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El poder de la unidad
D

urante la segunda semana de abril de 2017 se celebró en Estados Unidos la Convención Constitucional de los United Steel Workers, USW, con la asistencia de más de 4 mil delegados, en la cual se abordaron temas, análisis y discusiones muy relevantes para el mundo actual, no sólo de los trabajadores, sino de la sociedad en su conjunto. La trascendencia de este encuentro, así como sus conclusiones y resoluciones, impactan mucho porque se efectuaron en el marco de una política agresiva y llena de incertidumbre para la paz y la economía global, a la luz de las decisiones y las amenazas que ha asumido el gobierno de Donald Trump.

El tema central abordado, el poder de la unidad, encaja perfectamente en el momento que estamos viviendo y la idea principal del destacado líder de los USW, Leo Gerard, así como de su consejo de directores, ha sido abrir la oportunidad para articular prioridades y objetivos, así como diseñar estrategias para el futuro. Sobre todo para reafirmar la confianza compartida por todos los asistentes a la convención en cuanto a la voluntad y el deseo de efectuar los cambios necesarios para luchar por un mejor futuro para todos.

De acuerdo con nuestra historia y amplias experiencias, así como con la de todos los dirigentes anteriores, las personas democráticas siempre han luchado por la justicia económica y social y por fortalecer la unidad para obtener los mejores resultados para el mundo y para las futuras generaciones. La meta no es solamente conseguir salarios y beneficios que puedan sostener a las familias, sino condiciones de salud adecuadas y accesibles, así como planes de pensiones y de retiro justos y dignos.

Un asunto muy importante que juntos podemos resolver en México, Estados Unidos o Canadá, es buscar las vías legales para proteger el empleo contra las ilegales importaciones de productos del extranjero a precios subsidiados, que reducen las inversiones y la ocupación en nuestro país. Debemos exigir la participación de los líderes sociales en las discusiones y aprobación de leyes que defiendan el interés general de la población y la soberanía comercial de nuestra nación.

Por eso necesitamos de legisladores y políticos, así como de un gobierno que trabajen para todos, no sólo para las empresas y los más ricos. Tenemos que proteger en la forma más libre y democrática al país y eliminar todos los obstáculos y fuerzas que impiden el derecho al voto y a la representación de las minorías indígenas, de las mujeres, de los jóvenes y de las personas adultas. En la lucha por la igualdad debemos tener una política incluyente y esa debe ser la prioridad de los dirigentes sociales, de los intelectuales y los académicos, pero también de todos aquellos que buscan alcanzar una sociedad con más seguridad, justicia, libertad y democracia.

Los conflictos y vivencias positivas del pasado nos deben servir como nuevos elementos, técnicas y estrategias para consolidar un futuro más brillante, con más educación y con la menor corrupción posible. Todo esto lo podremos lograr si trabajamos duro, fuerte, con organización y solidaridad, con entrega, inteligencia y mucho valor. Así es como han sucedido los cambios y las transformaciones fundamentales en la historia universal.

En el transcurso de las pasadas décadas, la desigualdad en el mundo ha crecido a niveles preocupantes e indignantes. La mentalidad neoliberal acompañada de desregulaciones injustas y onerosas, de reducción de las tasas de sindicalización y de una abierta y flexible globalización sin limitaciones, ha cambiado las relaciones de poder, de ingreso y de riqueza de la clase trabajadora, hacia el beneficio total de las corporaciones, dejando graves consecuencias: desequilibrios económicos y sociales, abriendo cada vez más la brecha entre los más poderosos –al costo que haya sido– y  los demás, que son la gran mayoría .

El sistema político que se ha impuesto, es el de proveer a las grandes empresas multinacionales y a los individuos con mayor riqueza, con los elementos para tener cada vez más oportunidades para apoyar a los candidatos y políticos a su gusto, para comprar elecciones y para imponer sus prioridades por encima y en contra de los trabajadores y de la sociedad. Esta estrategia destructiva de carácter neoliberal, ha incrementado no sólo la explotación y la pobreza, sino las condiciones de inseguridad que cada vez son más evidentes en cualquier región o comunidad.

Al mismo tiempo, los más privilegiados, empresas e individuos, cada vez aplican mecanismos más sofisticados para no pagar los impuestos que deberían, e incluso a muchos los compensan con devoluciones impositivas, con lo cual se reducen los fondos nacionales para promover y sostener los programas educativos y de cultura, la regulación de la contaminación del medio ambiente y especialmente para impulsar el desarrollo económico del país.

En estas condiciones, todos tenemos un deber social y moral para evitar la continuidad de un modelo que nos impusieron y que no corresponde a las aspiraciones ni a los sueños de los mexicanos. Tampoco a la historia de una patria libre y democrática. De ahí que hoy, más que nunca, debemos salir de nuestro estado de conformismo y pasividad para participar más activamente en la sociedad, en términos de solidaridad y de defender y proteger el futuro de nuestros hijos y nietos, en general de las nuevas generaciones. Tenemos que honrar nuestro pasado y nuestra historia, con un activismo creciente para diseñar un nuevo modelo y para construir una sociedad más justa e igualitaria.

La participación constante y las relaciones personales y en la sociedad nos darán los elementos para cambiar a aquellos que están mal, que llegan al poder económico o político sólo para servirse, no para servir. Recordemos que las alianzas, la solidaridad y la unidad son el mejor instrumento para fortalecer nuestros objetivos trascendentes con el propósito de alcanzar la satisfacción y la felicidad. Por eso debemos tener presente siempre que la unidad da el poder,  y el poder la fuerza para transformar intelectual y materialmente a la sociedad.