21 de octubre de 2017     Número 121

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada


Festejo del 40 aniversario de la Unión de Cooperativas Tosepan Titataniske
FOTOS: Lorena Paz Paredes

Tosepan Titataniske:
La milpa en acción

Lorena Paz Paredes

El pasado 2 de octubre la Unión de Cooperativas Tosepan Titataniske festejó su 40 aniversario. Se dice fácil, pero pocas organizaciones campesinas son tan longevas.

La Tosepan nació a finales de los años setenta del siglo pasado, cuando campesinos de cinco poblados de la Sierra Norte de Puebla, se organizaron para conseguir azúcar a buen precio y poner tiendas de abasto. Se enfrentaron así a los comerciantes abusivos como después lo harían a los acaparadores de sus cosechas. Don Epifanio García, fundador de la Cooperativa, cuenta cómo empezaron:

Primero fue con el abasto, luego entramos a la comercialización de la pimienta, pues el acaparador se quedaba con dos tantos y nosotros nomás con uno. Luego seguimos con el café, la naranja, el zapote, el mamey… Nos fuimos dando cuenta de que organizados podíamos tener una vida mejor.

Hoy la Unión agrupa a 35 mil socias y socios de 430 comunidades ubicadas en 24 municipios de la sierra poblana y en tres de Veracruz. Está integrada por indígenas y mestizos. Pero la mayoría son nahuas y totonacas, y seis de cada diez cooperativistas son mujeres.

Hay de todo en la organización: participan campesinos con y sin tierra, jornaleros, artesanas, artesanos, maestros, maestras, albañiles, carpinteros, estudiantes, amas de casa y niñas y niños. Una milpa organizativa donde se ven hombres y mujeres, indígenas y mestizos, niños, jóvenes y viejos. Y dicen que por la Tosepan ya pasaron tres generaciones y van por la cuarta.

Tal diversidad humana -igual que la variedad de quelites, frijoles, calabazas, xocoyoli, chiles y maíces que conviven en la milpa- tiene buen acomodo en la Unión. Ahí caben todos, menos la mala hierba, que son los coyotes y los caciques, y ahora las trasnacionales, las mineras, las hidroeléctricas, las petroleras…; viejos y nuevos enemigos que desde hace décadas amenazan a la población macehual de esta región.


La diversidad tiene buen acomodo en Tosepan. Caben todos, menos la mala hierba: coyotes,
caciques, trasnacionales, mineras, hidroeléctricas, petroleras…

La organización no sólo es una milpa donde florecen personas variopintas en edad, género, ocupación e idioma, también lo es por las múltiples y muy diferentes actividades económicas, sociales, educativas, culturales y lúdicas a las que se dedica, pues hasta una orquesta infantil, la Banda Sinfónica Yeknemilis, anima las asambleas y festejos de la Tosepan.

La Unión es un ensamble de nueve cooperativas. Unas son empresas productivas, comerciales y de financiamiento; y otras de servicio social que se ocupan del abasto de productos básicos, salud, educación y vivienda. Todas comparten el propósito de mejorar la vida de las familias y comunidades serranas, y en conjunto se empeñan en alcanzar la Yeknemilis que en náhuatsignifica vida buena o buen vivir.

Este modo de ser evoca una alegoría de por allá. Los nahuas de esta sierra conocen bien al cien pies, sólo que ellos saben que en realidad sólo tiene veinte patitas. Pues bien, este veinte pies es el ejemplo que ellos han querido seguir. “No debemos depender de un solo producto, de una única actividad, porque cuanto mayor sea nuestra diversidad, menos vulnerables estaremos. Por eso hemos querido caminar sobre muchas patas como lo hace el petasolkoatl”. Así lo han hecho.

Dicen que la Tosepan es además de una milpa organizativa una gran familia que se preocupa por el bienestar de los suyos. Y cuando hace falta también hace milpa o familia ampliada con otros grupos del campo y la ciudad, también pone sus saberes, capacidades y recursos al servicio de los demás.

Este espíritu se dejó notar en los recientes e infaustos terremotos de septiembre cuando voluntarios de la Tosepan, brigadistas del Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales (Cupreder) y el Centro Universitario de Participación Social (CUPS) de la Universidad Autónoma de Puebla fueron a ayudar a dos comunidades devastadas, ubicadas en cerros cercanos al Popocatépetl: San Francisco Xochiteopan, del municipio de Atzitzihuacan, y Santa Cruz Cuautomatitla, de Tochimilco, una en Puebla y otra en Morelos, separadas por barrancas.

El trabajo conjunto cuajó en una iniciativa de nombre Tamakepalis. Se trataba de construir casas con bambú para aliviar el dolor de la gente que perdió su hogar mientras que sus pertenencias quedaron bajo los escombros y al filo de un cerro desgajado.

La Tosepan llegó al desastre con su larga experiencia en edificar viviendas campesinas sustentables y en el uso constructivo del bambú. Las y los cooperativistas donaron productos de sus parcelas, además de víveres, ropa, medicina y dinero. De esta manera, en apenas dos días los de la Unión lograron edificar la primera vivienda en San Francisco Xochiteopan.

Y la tarea seguirá. Porque seguramente Tamakepalis concitará otras colaboraciones y reunirá faenas, recursos, ideas, para echar la mano a muchos más pueblos heridos por el abandono y el sismo. Hogares nuevos construidos entre muchos, como quién en su comunidad hace milpa con los vecinos.

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