Opinión
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Desde el otro lado

Derrota tras derrota

E

n los casi seis meses desde que Donald Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos, el Partido Demócrata ha sufrido cuatro mayúsculos descalabros en otras tantas elecciones especiales que se efectuaron para sustituir a quienes fueron llamados para integrar el gabinete de Trump. En Montana, Carolina del Sur, Kansas y ahora en Georgia, los candidatos republicanos superaron a los demócratas y de esa manera parece confirmarse que el fenómeno Trump se consolida, al menos en algunos distritos electorales en esos estados.

Lo que se presumía podría haber sido un referendo contra el presidente y su heterodoxa manera de hacer política ha resultado en que buena parte del electorado continúa apoyándolo, por increíble que parezca. Además, contradice los sondeos de opinión, según los cuales su popularidad va en picada.

Varias razones podrían explicar esa aparente contradicción. La primera, que el electorado que apoya al Partido Republicano no necesariamente es el mismo que ha respaldado a Trump. Puede haber un disgusto con la forma en que el presidente ha conducido al país, pero buena parte de los votantes continúan apoyando a los candidatos a puestos populares del Partido Republicano. Otra explicación es que el Partido Demócrata continúa equivocándose en su política electoral, en la selección de sus candidatos y en la plataforma que los sustenta. En una palabra, no ha podido encontrar ni la cohesión ni el liderazgo que los electores más afines a la filosofía liberal o progresista esperan de esa asociación política. Lo expresado por personajes como Bernie Sanders y Elizabeth Warren parece no haber encontrado el eco esperado en el liderazgo del Partido Demócrata. Esa indefinición pudiera costarle caro en 2018, cuando se supone deberá recuperar alguna de las dos cámaras que integran el Congreso.

A fin de cuentas, la idea de que Trump está derrotado políticamente es más bien un deseo que no corresponde con la realidad. Lo que es peor aún, las propuestas de ley surgidas de los legisladores republicanos definitivamente van en contra de la población de menores recursos. Una muestra de ello es su proyecto para sustituir la reforma al sistema de salud de Barack Obama. De entrada, entre 20 y 25 millones de personas de menores recursos perderían el acceso a los servicios médicos. En cambio, beneficiarían a quienes reciben mayores ingresos por la vía de subsidios impositivos. No está por demás repetirlo bien que se vaya Trump, pero la medicina podría ser más dolorosa, mientras el electorado estadunidense no cambie su forma de pensar.