17 de junio de 2017     Número 117

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Preocupaciones de canadá sobre
negociación o terminación del TLCAN*

Bruce Campbell Ex director ejecutivo del Centro Canadiense de Alternativas de Políticas y profesor visitante de 2016 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Ottawa


FOTO: Edgardo Mendoza / ANEC

La ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, Crystia Freeland, estuvo en la Ciudad de México en la primera quincena de mayo para dialogar sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Es bueno que Canadá y México estén juntos frente a Trump bajo el gobierno de Justin Trudeau, más que en el de su predecesor, Stephen Harper, quien mantuvo una posición alejada de México.

Aun cuando el gobierno de Trudeau fue en principio vacilante, ahora parece comprometido con enfoque trilateral que implique solidaridad con México. Dos David contra Goliat es mejor que actuar cada uno por su lado.

La negociación del TLCAN tomó dos años. Trump dice que quiere concluir la renegociación al finalizar 2017. Lo que me preocupa es que si el gobierno de Canadá acepta este plazo, la consulta será apresurada, limitada y falta de transparencia.

Si de mí dependiera, y en un mundo ideal, yo desecharía el TLCAN y negociaría una nueva fórmula; desarrollaría un pacto entre los tres países.

El reloj está avanzando con su tick tack para los 90 días (que tiene el Congreso de EU para manifestarse ante el interés del Ejecutivo de ese país de renegociar el TLCAN) y que luego dé comienzo la renegociación. Nosotros tendremos una mejor idea de los objetivos de la administración Trump 30 días antes de que ese periodo expire.

¿Cuáles son las consecuencias para cada país de que el TLCAN termine? Trump es el agresor aquí. Quiere “cambios masivos” y está amenazando con desgarrar el acuerdo si no obtiene lo que quiere. ¿Qué nivel de resistencia de sus socios en el Tratado podría llevarlo a dar marcha atrás? Es algo difícil de saber. Predecir las acciones de Trump es algo arriesgado.

El TLCAN está enfocado fundamentalmente al poder. A la transferencia del poder desde los trabajadores y de las comunidades hacia las grandes y omnipresentes corporaciones internacionales, con un poder acotado de los gobiernos que da forma a políticas públicas que concuerdan con el comportamiento de las corporaciones.

Impacto del TLCAN en Canadá. El escenario económico y social de Canadá ha cambiado dramáticamente en la era del TLCAN. Este Tratado ha jugado un rol importante en el crecimiento de la inseguridad en el trabajo y del trabajo precario; en el dramático aumento de la desigualdad en el ingreso y en la riqueza, en el estancamiento de salarios y en el achicamiento de la clase media; en la debilidad de los servicios públicos y en la caída en la seguridad social en Canadá.

Esta erosión del poder de negociación de los trabajadores ayudó a incrementar la participación del capital en el ingreso nacional y redujo la participación del sector laboral a niveles récord.

En ese marco se ha fortalecido la capacidad de las corporaciones para presionar a los gobiernos a recortar los programas sociales, los cuales, se quejaban, afectaban su competitividad.

Esto incrementó la presión sobre los gobiernos para competir entre sí por medio de subsidios y otras concesiones que atrajeran y mantuvieran inversiones, utilizando para ello fondos originalmente enfocados a programas sociales.

Esto propició un dramático incremento en la concentración del ingreso y la riqueza en las corporaciones en Canadá.

Los más ricos no sólo se apropiaron de la parte del león de las ganancias comerciales, sino que también han gozado de un importante declive en sus tasas impositivas globales. Y a medida que los impuestos se han reducido, también se han achicado los gastos de programas gubernamentales.

El TLCAN no ha sido el único responsable en esos cambios, pero ha sido un hilo clave en el tejido de las políticas de reforzamiento que han facilitado el “ajuste estructural” del Estado de Canadá en línea con los requerimientos de la globalización neoliberal.

¿Qué quiere Trump de Canadá? Trump ha amenazado con imponer un impuesto compensatorio en la frontera. Nosotros deberíamos estar preparados para responderle en especie. Hay un número de disputas comerciales en marcha que podrían afectar la negociación notablemente en madera blanda, donde Estados Unidos ha establecido un impuesto preliminar de 20 por ciento con la queja de que Canadá aplica subsidios injustos para favorecer a sus productores.

Estados Unidos quiere eliminar el Capítulo 19 de “Disposiciones relativas a la solución de diferencias comerciales” y que por tanto sean paneles binacionales los que aseguren que cada país esté aplicando sus propias leyes con justicia.

