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Justin Trudeau en México: frivolidad y decepción
Juan Carlos Ruiz Guadalajara*
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i me viera en la necesidad de definir la personalidad política del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, lo primero que se me viene a la cabeza es la palabra frivolidad; ¿de qué otra manera puedo definir a un personaje que le gusta usar su rostro como portada de sus múltiples libros? Aún dejando de lado esa egolatría endémica de las estrategias de comunicación política en las presuntas democracias de occidente, lo cierto es que Justin Trudeau está lejos de ser lo que aparenta, pero sobre todo está muy lejos de lo que prometió ser cuando era un parlamentario de oposición y aspiraba a gobernar Canadá. Promovido como un político transparente, tolerante, incluyente y defensor del medio ambiente y los derechos humanos, Justin Trudeau supo capitalizar la fama de su padre, Pierre Elliott Trudeau, quien fuera primer ministro entre 1968-1979 y 1980-1984, y a quien se le atribuye un impulso sin precedentes a la modernización y federalización política de Canadá, no obstante ser este país, hasta nuestros días, una monarquía constitucional cuya reina y jefa de Estado, Isabel II de Inglaterra, se encarga de nombrar a los sucesivos gobernadores generales de Canadá.

También el joven Trudeau aprovechó el hartazgo que muchos sectores de la sociedad canadiense experimentaron frente a la actuación del Partido Conservador encabezado por Stephen Harper, quien gobernó Canadá de 2006 a 2015 bajo agresivos criterios neoliberales e intervencionistas. De hecho, fue Harper quien llevó a su esplendor el uso de la diplomacia de su país para beneficiar a las corporaciones mineras canadienses diseminadas principalmente en territorio africano y latinoamericano. Uno de los casos más escandalosos ocurrió en 2009, cuando la diplomacia canadiense se movió por las cloacas mexicanas de la corrupción panista para aplastar la lucha ciudadana jurídicamente victoriosa en defensa del patrimonio ambiental e histórico del valle de San Luis Potosí. Tras años de resistencia, la sociedad civil potosina había obtenido una sentencia definitiva que obligó a la Semarnat, en noviembre de 2009, a notificar a la canadiense New Gold-Minera San Xavier (MSX) que su depredador proyecto en Cerro de San Pedro era ilegal pues había sido anulado desde 2005. Al mismo tiempo, en Chicomuselo, Chiapas, Mariano Abarca Roblero caía asesinado a balazos la noche del 27 de noviembre por su lucha en contra de otra minera canadiense, Black Fire.

En respuesta, las autoridades canadienses y su lobby minero, mediante Guillermo Rishchynski, entonces embajador de Canadá, se coordinaron con Felipe Calderón y sus socios para burlar la resolución judicial que ordenó el cierre inmediato de MSX e intentar, además, un control de daños ante el asesinato de Abarca. Tan sólo unos días después, el 6 de diciembre, arribó a México la gobernadora general de Canadá, Michaëlle Jean, ante quien Calderón declaró públicamente que México y Canadá coincidían en la protección del medio ambiente. En el último día de su visita Michaëlle Jean fue recibida por Margarita Zavala en la Basílica de Guadalupe para mostrarle la imagen de la Virgen. Días más tarde se produjo el misterioso milagro: un juzgado de circuito de San Luis Potosí le otorgó un amparo a MSX para suspender el cierre de la mina, en tanto se resolvía una apelación, jurídicamente improcedente, a la anulación definitiva del proyecto minero. Lo más deplorable del caso fue que desde julio de ese año Margarita Zavala tuvo en sus manos las pruebas sobre la operación ilegal de MSX, y de cómo Vicente Fox y Marcelo de los Santos (actual aliado de Zavala) se habían involucrado en ese ilícito desde 2005. A pesar de ello, Calderón garantizó absoluta impunidad para consumar el saqueo y destrucción en tierras potosinas.

Margarita Zavala, sin embargo, no fue la única enterada de las operaciones criminales de MSX. Desde 2007 los opositores al proyecto minero llegaron en diversas ocasiones al parlamento canadiense en Otawa para informar y solicitar el apoyo de diversos actores políticos canadienses. A finales de 2008 el activista Enrique Rivera, quien se había refugiado en Montreal ante la persecución de que fue objeto por parte de MSX y sus aliados en San Luis Potosí, le informó directamente a Justin Trudeau sobre las graves violaciones a los derechos humanos y a la legalidad que las mineras canadienses realizaban impunemente en México (un fragmento en https://youtu.be/oYjKoePhjkA minuto 4:48 a 5:30). El entonces parlamentario del Partido Liberal respondió que A pesar de que presentamos proyectos de ley contra estas empresas, las cosas no van a cambiar. Necesitamos un gobierno dispuesto a intervenir. ¿Esos problemas se van a abordar bajo este gobierno conservador? No lo creo.

En noviembre de 2015 Justin Trudeau fue investido como primer ministro de Canadá, despertando grandes esperanzas entre los movimientos que en América defienden sus territorios ante el avance de la megaminería. Lamentablemente, tras dos años de ejercer el poder Justin Trudeau mantiene una cómplice inacción frente a la muerte y la destrucción que provocan las mineras canadienses, consistentemente efectivas para el despojo gracias a la ayuda que reciben de una legión de corruptos especializados en la venta de nuestro patrimonio biocultural. Frente a ello, el camino a seguir lo han trazado ya muchos pueblos que en México se han organizado para declarar sus territorios libres de megaproyectos de muerte, incluida la megaminería. De Justin Trudeau ya no debemos esperar nada, más allá de la enorme decepción que provoca.

*Investigador de El Colegio de San Luis