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Molestia en el Kremlin porque la Casa Blanca apoyó sanciones que aprobó el Congreso

Crece duda en Rusia de que Putin y Trump acordaran reiniciar los nexos bilaterales
Corresponsal
Periódico La Jornada
Miércoles 12 de julio de 2017, p. 23

Moscú.

Conforme trasciende el contenido del primer encuentro cara a cara que mantuvieron Vladimir Putin y Donald Trump –sobre todo a la luz de las noticias que van llegando desde Washington, muy adversas a los intereses del Kremlin–, aquí en Rusia comienza a prevalecer la opinión de que es prematuro concluir que en la reciente cita en Hamburgo los mandatarios de Rusia y Estados Unidos, por la supuesta química que se dice hay entre ellos, pudieron acordar un borrón y cuenta nueva en la relación bilateral.

Por lo pronto, la decisión de la Casa Blanca de apoyar las duras sanciones contra Rusia, aprobadas por el Congreso, al margen de la libertad de acción en esa materia que Trump quiere negociar para sí, cayó este martes (por la diferencia horaria) en Moscú como nuevo balde de agua helada.

Tan sólo han pasado unos días del encuentro en Hamburgo y el panorama es más sombrío que antes. No en vano, el lunes, el periódico MK, uno de los más influyentes de este país, tituló No hay motivos para la euforia su análisis de la esperada y tardía reunión de los presidentes de Rusia y Estados Unidos en la ciudad alemana.

Ante la eventualidad de protagonizar la propia muerte en una hecatombe nuclear, escribe MK, es obviamente mejor que Putin y Trump se sienten a negociar, pero lo malo es que no existe ninguna garantía de que después de pactar con el inquilino de la Casa Blanca un paso hacia adelante no se produzcan, de modo inesperado y casi inmediato, dos o tres pasos hacia atrás.

Podría parecer que MK tiene bola de cristal, pues no había llegado el diario a los suscriptores, cuando la Organización del Tratado del Atlántico Norte arremetió de nuevo y volvió a denominar a Rusia una amenaza para su seguridad, exigiendo explicaciones, mediante una nota diplomática, sobre la enésima maniobra del ejército ruso.

Apenas unas horas más tarde (de nuevo impactó la diferencia que hay entre Washington y Moscú) el Kremlin quedó perplejo al conocer el tuit en que Trump admite que habló con Putin sobre la ciberseguridad y, a la vez, afirma que ello no quiere decir que haya aceptado crear una comisión bilateral para estudiar la aplicación de medidas conjuntas en la materia, aunque el canciller ruso, Serguei Lavrov, lo mencionó como uno de los cuatro grandes acuerdos alcanzados por los presidentes.

De los otros tres, mejor ni hablar: acelerar el nombramiento de embajadores que llevan medio año esperando el visto bueno, gran entendimiento a falta de otros; el nombramiento de un representante de Estados Unidos para Ucrania, sin incluirlo en el formato de las negociaciones de Minsk, pérdida de tiempo y problema adicional para Rusia al exigir en su primer misión a Kiev condiciones que Moscú se niega a cumplir; y la zona de descalada en el suroeste de Siria, repetición de la misma oferta, negociada en mayo, que ya ha fracasado y sólo tendrá éxito en esa zona si Irán, uno de los actores más interesados allá, acepta no ser tomado en cuenta.

Por desgracia, consideran los expertos locales, el necesario avance que ponga fin a la peligrosa confrontación de los mayores arsenales nucleares no podrá darse mientras existan dudas acerca de la supuesta injerencia rusa en las elecciones estadunidenses.

Lo inaceptable visto desde el otro lado del océano, dicen, es el hecho mismo, más allá de si tuvo alguna incidencia decisiva en la votación y de las numerosas entrevistas comprometedoras de miembros del entorno de Trump con emisarios rusos cercanos al Kremlin, como revela con tenacidad la prensa estadunidense.

Y la respuesta depende más de la lucha intestina por el poder en Washington, aunque Putin y Trump, según las filtraciones a la prensa rusa, hayan desperdiciado 40 minutos de su conversación en tratar de aclarar, por momentos a gritos uno y exigiendo pruebas de su culpabilidad el otro, si hubo o no intromisión de Rusia en las elecciones de Estados Unidos.

Tampoco ayudan las francas contradicciones de Trump: así como difunde un exultante tuit de que llegó la hora de empezar un diálogo constructivo con Moscú, no duda en pronunciar un demoledor discurso contra el Kremlin en Varsovia, queriendo cosechar aplausos aquí y allá, y en realidad quedando mal en todos lados.

Lamentablemente, es el contexto en que se reunirán la semana próxima los vicecancilleres de Rusia y Estados Unidos para intentar, poco a poco, sacar del punto muerto la relación bilateral.

El primer obstáculo que el Kremlin quiere superar, por cuestión de principios, es la devolución de las residencias campestres que la anterior administración estadunidense, como sanción, embargó a la embajada rusa en Estados Unidos. Si no lo consiguiera, todo indica que Rusia aplicará medidas similares y expulsará a 30 diplomáticos estadunidenses, cuya lista –según se comenta– quedó cerrada este martes.

Los resultados de esa reunión, a querer o no, serán el indicador para saber si Rusia y Estados Unidos dan otro pequeño paso adelante o, de nueva cuenta, siguen sin poder moverse del punto muerto.