21 de octubre de 2017     Número 121

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

¿Monocultivos milperos?
Una transición posible

Víctor Suárez Carrera ANEC  @victor_suarez

Del total de la superficie de cultivos anuales del país (12.6 millones de hectáreas), 95 por ciento se dedica a la producción de granos (maíz, sorgo, frijol, trigo, cebada, soya y arroz). De acuerdo con la Encuesta Nacional Agropecuaria 2014 del INEGI, 82 por ciento de las unidades de producción agrícola granelera utiliza semillas criollas y el resto siembra semillas mejoradas y/o certificadas; 68 por ciento utiliza fertilizantes químicos; 62 por ciento, herbicidas; 48 por ciento, insecticidas, y 27 por ciento de la producción se destina al autoconsumo. Un 30 por ciento de la superficie de maíz y frijol se cultiva bajo el sistema milpa mientras que 70 por ciento se siembra bajo el sistema de monocultivo.

Después de más de medio siglo de revolución verde, la lucha por la hegemonía en la agricultura mexicana fue ganada –aparentemente- por el sistema de monocultivo, aunque el sistema milpa resiste y está a la contraofensiva, incluso, dentro del sistema de monocultivo, como se verá enseguida.

De la milpa al monocultivo

A partir de los años 60 se adoptó el modelo de monocultivo como política de Estado y acto de fe para la “modernización” de la agricultura nacional y para sustituir al sistema milpa “atrasado” e “incapaz” de producir los alimentos requeridos por la creciente población urbana.

Para imponer el monocultivo el gobierno federal canalizó durante décadas grandes inversiones en infraestructura de riego, caminos, electrificación, investigación, educación agrícola superior, extensionismo, así como subsidios y créditos preferentes para maquinaria, semillas, fertilizantes y agroquímicos. La milpa fue estigmatizada y arrinconada en las montañas, laderas, selvas y zonas áridas,  coincidiendo en la mayoría  de los casos con las regiones indígenas del país. Todo para el monocultivo, nada para la milpa.

De esta forma, el monocultivo logró dominar la mayor parte de las unidades de producción graneleras del país, en sus dos variantes: a) monocultivo con todo el paquete tecnológico (semillas híbridas certificadas, fertilizantes químicos, herbicidas, insecticidas, maquinaria agrícola, asistencia técnica, etcétera) y b) monocultivos con utilización parcial del paquete tecnológico: semillas criollas o mejoradas, fertilizantes químicos o abonos naturales; deshierbe manual, con tracción animal, mecanizado o con herbicidas; con o sin crédito, con o sin asistencia técnica; etcétera.

El monocultivo en retroceso

El monocultivo granelero entró en crisis a partir del abandono gubernamental del campo y el TLCAN a principios de los años 90, encontrando límites económicos, sociales y ambientales insalvables que se acrecentaron con el paso de los años.

Por un lado, la mayor parte de los productores perdió rentabilidad por el imparable aumento del costo del paquete tecnológico debido a: i) la existencia de precios de monopolio de los insumos; ii) la devaluación del peso y la cotización en dólares de insumos, maquinaria y energía; iii) la caída de los precios de las cosechas; y, iv) el creciente recorte a los subsidios agrícolas.

Por otro lado, el modelo de monocultivo profundizó la desigualdad social entre regiones y productores, beneficiando a una minoría de no más de 10 por ciento de las unidades de producción agrícola de los estados del norte.  Asimismo, este modelo produce graves daños en la salud de los trabajadores agrícolas y alimentos con residuos de pesticidas y otras sustancias dañinas.

Por todo eso, el modelo de monocultivo alcanzó sus límites ambientales al incrementarse la evidencia científica y la percepción pública respecto a los daños ecológicos y calentamiento del clima que provoca. La contaminación del suelo, agua, aire, alimentos y el envenenamiento de los trabajadores agrícolas es cada día más inaceptable para la sociedad -contribuyentes y consumidores-, las leyes nacionales y los convenios internacionales.

