Opinión
Ver día anteriorMiércoles 30 de agosto de 2017Ver día siguienteEdiciones anteriores
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Potus y Flotus
Claudio Lomnitz
T

odavía más que los niños, los adolescentes tienen una rica y asquerosa variedad de expresiones para hablar de la mierda y de cagar. Recuerdo algunas simpáticamente repugnantes, como echar cagüil columpiar el tamarindo y ahogar el topo... Ahogar el topo me parece una locución especialmente asquerosa: la idea de una caca flotante como un ser animado (¡y buceador!). Habían también otras expresiones, estoy seguro que no mucho más agradables, pero ya no las recuerdo. Estoy seguro que no faltará quien me las sepa recitar.

Estas figuras para hablar de caca, usadas frecuentemente con referencia a episodios de campamentos u otros contextos fraternales, me han dado siempre risa nerviosa y asco. Muchas veces son ingeniosas, pero son de esas imágenes que se te pueden quedar grabadas. Y todo esto viene a cuento porque la figura de los topos flotantes regresó a mi imaginación ayer, y en un contexto inesperado.

Houston está anegado y aunque la causa es atmosférica, las imágenes de la inundación hacen parecer a la ciudad una enorme tasa desbordada. Houston, hoy, es un problema de plomería. El agua cae del cielo, es cierto, y está limpia, en principio, pero es mucho más fotogénico el borbotón que sale de las coladeras, haciendo chorros y ríos, que el chipichipi constante de la lluvia que no para. Los borbotones que inundan sótanos y apestan cientos de kilómetros de habitaciones alfombradas.

En medio de aquella agua chocolatosa que ha sumergido todo Houston, aterrizaron ayer Donald Trump, que se conoce en Twitter como Potus (por las siglas: President Of The United States), y su primera dama, Melania, vestida de última moda, como siempre, y preparada para toda ocasión. Apareció la primera dama con sus ropitas perfectas: un nuevo modelo de Barbie, la Disaster Barbie, como dijo alguna amargada, y portando una gorrita de beis con las siglas Flotus (las siglas de First Lady Of The United States). O sea que del avión, y al rescate, llegaron Potus y Flotus.

Potus y Flotus. Son voces que parecieran pertenecen a la onomatopeYa universal de la mierda. Potus, que en inglés evoca además la bacinica ( pottie), y Flotus, el topo flotante, que no ha sido ahogado. Y todo además como en jerigonza infantil, en un latín de chiste. Potus y Flotus, dos personajes cómicos de la historia universal de la mierda. Protagonistas de chistes que comenzarían: Potus le dice a Flotus...“ O, a modo de adivinanza, ¿qué le dijo Flotus a Potus, cuando...? O, si no: Potus no es, Flotus no es, ¿qué es?

Debraye aparte, el caso es que Potus y Flotus aterrizaron. Sólo que Flotus casi nunca aparece cerca de Potus. No le gusta viajar con él (¿alguien se lo puede echar en cara?). Aquello, la Presidencia de la República, quizá no haya estado contemplado en su intrincado contrato matrimonial con The Donald, y los abogados habrán laborado duramente para agregarle algunas cláusulas que especifican que Flotus está obligada a aparecer junto a Potus en ocasiones de Estado muy señaladas, y en casos de emergencia nacional, como la de Houston.

Por todo esto, y atenta a sus obligaciones, Flotus llegó a tiempo para subirse al Airforce One, al lado de su marido, el gran Potus: donde manda capitán no gobierna marinero (recuérdenlo bien, niñas). Y si Potus tenía que ir a la alcantarilla abierta en que se ha convertido Houston –gracias por cierto a un cambio climático que Potus dice que no existe– tenía que estar también su inseparable Flotus. Sólo que hubo en su brevísima y muy fotogénica aparición un pequeñísimo detalle, una de esas agresiones casi imperceptibles que caracterizan al sexo débil cuando quiere hacer uso pleno de las armas del sexo débil: Flotus llegó al avión de rescate calzando unos zapatos de tacones de aguijón de 10 centímetros de largo. Y claro, se desataron las malas lenguas. ...Que si Flotus llevaba esos zancos de la Quinta Avenida para no sumergirse en el agua; o que los tacones le servirían bien a Flotus para pinchar y así recolectar basura flotante... etcétera.

A bordo su presidencialísimo avión, rumbo a Texas, la pareja presidencial leyó los tuits tan maliciosos y actuó, de modo que ya para cuando aterrizaron, Melania se había puesto unos impecables tenis blancos, y también su elegante cachucha que la identificaba como Flotus.

Y así, juntitos los dos, Potus y Flotus reconocieron el desastre.