recuerda cuando su madre lo llevó a Aracataca, tras varios años de ausencia, para vender la casa donde él pasó su infancia.

El joven García Márquez encontró un pueblo solitario y polvoriento que le sirvió para recrear años después a Macondo, la capital del realismo mágico de su obra.

Macondo es fundado en Cien años de soledad por José Arcadio Buendía, quien llegó con su esposa Úrsula Iguarán para poblar un lugar ubicado al oeste de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Palabra vista por Gabo en una finca bananera al viajar en tren

El Macondo de la actualidad no tiene más de 60 casas y, como aquel de las aventuras de la familia Buendía, queda al oeste de la Sierra Nevada, al sur de la ciudad de Santa Marta y tiene varios pantanos en sus alrededores.

La hipótesis más aceptada dice que al escritor se le quedó grabada la palabra Macondo que leyó en el letrero de una finca bananera que vio durante una travesía en tren.

Un estudioso de la obra de Gabo, el escritor colombiano Dasso Saldívar, aporta otras luces. Dice que podría tratarse de la derivación de una antigua palabra del centro de África para referirse al banano.

Los cataqueros, gentilicio de los nacidos en Aracataca, llaman macondo a un típico juego de azar parecido al bingo.

A un alcalde de Aracataca se le ocurrió cambiar el nombre del pueblo natal de Gabo por el de Macondo, con la finalidad de rendirle homenaje y de fomentar el turismo internacional.

Impulsó un referéndum, pero la idea fracasó en 2006. Uno de los críticos de la iniciativa fue el propio García Márquez, quien la calificó de desatinada.

Por fortuna, Macondo no es un lugar sino un estado de ánimo que le permite a uno ver lo que quiere ver, y verlo como quiere, dijo el autor de Cien años de soledad.

Además de Cien años de soledad, las referencias a Macondo están en otras obras de García Márquez, como Los funerales de la Mamá Grande, La mala hora, El coronel no tiene quien le escriba y La hojarasca.