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Los de abajo

Miedo a candidata

D

esde el aparato electoral hicieron todo lo posible porque este día no llegara. Desde que se abrió la posibilidad de su participación, la partidocracia desnudó su racismo y autoritarismo, y también su miedo al otro, y más, a la otra, concretamente a Marichuy, la mujer indígena cuyo nombre aparecerá en las boletas electorales en la contienda presidencial de 2018.

Este sábado 7 de octubre María de Jesús Patricio, vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CGI), entregará la documentación requerida al Instituto Nacional Electoral, lo abre por primera vez la posibilidad de que una mujer que representa a los pueblos, naciones y tribus originarias, a la clase trabajadora y a los y las de abajo de este México pluricultural, contienda en elecciones presidenciales.

El anuncio de la participación del Congreso Nacional Indígena en las elecciones presidenciales lo concretaron los pueblos en una asamblea realizada en mayo pasado, y han dejado de realizarse asambleas comunitarias y reuniones informativas, no sólo en las comunidades indígenas, sino también en barrios y escuelas. Simultáneamente se integraba la documentación para iniciar oficialmente su registro ante el INE, una estructura diseñada para la contienda urbana que discrimina al mundo indígena y campesino, sectores contemplados por los de arriba para dar votos, pero no para uno de ellos, y menos a una.

La clase política toda no mira hacia abajo. Ni siquiera le importa el repudio masivo a partidos políticos y gobiernos. Su horizonte está en otro lado. Lo saben ellos y lo sabe la gente que en estas semanas tomó las calles para atender la emergencia postsismo, los miles de jóvenes que no esperaron a que las autoridades actuaran, pues ni los ven ni los oyen. No les creen.

El registro de Marichuy abre la posibilidad al ejercicio de la política en un terreno distinto. Su participación en la primera etapa para reunir las más de 800 mil firmas será a contracorriente, como son las cosas para el mundo indígena. El CIG sorteó un sin número de actos racistas y clasistas que la estructura electoral les impuso.

El CIG no va solo. Junto a esta iniciativa para visibilizar el despojo y represión contra los pueblos, se organizan trabajadores, estudiantes, campesinos y gente que no se reconoce ni es reconocida en ningún espacio. Su agenda debe ser escuchada, mientras sus propuestas se construyen en el camino.

Nadie nunca le ha dado nada a los pueblos indígenas, todo lo han conquistado y siempre a contracorriente. Esta no será la excepción.

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