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Pese a las prohibiciones, miles salen a manifestarse al grito de: Putin, ladrón

Día de fiesta nacional en Rusia termina con protestas y al menos 750 detenidos en Moscú

Arrestan al salir de su casa al líder opositor Navalny y lo condenan a 30 días de prisión

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Aleksei Navalny, líder opositor ruso, fue sentenciado ayer a 30 días de cárcel por incitar a una manifestación no autorizada en MoscúFoto Afp
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 13 de junio de 2017, p. 22

Moscú.

El Día de Rusia –la fiesta nacional que se instauró para conmemorar la declaración de soberanía (de Rusia cuando todavía formaba parte de la Unión Soviética) hace 27 años– terminó eclipsada por manifestaciones de opositores al Kremlin. Hubo este lunes, según voceros de los descontentos, no menos de 750 detenidos en Moscú y cerca de 900 en San Petersburgo.

No obstante las prohibiciones y otros obstáculos puestos por las autoridades (en la ciudad de Kazán, por ejemplo, se dio permiso para protestar sólo a las 7 de la mañana), miles de personas salieron a las calles en Moscú, San Petersburgo y otras 167 ciudades y poblados de este vasto país para expresar su malestar con el lema: Queremos respuestas.

A diferencia de lo ocurrido en la capital rusa y la Ciudad del Nevá, en casi todas las demás manifestaciones no se reportaron incidentes graves ni detenciones masivas.

Imposible saber cuánta gente participó en Moscú –mezclada con quienes acudieron a la céntrica calle Tverskaya para ver las representaciones de carácter histórico que prepararon las autoridades como parte de los festejos–, pero llamó la atención el despliegue que la Guardia Nacional realizó aquí este lunes.

El jefe de la policía de Moscú, Vladimir Chernikov, ya advirtió la víspera que no se iba a permitir ningún intento por alterar el orden.

Por lo que se pudo ver en la principal arteria de Moscú, y sobre todo cerca de la Plaza Pushkin, las unidades antidisturbios –conforme los furgones regresaban de las delegaciones policiales por nuevos detenidos–, arremetían contra grupos de inconformes y se llevaban al primero que tenían a mano.

Como sucedió en la anterior protesta, el 26 de marzo, la mayoría de los manifestantes eran jóvenes que portaban pancartas en que se leía: la corrupción nos está robando el futuro, o gritaban consignas como Rusia sin Putin, no queremos un zar o Putin, ladrón.

El líder opositor Aleksei Navalny, apenas salió del edificio donde vive, fue llevado a una delegación policial con el pretexto de cometer varias faltas administrativas y fue condenado a 30 días de prisión por incitar a una manifestación no autorizada.

Navalny inicialmente, con permiso de las autoridades, tenía la intención de llevar a cabo un mitin en la avenida Sajarov para apoyar la demanda para investigar los casos de corrupción de altos funcionarios de Rusia, pero a última hora la empresa de logística, aparentemente por presiones de la alcaldía, dio marcha atrás y se negó a instalar el escenario y los equipos de sonido.

Anoche el político, vía redes sociales y tras declarar que no tenía sentido un mitin sin sonido, decidió convocar a un paseo en silencio, que no está prohibido, por la calle Tverskaya, la cual desemboca junto al Kremlin, aunque el repentino cambio dividió a sus seguidores.

La propuesta generó una intensa polémica en las redes sociales, entre quienes defendían el derecho constitucional a ejercer la libertad de expresión, a pesar de las restricciones que de unos años para acá establece la ley, y los que consideraban un error exponer a los manifestantes a sufrir la anunciada represión policial por una acción no autorizada.

Unos optaron por quedarse en casa; otros se reunieron en la avenida Sajarov, en particular los moscovitas que, con su sola asistencia, quisieron dejar constancia de que están en contra del plan de derribo de sus viviendas; y los más radicales, universitarios, preparatorianos y hasta alumnos de secundaria en su mayoría, se juntaron en la calle Tverskaya para exigir tolerancia cero a la corrupción, que atribuyen al primer ministro, Dimitri Medvediev, y otros miembros de la élite gobernante.