21 de octubre de 2017     Número 121

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Rescatistas de Japón se unieron a a los trabajos de salvamento en el multifamiliar de Tlalpan FOTO: Yazmín Ortega Cortés / La Jornada

Diez años haciendo milpa

La Jornada del Campo acabala una década de trajinar por rumbos rurales. El tema del primer número, aparecido el 9 de octubre de 2007, fue: “Sin maíz no hay país”. Haciendo milpa, y la portada y las páginas centrales mostraban una itinerante planta de maíz que recorría la ciudad: el Zócalo, el Monumento a la Revolución, el Palacio de Bellas Artes, una estación del Metro… Hoy el tema del mes es La milpa expandida y algunas de las imágenes muestran a los rescatistas que se movilizaron en el entrañable defe en respuesta espontánea al temblor del 19 de septiembre; personas tan diversas entreveradas en un propósito común, chilangos haciendo milpa.

En un artículo titulado No está el maíz para esquites, escribía yo entonces: “Contigo la milpa es rancho y el atole champurrado. Más que hombres de maíz los mexicanos somos gente de milpa”. Y dos lustros después, en este editorial vuelvo a la querencia reincidiendo sobre lo que significa hacer milpa, un concepto que va mucho más allá del prodigioso policultivo mesoamericano.

Recordábamos en ese primer número la leyenda mexica de los soles, que contra lo que se piensa no es maicista sino netamente pluralista: “Entonces tuvo lugar el robo del maíz, nuestro sustento, por parte de los tlaloques. El maíz blanco, el oscuro, el amarillo, el maíz rojo, los frijoles, la chía, los bledos… nuestro sustento”. En el presente número hacemos un recorrido no sólo por la diversidad agrícola que encubre el concepto milpa, sino también por la pluralidad de pensamientos, prácticas, relaciones sociales y modos de ser que engloba nuestra terca voluntad de seguir haciendo milpa. Un paseo por lo que hemos llamado la milpa expandida.

El maíz es una planta, la milpa es una siembra en que se entreveran múltiples especies, hacer milpa es un modo de vida o, si queremos ponerles más crema a nuestros tacos, digamos que hacer milpa es un paradigma civilizatorio.

Los pueblos son lo que comen y la forma en que lo cultivan. Hay culturas del trigo o del arroz, plantas que se prestan al monocultivo de gran densidad. El maíz, en cambio, busca la convivencia. El maíz pide milpa, necesita y agradece la convivencia con el frijol, la calabaza, los chiles y otras decenas de especies.

Por su origen, los monocultivos intensivos son septentrionales y conforme avanzamos hacia los trópicos se incrementa la diversidad biológica. Y también aumenta la fragilidad de los ecosistemas, haciendo contraindicada y peligrosa una homogeneidad que en climas templados es sostenible. La milpa es virtuosa diversidad entreverada y los pueblos que hacen milpa son dados a la pluralidad en todos los ámbitos.

Antes de la conquista Mesoamérica era un mosaico que culturas. Ciertamente, casi todas dominadas por los aztecas, pero no sujetas a una política de emparejamiento. El imperio mexica era pluralista, no así el colonialismo mediterráneo, que se expandió civilizando a la presunta barbarie, buscando no sólo el sometimiento sino la uniformidad.

Y esta uniformidad vocacional de una cultura occidental que viene del frío es terriblemente disruptiva en los ámbitos equinocciales. Disruptiva de las sociedades, pero también de la relación que éstas guardan con el medio ambiente. Así, el colonialismo e imperialismo ambiental que se expresa en la imposición en América de cultivos europeos, provoca un ecocidio tan grave como el etnocidio.

La historia del “Nuevo continente” es la historia de las resistencias a la colonización. Resistencia política, social, cultural… Y también resistencia agroecológica, manifiesta en la reivindicación de las formas ancestrales de cultivar la tierra y de relacionarse con la naturaleza. Resistencia tras de la que está una tensión civilizatoria por la que se confrontan el norte templado y el sur tropical, sus respectivos ecosistemas y las culturas que han incubado. 

Una de las expresiones recientes de esta resistencia es el generalizado y ascendente movimiento mesoamericano en defensa del maíz y de la milpa, del sistema agroalimentario que sustentan y del proyecto de futuro que sugieren. Sostener que “Sin maíz no hay país” y proponer que “Hagamos milpa”, es mucho más que reivindicar un cereal y un policultivo, es reivindicar una forma de vida, un modo equinoccial global contra hegemónico de estar en el mundo y de hacer historia.

LAS OTRAS MILPAS

En estas mismas páginas les platiqué cómo fue que doña Mauricia me hizo ver la otra mitad de la milpa, su mitad oculta. La mitad femenina que cobra vida cuando los productos de la siembra llegan a la olla y el comal campesinos, donde, en una labor tanto o más prodigiosa que sembrar y cosechar, se transforman en los variados, nutritivos y sabrosos alimentos de la cocina mexicana.

Y guisar no es más que una pequeña parte del quehacer doméstico, porque lo que ahora llamamos el cuidado, es el modo que tienen ellas de hacer milpa en el hogar. Lo que incluye, además de la alimentación, la atención del traspatio, el aprovisionamiento de agua y leña, la limpieza de la casa, el vestido, la educación, la salud, la preservación de la memoria…

Bien entendida, la milpa abarca tanto el trajín parcelario como el doméstico. Pero esto es también una simplificación, pues la siembra con maíz, frijol, calabaza, chile y demás es sólo una parte, a veces pequeña, de la múltiple e integral agricultura campesina. Además de la milpa propiamente dicha, las más de las veces están también el traspatio, la huerta de frutales, el acahual, el bosque, el potrero…

Pongamos por ejemplo los náhuats de la Sierra Norte de Puebla.

Ahí a la milpa que se hace en casa, los trabajos domésticos considerados “trabajos de mujer” (aunque lo cierto es que nadie las consultó cuando se les asignaron), y que son muchos para enumerarlos de nuevo, se les llama chihualis, para distinguirlos de los de varón que son tetik

A la milpa nuclear le llaman milaj y en ella se siembra maíz (mil o taol), frijol (emol), chile (chilmol), calabaza (ayoj), jitomate (tomat) y una inagotable variedad de quelites (kilit)…


En la colonia Del Valle, la participación ciudadana, principalmente de jóvenes,
no ha cesado FOTO: Carlos Ramos Mamahua / La Jornada

Junto a la casa está el solar o traspatio que ellos llaman kaltsintan, que trabajan casi exclusivamente las mujeres y en el que hay hierbas aromáticas (ajuiakxiuit), medicinales (xiujpaj), ornamentales (ika se kichijchiua totiopanixpan) y diversas hortalizas y frutales, además de pequeñas especies como cerdos, gallinas, conejos y las abejas nativas (pitsilnekmej).

Algo más lejos están las huertas, donde se combinan las especies silvestres con las introducidas, que en la región son sobre todo cafetos. Se trata de bosques útiles o kuojtakiloyan, también llamadas kuoujtacafetakiloyan, cuando tienen café, donde por lo general hay también pimienta, mamey, árboles maderables y las más diversas plantas.

La práctica ancestral de desmontar, sembrar unos cuantos ciclos y luego dejar descansar la tierra, deja a su paso lugares con vegetación secundaria, a los que se llama acahuales, y de donde se obtiene leña, se recolectan hongos y plantas, y se cazan algunos animales.

Muy semejante es el uso del bosque no intervenido al que llama kuoujtaj y, si es grande ueyikuoujtaj, del que además se puede sacar madera para construcción.

Algunos, no todos, tienen también potreros o ixtahuat, donde pastan y ramonean especies mayores que proporcionan carne y leche.

Como vemos, la milpa no es únicamente un policultivo parcelario. Más allá de la milpa nuclear hay lo que llamo la milpa ampliada, un aprovechamiento múltiple e integral del entorno y de las capacidades laborales de la familia, del que depende la subsistencia del grupo doméstico. Milaj, kaltsintan, kuojtakiloyan, acahual, kuoujtaj, ixtahuat en diversas combinaciones, configuran una pluriactividad agrícola, una compleja urdimbre  de esfuerzos e ingresos sutilmente organizada.

Dados a las alegorías, como todos los pueblos agrícolas, los náhuats de la Sierra Norte de Puebla ponen al petlasolkoat como ejemplo de cómo conviene trabajar. Del petlasolkoat, que es el que otros llaman cienpiés, pero ellos le dicen veintepiés, pues ya se los contaron y no son tantos, hay que aprender a que para no caerse conviene caminar sobre muchas patas.

Así se lo dijeron a Patricia Moguel: “Hay que aprender del petlasolkoat que camina sobre muchísimos pies ¿Qué queremos decir con esto? Pues que nosotros creemos que no debemos caminar o depender de un solo recurso. Nuestras comunidades aprendieron a manejar sus recursos a partir del criterio de la diversidad, esto es, que cuantos más productos pudiéramos obtener de varios sistemas productivos, menos vulnerables estaríamos, no sólo a las condiciones del clima sino de las bajas y subidas de los precios…”.

Llevan razón. Una de las mayores virtudes de hacer milpa es que al caminar sobre veinte pies y no poner todos los huevos en la misma canasta se vive más seguro. Pero además se es más feliz, pues no hay peor castigo que la monotonía laboral.

MILPAS SOCIALES

He dicho que la milpa es diversidad armónicamente articulada, entrevero plural que saca su fuerza de las diferencias. Y esto vale para el modo de cultivar la tierra pero también para el modo de organizarse, de pensar, de vivir en sociedad.

