Opinión
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Una megaurbe caótica y sísmica
Iván Restrepo /II
L

os planes oficiales de reconstrucción para paliar el desastre que dejó el sismo del septiembre de 1985, hacer de Ciudad de México ejemplo de desarrollo sostenible y ordenar el crecimiento de su área conurbada no se cumplieron a cabalidad en lo que restó del sexenio de Miguel de la Madrid. Voluntad de hacerlo la tuvo el entonces secretario de Desarrollo Urbano, Manuel Camacho, y luego regente de la capital. Pero a una severa crisis económica se agregó una política al abandonar su militancia en el Partido Revolucionario Institucional, PRI, personalidades, como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Rodolfo González Guevara. Fundarían después el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Además, venía la designación por el mandatario saliente de su sucesor. Lo fue Carlos Salinas de Gortari, en una elección que muchos mexicanos calificaron de fraudulenta. El último año de su sexenio, muy crítico por el levantamiento zapatista, tres crímenes relevantes y el asomo de un grave desajuste económico.

De todas formas, la ciudad logró recuperarse de la tragedia. Grupos de inversionistas comenzaron a cambiar su rostro con modernas torres sobre Paseo de la Reforma, a los lados del Periférico y las principales avenidas. Todos, aseguraron sus constructores y las instancias oficiales, a prueba de desastres. También se transformaron colonias como la Roma y Condesa, abandonadas por decenas de familias por los daños que en ellas causó el sismo. A partir de 2000 se convirtieron en el asiento de negocios de todo tipo. En paralelo, los intentos por lograr la urgente coordinación metropolitana para evitar el crecimiento urbano caótico, chocaron con los intereses políticos. Por un lado, Ciudad de México dejó de ser bastión del PRI y gobernada por el PRD, mientras en las entidades vecinas, y especialmente en el estado de México, el cacicazgo político del Grupo Atlacomulco imponía su ley.

Además, el propio gobierno alentó la ocupación irregular del suelo que servía para recargar el acuífero en la temporada de lluvia. El caso más notable fue Chalco. El presidente Salinas lo puso como ejemplo exitoso del programa Solidaridad, dotándolo de los servicios públicos básicos. Pero Chalco sirvió para que los profesionales de la invasión ocuparan con los necesitados de vivienda nuevas áreas del oriente de la cuenca, con la promesa de ser regularizadas. Áreas que antes hicieron parte del inmenso lago que dio esplendor a la antigua Tenochtitlán. La zona chinampera adjunta a Xochimilco sufrió el mismo destino. Y como fruto de que la mancha de asfalto crecía sin control, hundimiento extremo en esa parte de la cuenca: un metro en promedio al año por la extracción de agua y el peso de la mole urbana.

En el otro extremo, otros asentamientos irregulares, como en Ecatepec, cuyos cerros ocuparon velozmente los sin techo, carentes de agua y otros servicios. El gobierno estatal se los proporcionaría a cambio de votos. A esa expansión de los asentamientos, se sumó la errática política gubernamental de invertir más en sacar de la cuenca hacia el mar el agua de lluvia y las negras, que en retenerlas lo más posible y en proyectos para inyectar las primeras al sobrexplotado acuífero. Tampoco se invirtió lo debido en el tratamiento del agua para reutilizarla en ciertos procesos productivos. Las obras faraónicas que el presidente Calderón inauguró y dijo que impedirían más inundaciones en la metrópoli, mostraron ya su inutilidad por lluvias nunca vistas, según las autoridades. Olvidan que el kilométrico drenaje es obsoleto, insuficiente por el crecimiento habitacional, a lo que se suma la mancha de asfalto y la urbanización caótica de áreas frágiles, de reserva ecológica o dedicadas a la agricultura.

Aunque el gobierno sabía que la megaurbe se asentaba en una zona sísmica, no cumplió con la tarea de prevenir lo más posible nuevas tragedias. Por su parte, la ciudadanía, con escasas excepciones, no exigió que lo hiciera. Se impuso la incompetencia, la corrupción e impunidad que cobija desde hace tiempo a funcionarios y empresas constructoras. Esto lo trato el lunes próximo.