El monocultivo es insostenible ética y políticamente.


Encuentro del Maí FOTO: Ecotlan

UN CAMBIO EN MARCHA


Entre mazorcas, en San Lorenzo, Michoacán.
FOTOS: Adalberto Ríos Szalay / CONABIO

Es urgente y necesario transformar el modelo de monocultivo de la revolución verde.

La ANEC, cuyos socios en su mayoría son monoproductores de granos, ha emprendido la transformación del sistema de monocultivo de la revolución verde hacia un nuevo sistema de monocultivos más productivos, sostenibles, rentables, resilientes, de baja emisión de carbono y bajo control de los productores organizados.

Se trata de aplicar el modelo de agricultura campesina de conocimientos integrados y el manejo integrado de cultivos inducidos  –modelo ACCI-MICI- al sistema de monocultivo y transitar gradualmente hacia un monocultivo milpero a través de las siguientes prácticas:

  1. Recuperar la diversidad y actividad biológica de los suelos, principalmente la microbiología funcional.- En oposición al paradigma de los monocultivos de la revolución verde en el sentido de que el suelo es un medio inerte y con funciones de soporte, en el modelo ACCI-MICI el suelo es un ecosistema vivo, complejo y dinámico que hay que recuperar, activar y preservar. Para ello se requiere llevar a cabo las siguientes acciones: análisis de suelos, descompactación-oxigenación, incorporación de materia orgánica, inoculación de microorganismos funcionales (ver cuadro), incorporación de harinas de roca, adecuar pH y conductividad eléctrica. Es decir, restablecer la diversidad, activación y equilibrio físico-químico-biológico en los suelos es la base de sistemas agrícolas productivos, de bajo costo, sustentables y de mayor resiliencia climática.

  2. Sustituir nutrientes y medios de defensa derivados químicos por bioinsumos.- Con la sustitución parcial o total de fertilizantes químicos por nutrientes naturales (humus, bioles, microorganismos fijadores de nitrógeno y solubilizadores de nutrientes disponibles en el suelo) se activa la microbiología de los suelos y se eleva la disponibilidad de nutrientes de los cultivos. Esto favorece el crecimiento del sistema radicular de los cultivos, lo que redunda en una mayor capacidad de absorción de agua y nutrientes.  Para sustituir los herbicidas químicos, se promueve la remoción mecánica de las hierbas y/o el uso de ácido acético al 99% en emergencia temprana y/o el uso de extractos provenientes de plantas alelopáticas. Para la sustitución de insecticidas, fungicidas y bactericidas, se utilizan microorganismos antagónicos y entomopatógenos, engrosamiento de la pared celular (silicio y calcio) e inductores de resistencia vegetal (ácidos salicílico y jasmónico, entre otros). Todo esto permite la reactivación de la diversidad biológica (insectos, microbiología, lombrices) en los monocultivos y su entorno.

  3. Restablecer la rotación de cultivos, incluyendo cultivos de cobertera y descomposición in situ los rastrojos.- Recuperación de las prácticas de rotación de cultivos y cultivos sucesivos y de cobertera para la fijación de nitrógeno, aporte de materia orgánica y protección de la humedad del suelo. Ejemplos: maíz-soya o frijol o garbanzo o nabo.  En Sinaloa después del monocultivo de maíz podría sembrarse soya para promover la fijación de nitrógeno y la disminución de fertilizantes químicos, optimizar el uso de recursos disponibles, reactivar la económica local-regional y sustituir importaciones de oleaginosas. Asimismo, se impulsa la incorporación de materia orgánica al suelo a través de la descomposición acelerada de rastrojos in situ con aplicaciones de peróxido de hidrógeno y microbiología.


  4. El monocultivo granelero entró en crisis a partir del abandono del campo y el TLCAN
    a principios de los años 90.
  5. