Opinión
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México SA

Fobaproa: 22 años después

Mexicanos pagan, barones cobran

Deuda pública, utilidades privadas

Carlos Fernández-Vega
L

as cabezas visibles de la banca que se apoderó del sistema financiero que opera en el país no pierden oportunidad para celebrar lo bien que a sus representadas les va en este México lindo y podrido de los jugosos negocios con la clase político-empresarial, y de paso marcar línea política ante la cercanía de las elecciones federales.

Si el declarante no fuera quien es, ni tardos ni perezosos los voceros oficiales y oficiosos lo hubieran destrozado –no sin antes exigir la inmediata aplicación del 33 constitucional–, pero como se trató de Francisco González, presidente del Grupo BBVA –dueño de Bancomer– aquellos aplaudieron a rabiar, pues el susodicho se le fue al cuello al populismo y advirtió sobre apocalípticas consecuencias si los mexicanos decidieran regresar a una visión del pasado, de las que prometen más de lo que se puede entregar. Ello, sin duda, tiraría al cesto de la basura los logros que México ha alcanzado en los últimos años.

En cambio, según dijo, si México elige, y espero que así sea, a una persona con conocimiento y una visión realista de lo que ocurre aquí y en el mundo, el país va a tener un avance en los siguientes años. Lo mejor del caso es que, según la versión oficial, el barón hizo el viaje para hacer patente la solidaridad del grupo (financiero) después del sismo de la semana pasada.

El pronunciamiento de González va en el mismo sentido del expresado tiempo atrás por Luis Robles Miaja, presidente del consejo de administración del Grupo Financiero BBVA-Bancomer, en el sentido de que la banca en México vive el mejor ciclo en los últimos 100 años. Así, el mensaje es claro: hagan lo que quieran, pero no nos alteren el negocio.

Y ese par tiene razón, pues no es gratuito que 40 por ciento de las utilidades netas globales del Grupo BBVA –que son multimillonarias– las obtenga en México (Bancomer), un monto que ninguna –ni siquiera si se suman las ganancias regionales– de sus oficinas en el mundo supera. Gracias a gobiernos no populistas los barones españoles y sus empleados autóctonos aquí encontraron el paraíso y no están dispuestos a dejar de servirse.

Lo que dejan a un lado patrón y empleado de Bancomer es que en los tiempos populistas –antes de la estatización de 1982– los banqueros de la época también se hincharon de dinero gracias a gobiernos de ese corte, que les permitieron –como ahora los no populistas– absolutamente todo tipo de atracos. Y el amor sólo se rompió con la estatización lopezportillista, aunque se retomó a partir de Miguel de la Madrid (les regresó 34 por ciento de los activos de la banca estatizada y les permitió que operara la banca paralela, vía casas de bolsa), se fortaleció con Carlos Salinas (la banca se reprivatizó en 100 por ciento y las instituciones se repartieron entre los amigos) y con Ernesto Zedillo (ilegalmente los rescató, les legalizó todo su cochinero y comenzó a extranjerizar el sistema financiero) llegó a la entrega plena y apasionada.

Pero no quedó allí, porque con la llegada del cambio, Vicente Fox alentó y permitió –libre de impuestos– la extranjerización plena de la banca rescatada por el Fobaproa, comenzando con el icónico Banamex (cuyos dueños nacionales fueron beneficiados desde el rescate y saneamiento de 1995, aunque no tenían derecho a ello) y Bancomer, poco después y también libre de impuestos. Y por si fuera poco de inmediato y sin chistar cubrió los pagarés Fobaproa en beneficio de los nuevos banqueros.

Tampoco hay que ser injustos, porque visto con el correr del tiempo con dicha decisión los mexicanos y los banqueros recibieron prácticamente la misma cantidad de dinero, con sus matices, claro está: desde el rescate bancario que comenzó en 1995 (vía el ilegal Fobaproa, que después legalizaron con el nombre de IPAB) los habitantes de este generoso país obtuvieron una voluminosa deuda cercana a un billón de pesos, mientras que los banqueros recatados y los nuevos dueños extranjerizados también obtuvieron un billón de pesos, pero de utilidades netas.

Así es: el gobierno federal les cargó a los mexicanos las voluminosas deudas de otros –los barones y sus cuates–, y a éstos los enriqueció aún más, pues de acuerdo con las cifras oficiales sólo en lo que va del presente siglo (en los gobiernos de Fox, Calderón y Peña Nieto) los bancos que operan en el país acumulan utilidades netas (hasta agosto de 2017) por un billón 117 mil millones de pesos, en números cerrados, de los que aproximadamente la mitad se han quedado en las arcas de Bancomer y Banamex.

Y en la tienda de enfrente sucede más o menos lo mismo, pero en sentido contrario. Gracias a gobiernos no populistas (González dixit), los mexicanos no han dejado de pagar voluminosas cantidades por el ilegal cuan multimillonario rescate bancario que comenzó más de dos décadas atrás, y a pesar de ello aún adeudan (hasta agosto de 2017) cerca de un billón de pesos (909 mil 227 millones de pesos, para ser exactos) por los pasivos del IPAB (heredero legal del Fobaproa).

Sin duda alguna el presidente del Grupo BBVA considera que hechos como el anteriormente descrito deben ser considerados como parte de los logros que México ha alcanzado en los últimos años, y del mejor ciclo en los últimos 100 años que cacarea el presidente del consejo de administración del Grupo Financiero BBVA-Bancomer. Pero es cuestión de que ambos personajes consulten a los mexicanos pagadores para enterarse de que su paradisiaca versión ni lejanamente coincide.

Entonces, unos pagan, otros cobran, y cada vez más. En el sexenio de Vicente Fox las utilidades netas de los bancos que operan en el país (recuérdese que alrededor de 50 por ciento se quedan en las arcas de Bancomer y Banamex, en ese orden) acumularon un monto cercano a 194 mil millones de pesos, sin considerar los pagarés Fobaproa.

Pero si ese monto resultaba de ensueño, con Felipe Calderón las utilidades crecieron hasta acumular poco más de 427 mil millones de pesos adicionales, 2.2 veces más que con Fox. Y súmense 496 mil millones en lo que va de Peña Nieto. El paraíso, pues.

Algo similar ha sucedido con los pasivos del rescate bancario: cuando llegó Fox sumaban 649 mil millones de pesos; con Calderón 701 mil y al instalarse Peña Nieto 828 mil. Al cierre de agosto pasado sumaron 909 mil millones, y contando… y pagando.

Las rebanadas del pastel

Entonces, no sean tercos, porque tirarán a la basura los logros que México ha alcanzado en los últimos años. ¡Ole!

Twitter: @cafevega