La composición plural de los movimientos rurales, especialmente la defensa  los territorios en que convergen indígenas y mestizos, pobres y no tan pobres, agricultores, comerciantes, jornaleros, profesionistas… hace de ellos multicolores milpas.

Y son como milpas lo mítines y marchas con que se manifiestan, acciones en las que todos se sienten convocados sin que por ello tengan que renunciar a sus específicas identidades.

Milpas parecen las asambleas comunitarias donde más que el voto que margina a las minorías se buscan los consensos incluyentes que hacen complementarias las diferencias.

Hacen milpa las organizaciones campesinas multifuncionales que siguen el modelo integral de la familia y no el especializado de la empresa o el sindicato.

De inspiración milpera son estados plurinacionales como Bolivia y Ecuador, cuyas nuevas Constituciones reconocen la multiplicidad de las etnias y regulan su convivencia.

Milpas metafísicas son los imaginarios colectivos multiculturales y sincréticos donde los diversos mundos simbólicos dialogan.

Milpa bulliciosa, variopinta y carnavalesca  es el movimiento de la diversidad

MILPAS SOLIDARIAS

Hace unos días, Cecilia, nuestra nueva subcoordinadora, me hacía ver que los miles y miles de rescatistas espontáneos que de diferentes maneras tratan de aliviar los sufrimientos ocasionados por el terremoto, hacen milpa sin saberlo. Y sí, mujeres y hombres de los más diversos orígenes sociales, edades, habilidades y recursos entreveran sus esfuerzos como en milpa para de esta manera poder más.


Jóvenes mujeres esperan su turno para entrar a recoger escombros en un inmueble
de la calle Gabriel Mancera, en la colonia Del Valle de la Ciudad de México, el
22 de septiembre FOTO: Alfredo Domínguez / La Jornada

Los innumerables y variopintos solidarios se coordinan espontáneamente. Unos se cuelan por los huecos que dejó el derrumbe para tratar de salvar vidas, mientras que otros en largas filas retiran los restos para facilitarles el trabajo y otros más ofrecen agua, comida y medicamentos a los rescatistas. Los que pueden llevan picos, palas, seguetas, mazos y a veces equipo pesado. A los dañados se les entrega comida, ropa, cobijas, toldos… y palabras de consuelo.

Las doscientas y pico de plantas diferentes que puede haber en una milpa son pocas comparadas con las incontables formas de colaborar que florecen en la solidaria milpa chilanga.

Los barrenderos y cargadores de La Merced llevan a los derrumbes diablitos llenos de naranjas y tortas de jamón. Los mariachis de Garibaldi ofrecen canciones a cambio de víveres para los damnificados. Una ilustradora dibuja para los niños desplazados libros para colorear que en un día imprimen y encuadernan en la Casa del Hijo del Ahuizote. Desde el gabacho migrantes envían dinero para que se compren y repartan impermeables entre los dañados y los rescatistas. Colectivos de ciclistas como Bicitekas, reparten medicinas pero también corroboran en persona información que se trasmite por las redes sociales. Una creadora de vestuario teatral diseña, fabrica y dona botas para los pies de los perros de rescate. Decenas de payasos y cuentacuentos se lanzan a las colonias más golpeadas y a los campamentos de damnificados buscando hacer reír a niños y adultos.

En nuestro gremio, además de quienes reportean en las calles, un grupo de periodistas desarrolló un protocolo de verificación de datos sobre daños, centros de acopio y albergues, con un mapa que ubica y actualiza la información en tiempo real, y que resulta más confiable que las oficiales.

Sobre todo más confiable que funcionarios públicos como Aurelio Nuño, quien buscando lucrar con la tragedia se montó en la telenovela de Televisa protagonizada por la falsa Frida Sofía. “Lo que sí está plenamente acreditado es que sí hay una niña con vida… con la que se está en comunicación… a la que se ha hecho llegar agua… el operativo de rescate cada vez está más cerca de ella”. Eso dijo ante los medios el Secretario de Educación. Y luego quieren que les creamos.

Y este anónimo millón de personas que se lanzaron a las calle desinteresadamente y sin otro propósito que ayudar, no sólo fue obstaculizado por los funcionarios y la fuerza pública, también fue objeto de expresiones ofensivas de Peña Nieto, quien de gira por San Cristóbal, Chiapas, creyó quedar bien denunciando ante los periodistas a las “güeritas” solidarias que por ahí andaban, y luego en Joquicingo, Estado de México, pergeñó la siguiente perla: “A veces no falta gente que, no siendo del lugar, llega a alterar y provocar”. Palabras provocadoras de alguien que no es del lugar, que sin duda alteraron a los vecinos, quienes le gritaron al Presidente: “¡Mejor agarra una pala!”.

No hay duda, a la mejor milpa le cae el chahuistle.

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