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Vicente Rojo protagonizó una charla a propósito de la restauración de su Escenario abierto

El arte público se hace relevante si se deja de saber quién lo hizo

El antimural recubre las paredes externas del Aula Magna José Vasconcelos del Cenart

Sin la intervención del diseñador, el edificio sería insignificante, según González Gortázar

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Acompañaron al maestro Vicente Rojo el arquitecto y escultor Fernando González Gortázar, la crítica de arte Sylvia Navarrete, Ricardo Calderón, director del Cenart, y el diseñador gráfico Germán MontalvoFoto Roberto García Ortiz
 
Periódico La Jornada
Domingo 23 de julio de 2017, p. 2

El antimural Escenario abierto (2000), de Vicente Rojo, que recubre la totalidad de las paredes externas del Aula Magna José Vasconcelos del Centro Nacional de las Artes (Cenart), fue objeto de una restauración integral, ya que se había craquelado y desprendido algo de barniz. Además, el proceso constructivo del Aula Magna se había fracturado y había filtraciones.

Con ese motivo, Rojo protagonizó ayer un diálogo informal, en el que estuvo acompañado por la crítica de arte Sylvia Navarrete, el arquitecto y escultor Fernando González Gortázar y el diseñador gráfico Germán Montalvo. Fue Navarrete quien se encargó de hacerle preguntas a sus compañeros sobre el mural y su relación con Rojo en otras áreas de su quehacer creativo.

A petición de la también directora del Museo de Arte Moderno de hablar sobre su negativa de considerar Escenario abierto un mural, Rojo se remitió a la gran relevancia, enorme y justificada, que tienen los murales en México. Planteó una fijación suya en el sentido de ¿qué pasaría si con el tiempo además de su belleza, de su contenido, a alguien no les gusta?, no se podrán quitar, porque están hechos en la pared.

Entonces, cuando el arquitecto Ricardo Legorreta, coordinador del proyecto del Cenart, le pidió cubrir con azulejos el Aula Magna Rojo pensó que tenía que alejarme totalmente de lo que se considera muralismo, me refiero al de intenciones políticas. Si la magna obra no está firmada es porque Rojo es de la idea que “las obras de arte público –con la excepción de algunos ejemplos históricos– se hacen importantes en cuanto se deja de saber quién las hizo”, aseguró el artista con su habitual modestia.

Navarrete trajo a colación que en un principio los estudiantes que acudían a las cinco escuelas de enseñanza artística que hay en el Cenart se referían al antimural como un nintendo esquizofrénico o un baño. Bueno, era una manera de apropiarse de él. Ricardo Calderón, coordinador del lugar, señaló que Escenario abierto es el fondo de lo que llamamos la Plaza de las Artes, donde se presentan actividades artísticas al aire libre.

En seguida, González Gortázar habló de las colaboraciones de tipo mural que a partir de 1980 ha realizado con Rojo. Para el arquitecto el edificio que alberga el Aula Magna no existiría sin el antimural. Sería insignificante. De hecho, calificó de desafortunada esta forma de capilla cavernícola. Es evidente que Ricardo se dio cuenta y por eso llamó a Vicente para enmendarle la plana. Es muy meritorio que se haya enmendado a sí mismo.

Es decir, reconocer que “esto quedó muy pobre, muy triste, que necesitaba vida. Vicente resucitó un edificio que nació semi muerto, entonces, me parece una misión de rescate. Debería servir de ejemplo para muchos otros casos similares. En México hay muchos grandes artistas –ninguno como Vicente– con vocación para el espacio público, que no se les ha dado la oportunidad. Con eso, todos nos empobrecemos”.

Para Germán Montalvo, quien trabajó con Rojo en la Imprenta Madero, en Escenario abierto se le reconoce como gran maestro del color. También sobresale en el orden y en las ideas muy claras. Vicente tiene una relación extraordinaria con algo que me parece fundamental en el diseño: el espacio, además, es un trabajo lúdico muy bello que invita. Cuando uno llega al lugar hay un timbre visual que encanta a todos, que los mete en un diálogo con este espacio.

A pregunta expresa de Navarrete, Montalvo se refirió a Rojo como gran artista con un estilo personalísimo para trabajar. Estar con él era también sinónimo de libertad. Nunca nos impuso un criterio tipográfico o cromático. Predicaba con el ejemplo a partir de una gran disciplina. Es algo así como un gran deportista de alto nivel por la disciplina. Fue un gran maestro con todo el respeto para sugerir soluciones. Nunca nos dijo exactamente cómo hacerlo. No había imposiciones. La economía de medios, fue el estilo que aprendimos al trabajar de Vicente.

Rojo, a su vez, respondió que nunca me consideré un maestro, sin embargo, a partir de que descubrí que los que se habían formado conmigo eran mejores que yo, me di cuenta de que había sido un buen maestro.

El azulejo artesanal fue retirado y sustituido con total respeto a las especificaciones que en su momento fueron validadas por el artista. Rojo fue consultado sobre la necesidad de restituir su obra y se obtuvo la autorización para cada uno de los colores de los azulejos.

Las piezas aprobadas se encuentran firmadas por el artista en su parte posterior. El comentario general fue: lo veo más brillante.