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19/S: El dolor y la esperanza

La situación general es crítica, pero lo más urgente es la vivienda

Damnificados de San Nicolás Totolapan utilizan un invernadero como albergue
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Desde el día 19 Sergio Gallegos, propietario del invernadero, lo ofreció para recibir personas. Pronto llegó ayuda. Este domingo acudió una brigada de payasos para alegrar a niños y adultosFoto Arturo Cano
Arturo Cano
 
Periódico La Jornada
Lunes 2 de octubre de 2017, p. 21

El albergue del invernadero brinda calor a damnificados de una zona rural de Ciudad de México. Está en una parcela de maíz y contempla al bosque del Ajusco. Los habitantes de la zona, descendientes de los ejidatarios de San Nicolás Totolapan, no recuerdan haber padecido nunca los efectos de un terremoto. Hasta ahora. Muchas de sus casas, en su mayoría precarias construcciones de adobe o block, no resistieron el terremoto y se derrumbaron. Otras están a punto de caer.

Desde el 19 de septiembre, los vecinos se organizaron para apoyarse entre sí. Sergio Gallegos, propietario del invernadero y el maizal, lo puso de inmediato a disposición de quienes perdieron sus hogares. Pronto llegó la ayuda externa y también los ataques en las redes sociales. La delegación Magdalena Contreras, encabezada por el priísta Fernando Mercado, echó a andar su maquinaria para desacreditarlos. Eso no ha impedido, sin embargo, que la ayuda siga fluyendo sin parar. Este domingo, por ejemplo, llegaron despensas de la Cruz Roja, civiles con cargamentos de ropa, brigadas de payasos para alegrar a los niños y médicos para atenderlos. Hubo también, discretos hasta el anteojo negro, hasta algunos actores con cierta fama que no buscaban el reflector.

Reconstrucción con tablones y láminas

John Dickie, un documentalista escocés con 20 años en México, escuchó, en un canal de radio de emergencias, que había 60 niños en un albergue y que urgía un fumigador. Era el 19 de septiembre. Subí unas fotos a Facebook, la gente se conmovió y comenzó a llover apoyo. Me absorbió, ya llevo una semana aquí, no me pude ir porque me encariñé con la gente, además de que me pareció un proyecto importante para apoyar.

Detrás de Dickie llegaron despensas, ropa, medicamentos, agua. Con el correr de los días, la ayuda rebasó la capacidad del albergue y comenzaron a canalizar víveres, ropa y medicamentos a otros lugares.

La urgencia sigue siendo, claro, la reconstrucción de las viviendas de las familias, así sea una temporal que implica reponer láminas y colocar paredes de triplay.

Los vecinos, muchos de ellos descendientes de los ejidatarios de San Nicolás Totolapan, no han esperado la llegada de la ayuda oficial. Mientras conversan con La Jornada, le meten martillo y clavo a los tablones para que sus vecinos y parientes recuperen un techo.

Rodrigo López de la Cerda, un médico que pasó del Colegio Rébsamen a otros lugares donde se requería ayuda, vino a dar aquí porque le avisaron que había un pequeño con insuficiencia renal que no contaba con el medicamento necesario. Ahora le preocupa –y se ocupa– en que los damnificados abandonen cuanto antes el albergue de invernadero, porque los cambios de temperatura han enfermado a muchos menores.

Lo crítico es la vivienda. Necesitamos sacar a la gente del invernadero y que pueda regresar a sus casas. Es gente de una comunidad rural, necesitan estar en su lugar, no se van a ir a otros albergues.

Bernardo Morales, uno de los vecinos que salieron a dar cara a la emergencia, habla mientras a su espalda otros reconstruyen la casa donde Manuela Luna vive con sus cuatro hijos menores. Agradecemos todo el apoyo y ahora les pedimos que nos sigan apoyando, porque tenemos muchas casas a punto de derrumbarse.

Morales anda de un lado a otro pese a que su propia casa está sostenida con polines. Sabe que la tendrá que tirar y resume sus necesidades y las de sus vecinos: láminas, polines, martillos, clavos y alambre.

Es necesario que la gente pueda regresar a sus casas. Eso ayuda a bajar el estrés social y el trauma de estos niños, dice el cineasta escocés. Él y los líderes vecinales han comenzado a ayudar y piden que de fuera se apoye a otras comunidades en la misma situación: Surcos del Encino, Vía Chiquita y Tierra Colorada. Ahí, dice John, hay gente viviendo en sus casas derrumbadas. Necesitamos llegar a ellos.

La disputa política no ha estado ausente en el albergue del invernadero. Vecinos y voluntarios cuentan que personas vinculadas al delegado de filiación priísta Fernando Mercado llegaron al lugar y tomaron fotos de la ayuda que llegaba. “Luego la publicaron en las redes, pero fotoshopeada, con logotipos del partido Morena, y se equivocan, porque aquí en la emergencia no hay colores”.

La guerra de la administración delegacional priísta los ha orillado a, para estar a salvo de suspicacias, sólo aceptar donaciones en especie.

Marisol Lula, una de la voluntarias que tiene familiares en la colonia, informa que han recibido algunos apoyos del gobierno de Miguel Ángel Mancera y la delegación, pero que el grueso ha sido de la sociedad civil. A Marisol la consultan las familias para ordenar el reparto y registrar las donaciones. Ella dice que siguen atendiendo a 270 personas y que sólo en este punto, en los alrededores del albergue del invernadero, hay 50 casas que necesitan ser demolidas o tener reparaciones mayores. Falta mucho por hacer, dice, poco antes de que un payaso famoso del centro de Coyoacán ponga alguna alegría a la tarde. En la zona de barrancas no ha ido nadie y también hay damnificados.

El contacto que ofrece, por ser la persona de confianza de los vecinos del albergue del invernadero, es Erick Castro (55 2702 5937, vía Whatsap).