Opinión
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Demanda contra Norberto Rivera
Carlos Martínez García
E

n vísperas de su cumpleaños el cardenal Norberto Rivera Carrera fue demandado por encubrir pederastas. Ayer cumplió 75 años, edad a la que según el derecho canónico un arzobispo debe presentar su renuncia al Papa en turno. Corresponde a éste aceptar inmediatamente o posponer la dimisión y el nombramiento de quien tomará la vacante dejada por Rivera Carrera.

José Barba Martín y Alberto Athié presentaron hace cinco días en la Procuraduría General de la República (PGR) una denuncia contra el cardenal Rivera por el presunto encubrimiento de casos de pederastia al interior de la arquidiócesis de México. Argumentan que el propio prelado reconoció en conferencia de prensa, efectuada en noviembre del año pasado, haber sancionado en la arquidiócesis de México al menos a 15 sacerdotes por abusos sexuales cometidos contra menores. Esos casos no fueron dados a conocer por Rivera Carrera a las autoridades judiciales mexicanas, lo que debió hacer de acuerdo con la legislación, por tratarse de delitos penados por las leyes del país.

Rivera Carrera asumió el arzobispado de México en 1995, fue designado por el papa Juan Pablo II. Dos años después explotó el escándalo del pederasta serial y fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. Al conocerse los abusos del legionario mayor, Rivera Carrera defendió públicamente al agresor sexual de niños y adolescentes. Entonces, y durante varios años, sostuvo que las acusaciones eran falsas, nacidas con el afán de atacar a la Iglesia católica. Él junto con el cardenal Juan Sandoval Íñiguez y el obispo Onésimo Cepeda conformaron el trío eclesiástico más aguerrido para blindar a Maciel y, con sobrada soberbia, encararon a quienes revelaron periodísticamente las atrocidades e impunidad del legionario mayor.

La Jornada jugó un papel muy importante en la documentación del caso de Marcial Maciel Degollado. El periódico fue uno de los pocos medios que investigaron e hicieron pública la pederastia compulsiva del clérigo. En las páginas del diario se publicó (abril y mayo de 1997) una serie de reportajes de Salvador Guerrero Chiprés acerca del encubrimiento eclesial a los abusos de Maciel. En contraparte, el periodista recibió reclamos de Norberto Rivera, quien, altanero, le dijo que todo era una difamación bien orquestada. Pero el reclamo no quedó allí. El conspicuo funcionario eclesiástico puso en duda el trabajo del reportero, a quien le soltó: Son totalmente falsas [las acusaciones contra Maciel], son inventos. Y tú nos debes platicar cuánto te pagaron. Lo entonces acontecido quedó bien reseñado por Guerrero Chiprés, y es ilustrativo del autoritario modus operandi de Rivera Carrera.

Norberto Rivera nunca se ha retractado de la férrea defensa que hizo de Marcial Maciel. Siempre puso la carga de la sospecha sobre las víctimas y las estigmatizó al aseverar que tenían interés en golpear a la Iglesia católica. Todo ello a pesar de que las pruebas contra su protegido eran contundentes. Quedó plenamente demostrado que el fundador de los Legionarios de Cristo abusó por décadas de niños y adolescentes que estudiaban en escuelas de la orden que se enfocaba a trabajar entre los pudientes del país. Además de haber incurrido en el pecado de negar la verdad en el caso Maciel, Rivera Carrera cometió el delito de encubrimiento en favor de un agresor sexual serial. En su respectiva jurisdicción, ni las autoridades de la Iglesia católica, ni las judiciales de México hicieron que Norberto Rivera enfrentara las consecuencias de su proceder contrario a los intereses de las víctimas. La reciente denuncia penal presentada por José Barba y Alberto Athié debe ser atendida por ofrecer elementos indudables del papel jugado por Rivera en la protección de un criminal.

Desde 1997 tanto Barba como Athié, junto con otros organismos y personas, han presentado abundante información del proceder de Rivera en el caso de Maciel y algunos semejantes. Dicha información la hicieron llegar al Vaticano en el papado de Juan Pablo II y en el de Benedicto XVI. Cuando iba a realizarse el cónclave que concluiría eligiendo a Jorge Bergoglio (actual papa Francisco) como sucesor de Joseph Ratzinger, varias voces se alzaron y plasmaron en una misiva su oposición a que participara Rivera en la elección del nuevo Papa. La misiva fue entregada en la nunciatura apostólica de la ciudad de México y contenía datos del reiterado accionar de Rivera Carrera contrario a los derechos de las víctimas.

Desde que conoció el caso del pederasta serial y fundador de los Legionarios de Cristo, el entonces sacerdote Alberto Athié decidió acompañar a las víctimas tanto pastoralmente como en su exigencia de justicia. Él ha dejado constancia de cómo tuvo conocimiento de las continuadas atrocidades perpetradas por Maciel, así como de su posterior involucramiento en sacar a la luz pública el caso, en distintos momentos y lugares. Un valioso documento que resume su itinerario en favor de quienes sufrieron los abusos sexuales de Maciel Degollado está en el libro La voluntad de no saber: lo que sí se conocía sobre Maciel en los archivos secretos del Vaticano desde 1944 (Grijalbo, 2012), obra conjunta de Athié, José Barba y Fernando M. González. El volumen presenta un pormenorizado recuento del entramado eclesial católico que hizo posible el accionar y posterior encubrimiento de las atrocidades perpetradas por Maciel.

Ahora corresponde a la Procuraduría General de la República investigar diligentemente la denuncia de Alberto Athié y José Barba, en esto no caben privilegios eclesiásticos, los cuales fueron abolidos en México desde el siglo XIX.