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Pasaron varios días para que enviaran víveres, dicen pobladores

Las pequeñas comunidades de la costa de Oaxaca estamos olvidadas
Emir Olivares Alonso
 
Periódico La Jornada
Miércoles 13 de septiembre de 2017, p. 13

La noche del jueves era como cualquier otra en la comunidad de Cerro Grande, en el municipio de San Francisco Ixhuatán, en la costa del Istmo de Tehuantepec: los pescadores cerraban su habitual jornada, las mujeres organizaban todo para el siguiente día y los niños estaban ya arropados para dormir.

De pronto, minutos antes de la medianoche la tierra comenzó a moverse y todo cambió para esta pequeña villa, de apenas 540 habitantes, 272 de ellos menores de edad, y que, narran vía telefónica algunos de sus pobladores, ha sido de las olvidadas por las autoridades.

Las pequeñas comunidades de la costa istmeña, enclavadas en la región zapoteca, quedaron prácticamente destruidas tras el intenso sismo y sus réplicas. De Cerro Grande, Río Viejo, Chahuites, Los Morros y La Integral queda muy poco.

En medio de la noche, los habitantes de estos cinco pueblos –ubicados a casi dos horas por carretera de Juchitán– tuvieron que emprender el éxodo: había alerta de tsunami. Se amontonaron en camiones de carga, camionetas o autos y dejaron atrás su patrimonio y sus tierras. Se refugiaron en San Francisco y Reforma de Pineda, ubicados a 10 y 11 kilómetros de distancia, respectivamente.

Pasaron casi cuatro días para que llegaran los primeros víveres, detalló Ángel Sánchez López, habitante de Cerro Grande. También se presentó una comisión de funcionarios –se desconoce si estatales o federales–, que se limitó a preguntar datos, anotar y prometer que estarán al pendiente.

Los reporteros no han llegado hasta allá –San Francisco está a 10 horas en vehículo desde la Ciudad de México y a 14 en autobús–, por lo que su situación es poco conocida. La desesperación los llevó a comunicarse, con dificultades, a varios medios para difundir sus historias, miedos y complicaciones. Al igual que muchos, lo perdieron todo, y llega poco, aunque no hay víctimas mortales.

Muchos regresaron la mañana del viernes a sus comunidades y encontraron la devastación. Sánchez López relató que su casa se vino abajo y junto con ella todo su patrimonio. Lo perdimos todo, nomás nos queda el terreno.

Vecinos y familiares padecen lo mismo. Por miedo a no recibir apoyo, muchos prefieren no dar sus nombres, pero sí su testimonio. Otra persona contó que desde el jueves en la noche duerme en casa de su abuelo, en San Francisco, donde pernoctan 30 personas en un muy reducido espacio.

Todo se concentra en Juchitán, y si bien la cosa por allá estuvo fea, acá nos sentimos olvidados, afirmó otra voz anónima que invitó al presidente Enrique Peña Nieto a llegar hasta la costa. Estuvieron tres días sin energía eléctrica. Confían en que los apoyos por fin lleguen y que las promesas (de los políticos) se cumplan.

Niños, mujeres, ancianos y hombres se guarecen en escuelas o en instalaciones deportivas. No quieren que los meses pasen y no haya respuestas, pero no vemos para cuándo.