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Circula la redición de su libro Las confidentes, con el sello Tusquets

Propone Muñiz-Huberman jubilar los géneros literarios

Esa obra reúne 14 relatos sobre dos mujeres que carecen de nombre y que se cuentan historias

Toma el hecho narrativo como un todo y por eso se considera una escritora atípica

Con Morada interior, de 1972, hice una ruptura, afirma en entrevista con La Jornada

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En la literatura existen muchísimas posibilidades y creo que ya no tenemos que seguir a Aristóteles y sus tres unidades, expresa Angelina Muñiz-Huberman (en su casa), en entrevista con La JornadaFoto Yazmín Ortega Cortés
 
Periódico La Jornada
Domingo 18 de junio de 2017, p. 2

Hay que jubilar a los géneros literarios, expresa la narradora, poeta y ensayista Angelina Muñiz-Huberman durante una entrevista con motivo de la redición de su libro Las confidentes.

En esa obra reúne 14 relatos que se cuentan entre dos mujeres, las cuales no tienen nombre. Son cuentos, pero esos dos personajes le dan sentido de novela.

Puede ser cualquiera de los dos géneros, lo que tú quieras, porque creo que esa es una de mis características desde que empecé a escribir: no atenerme a las normas, a lo establecido, me gusta saltarme todo. Me gusta ser muy espontánea en mi escritura y que fluya, explica la autora, quien escribió su primer cuento a los nueve años, es decir, lleva casi 71 años dedicados a la escritura.

“No me gusta estar pensando –prosigue Muñiz-Huberman–: ‘¡Ay! pero me van a decir que esto no es novela’, eso no me importa. En realidad, lo que me interesa es combinar todos los géneros, tomar el hecho literario como un todo y por eso me considero una escritora atípica”, una autora que lleva decenas de ensayos y reseñas publicados, así como 50 libros.

Uno de ellos también acaba de reditarse junto con Las confidentes y lleva por título Dulcinea encantada, con el que obtuvo el primer premio Sor Juana Inés de la Cruz en 1993. Ambos circulan con el sello Tusquets.

A los editores les creo un problema

Ahora en España van a publicar una antología, y el editor está leyendo precisamente Dulcinea encantada. “Me dice que es una novela atípica, que nunca había leído algo así, pero se publicó en 1993. Mi primer libro atípico fue Morada interior, de 1972, y el editor tardó cinco años en sacarla porque no sabía cómo clasificarla”.

–¿Sería tiempo de jubilar los géneros literarios?

–Creo que sí. Todo el mundo lo está haciendo ahora, pero considero que fui la primera porque en esa época todavía había restos de la novela de la Revolución, comenzaban los de la onda, pero hice esa ruptura de géneros en Morada interior. En la literatura existen muchísimas posibilidades y creo que ya no tenemos que seguir a Aristóteles y sus tres unidades.

“Volviendo a los editores: les creo un problema, dicen –ahora regresando a Las confidentes– que en realidad es una serie de cuentos unidos por esos dos personajes que podríamos decir que sí son novelescos. Ninguna de las dos mujeres tiene nombre y una a la otra se cuentan historias. Hay quien ha dicho que es una especie de Sherezada, nada más que aquí ellas no están condenadas a muerte.”

–Más que Sherezadas, que sería irnos a un lugar común, parecería un diálogo de la autora consigo misma. Se ubican como una sola persona que se está contando y recordando.

–Sí. Es muy buena observación, porque es como una historia dentro de muchas historias. Lo que tú dices es como la ambición de todo escritor no sólo de ser el escritor, sino de ser sus personajes, de ser su propio escucha y ponerse en el lugar de sus personajes. Es otra vez un juego y rejuego del escritor.

Mi madre me enseñó a observar y a escuchar

En este libro Angelina Muñiz-Huberman también va dejando pequeñas pistas de su oficio literario, hay también autobiografía, recuerdos de infancia, sueños y permanece su pasión por la memoria.

“Mi madre me enseñó a observar y escuchar. Venimos del exilio español, toda nuestra familia se quedó en España y nada más estábamos en México mis padres y yo, los tres, y yo escuchaba las historias de los adultos sobre la guerra, sobre Franco, y yo ahí en medio de ellos estaba muy divertida, porque había pintores, un coronel de la Guerra Civil y cada uno tenía su historia, y si no me la sabía completa entonces me la inventaba y entonces estás creando muchos personajes que te acompañan.

Escribir es no ser un solo personaje, sino poder ser los demás, o preguntarte por qué alguien reaccionó de cierta manera. Es ser muchos personajes a la vez, porque uno no puede serlo en la vida real; sería la locura. Te internarían en el manicomio.