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Juan Tovar adaptó novela de Jan Potocki

El manuscrito, criba para ocho estudiantes de arte teatral

Es un gran pretexto para ver cuáles son los alcances de los actores en formación, dice el director del montaje

Anoche, primera función

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Escenas del montaje de la obra El manuscrito, cuyas funciones articulan la temporada académica de la Escuela Nacional de Arte Teatral, con sede en el CenartFoto Guillermo Sologuren y Alondra Flores
 
Periódico La Jornada
Sábado 19 de agosto de 2017, p. 5

Apariciones, demonios, ladrones, asesinos y la Santa Inquisición atormentan a un capitán al servicio del rey entre la blanquecina arena de un paraje desolado. La novela fantástica escrita hace dos siglos por el erudito y aventurero Jan Potocki es llevada a escena en El manuscrito, dirigida por Mauricio Jiménez, que anoche comenzó temporada, con la finalidad de proporcionar tablas a jóvenes estudiantes de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT).

Aborda temas fundamentales: la muerte, el amor, el sexo, las relaciones de poder y el honor. Todo esto manifiesto en una partitura muy compleja, explica Mauricio Jiménez, sobre esta obra que no deja de ser profundamente divertida, porque lo que hace es diversificar el pensamiento. Hablamos de una tragedia, y de pronto, parece que estamos en el día de hoy, aunque se haya escrito en el siglo XIX.

Ni una luz. Un gran silencio. La neblina y la oscuridad se extienden en el teatro, donde este hombre no sabe si se enfrenta a los sueños, las alucinaciones por hambre o los demonios que habitan la región. Hay una razón para temer al demonio, el ángel de las tinieblas ha usurpado en la comarca, proclaman los personajes multiformes, de mundos y tiempos inasequibles.

Estas historias contenidas dentro de otras historias aparecieron publicadas en 1804 gracias a la mente de Jan Potoki, científico, militar y novelista polaco. Con el título El manuscrito encontrado en Zaragoza, se narran las desventuras del capitán Alfonso van Worden, quien atraviesa la sierra para entrar al servicio del rey. En el camino, el pecado, escenas violentas y carnales, así como seres de ultratumba, cambian su destino.

Un parteaguas

La obra, literaria y teatral, “está constituida con esta cáscara de cebolla que nunca termina de ser. Por supuesto, herencia de El Decamerón y Las mil y una noches”. La novela de más de 800 páginas, en la edición de Acantilado, ha sido montada gracias a una adaptación de Juan Tovar. Tomamos fragmentos de la obra, que hace 30 años montó Luwik Margules en el Centro Universitario de Teatro y fue el examen de varios alumnos de las generaciones que hoy son actores y actrices de renombre.

Ahora, en escena ocho actores presentan su examen de cuarto año en el teatro Salvador Novo del Centro Nacional de las Artes (Cenart), de miércoles a domingo; el primero de octubre será la última función. Tras bambalinas, ocultos al espectador, también se exponen a escrutinio académico en materia de escenografía, vestuario, utilería, iluminación y producción ejecutiva.

Es un laberinto, un abanico de temas que competen a todos, señala el director de 57 años. Es un gran pretexto para ver cuáles son los alcances de los actores en formación. Es revelador el compromiso que tienen los estudiantes de la ENAT para llevar a cabo la puesta en escena. La búsqueda es sincera; en este caso la sinfonía logra tocarse con pocos desafines y va a llegar a un cierre de temporada bastante digno.

La idea es hacer una auscultación del ejercicio profesional de los estudiantes para poner a pruebas las habilidades y herramientas que han recibido durante cuatro años de estudio. Al referirse a su trabajo con los actores con edades de 21 a 23 años, es una obvia muestra de que la vinculación entre generaciones puede existir. No es fácil, pero esa es una de las labores fundamentales del teatro: ser contacto.

En opinión de Jiménez, es un montaje difícil, pues en México probablemente es la tercera vez que se hace en tres décadas, gracias a la adaptación de Juan Tovar, un parteaguas. También se rodó una película muy famosa en los años 60 del siglo pasado. Sin embargo, ante una obra compleja y extensa, estamos hablando del ojo del Leviatán, no conocemos el cuerpo entero. Estamos caminando sobre la gran escritura de Jan, quien muere suicidándose.