Opinión
Ver día anteriorMartes 30 de mayo de 2017Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Concejo Indígena de Gobierno
Magdalena Gómez
E

l pasado fin de semana se realizó en el Cideci de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, la asamblea constitutiva del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) del Congreso Nacional Indígena (CNI). Contó con la participación de mil 252 representantes de pueblos y comunidades indígenas, 230 delegados zapatistas, un total de mil 482 asistentes. Con ello culminó una primera fase del proceso que se abrió en el quinto congreso del CNI el pasado octubre en torno a la propuesta, que fue ampliamente consultada y aprobada por los pueblos, de crear un Concejo Indígena de Gobierno y nombrar una vocera que participara como candidata independiente a la Presidencia de la República en 2018.

Importa recordar que tras el anuncio de la referida propuesta se desató una embestida racista que pronto se trasmutó en la estrategia de omitir toda referencia a la misma. A ella se sumaron diversos personajes de la izquierda institucional. Estos días se rompió parcialmente el silencio y se mostró que resulta difícil cuestionar la mirada hegemónica electoral. La nota central sobre la referida asamblea fue el nombramiento de una candidata indígena, antes que la relevancia de la creación del CIG, ninguna referencia a los resolutivos que se dieron a conocer en la fase abierta a los medios sobre los propósitos del concejo, su organización y la forma de vincularse con los sectores sociales del país. La amplia y madura discusión sobre estos temas fue el corazón de la asamblea, su corolario fue el nombramiento como vocera a la figura histórica del CNI perteneciente al pueblo náhuatl del sur de Jalisco María de Jesús Patricio Martínez, quien, se destacó, representará la voz de los pueblos originarios del CIG en el proceso electoral de 2018. Nombraron una vocera y todos los medios lo tradujeron como candidata. Y no es cuestión meramente formal, al omitir al CIG pretenden eludir al proyecto organizativo autonómico y anticapitalista. Por otra parte, pese a que la sesión inaugural y la final fueron abiertas a los medios, ninguno refirió el cuidado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) de ocupar un lugar atrás del auditorio, ni en la participación puntual del subcomandante Moisés exigiendo verdad y justicia para Ayotzinapa, y manifestando apoyo y solidaridad con el pueblo wirrárika, y la muy simbólica y silenciosa presencia del subcomandante Galeano acompañado de la niña Defensa Zapatista con su mensaje: No tengan miedo y el de Pedrito sigan adelante y no se rindan. La relación del EZLN con los pueblos indígenas y el CNI es sólida, y es de profundo respeto. Es obvio que relación hay, por ello, el consejo provisional del CNI cuando dio a conocer que su propuesta de vocera era la compañera Marichuy pidió su opinión al EZLN y la comandanta Miriam seguida de un grupo de comandantas ingresó y pidió permiso para hablar con ella a solas y conversar como siente su corazón y regresó para informar que acompañaban dicha propuesta, la cual fue avalada por unanimidad en la asamblea. No hay duda de que María de Jesús Patricio expresa con creces el perfil que decidió el CNI. Sus palabras, fuertes y pausadas, me recordaron las que pronunció en San Lázaro otro día 28, aquél en marzo de 2001: “La tierra y el territorio tienen para nuestros pueblos un significado especial, para nosotros la tierra es nuestra madre, de ella nace y crece todo lo que nos da vida; en ella respira y tiene vida cada arroyo, cada roca, cada cerro. Por tener vida y ser fuente de vida, la tierra tiene un significado especial y sagrado para nosotros. La madre tierra nos alimenta, de ella recibimos el aire que respiramos, el sol que nos ilumina, la luz para el trabajo, la oscuridad para el descanso y el sueño. De ella recibimos la primera visión y el primer respiro al nacer. A ella regresaremos al final de nuestros pasos por este mundo… No concebimos que nuestras tierras y territorios sean como un objeto cualquiera, que puede ser vendida y comprada como cualquier mercancía”.

La asamblea indígena que creó el CIG es muestra del potencial de los pueblos indígenas, de su madurez, de la amplitud de sus agendas, de la conciencia que tienen sobre la necesidad de la unidad, de romper cadenas que les inmovilizan como los llamados apoyos económicos oficiales que ningún partido cuestiona, porque se benefician de ello. Muchas de sus propuestas no son de realización inmediata, pero son su faro, su horizonte emancipatorio. Los principios no son moda pasajera; por ello Marichuy, la vocera del CIG, recuperando las voces de la asamblea, reafirmó que este es un proyecto por la vida, por la organización, por la reconstitución de los pueblos; no es para llevar votos; llamemos a la sociedad civil; unamos esfuerzos; es paso necesario si queremos que sigamos existiendo. Aquí estamos presentes quienes van a estar al frente son los 71 concejales, hombres y mujeres del CIG. Yo seré la vocera, indicó.

Ni más ni menos.