También quiere que Canadá extienda las protecciones de patentes a los niveles de Estados Unidos. Esto, entre otras cosas, podría elevar el costo de las medicinas en Canadá, cuando de por sí es el segundo país más caro en este rubro en el mundo.

Las demandas del sector de servicios de Estados Unidos implicarían la remoción de restricciones a la inversión extranjera en telecomunicaciones y presionarían para eliminar la excepción cultural que tiene Canadá en el TLCAN.

Asimismo, EU quiere que Canadá desmantele su sistema de administración de oferta de productos lácteos y avícolas, para dar a los productores estadounidenses acceso total a los mercados canadienses.

Trump quiere fortalecer las cláusulas existentes a “Compra América”. Si él procede, Canadá debería hacer lo mismo con sus propios programas de “Compra Canadá”.

Es difícil imaginar que la administración de Trump busque impulsar una mejora en los derechos de los trabajadores, dadas sus acciones contra el sector laboral observadas hasta ahora.

Finalmente EU ha indicado que quiere introducir cláusulas de manipulación antimonetaria en un nuevo TLCAN. Dependiendo de cómo sea definido (tasas de cambio fijas o una unión monetaria de la región de Norteamérica), esto tendría serias consecuencias adversas para México y Canadá.

La posición del gobierno de Canadá. La ministra Freeland ha fijado la posición de una preferencia en Canadá para una distribución más justa de beneficios a los trabajadores en los tres países, con la inclusión de capítulos ambiental y laboral más fuertes, no obstante ella cita las cláusulas del Acuerdo Integral sobre Economía y Comercio o Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA, por sus siglas en inglés) entre Canadá y la Unión Europea, las cuales son simbólicas por mucho.

Parte de la estrategia de Canadá es una campaña masiva para educar a los políticos y empresarios estadounidenses de que el TLCAN es bueno para ellos, un enfoque basado en la ignorancia de estos personajes respecto de sus propios intereses. Hmmm…

El gobierno de Canadá también ha indicado su deseo de incrementar la cooperación para analizar reformas al sistema de controversias Estado-inversionista, y junto con otros socios, nuevas cláusulas para comercio digital.

Los empresarios continuarán presionando, igual que en el pasado, para evitar restricciones adicionales en el flujo de cruce de frontera de productos, servicios, inversión y ciertas categorías de trabajo.

Canadá debería también estar preparando su propia estrategia de terminación de TLCAN, con una evaluación cuidadosa de los costos transicionales y los beneficios Según se informa, este proceso ya comenzó. Algunos creen que la terminación desencadenará automáticamente una reversión de las reglas del Tratado de Libre Comercio Canadá-EU (CUSFTA), y si las pláticas terminan mal, EU pondría fin al CUSFTA también.

En mi opinión, regresar a las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC), en cualquier caso sería una opción preferible para manejar la relación comercial. Con esas tarifas, los exportadores canadienses enfrentarían un estimado de 3.5 mil millones a cinco mil millones de dólares de tarifas adicionales, equivalentes a cuando mucho 1.8 por ciento de las exportaciones actuales. Esto representaría un trastorno pero no sería algo catastrófico. Regresar al régimen regulatorio de la OMC sería preferible por mucho a aceptar las demandas extremas de Estados Unidos en el TLCAN.

Me parece que las fuerzas sociales y políticas de los tres países deberían buscar medidas en el TLCAN que fortalecieran el poder de los trabajadores, de las comunidades y de los gobiernos para confrontar y hacer retroceder el poder de las cooperaciones para asegurar que una participación mayor de beneficios del comercio vaya a dar a manos de los trabajadores, productores primarios y clase media.

El escandaloso mecanismo de solución de controversias Estado-inversionistas debería ser desechado. Ha sido negativo, con escalofriantes efectos en la política pública y en la regulación.

Debería haber un capítulo de estándares ambientales fuerte y exigible, que tendría que contener compromisos obligatorios para reducir las emisiones de carbón consistente con el Acuerdo de París y sanciones por violaciones.

Fortalecer las normas contenidas en el TLCAN desalentaría a las empresas a salir de la región para aprovechar los derechos laborales y los estándares ambientales más débiles en terceros países.

*Reflexiones expresadas durante el Encuentro de Organizaciones Sociales Canadá, Estados Unidos, México
Por Nuevas Formas de Cooperación Internacional (26 y 27 de mayo)

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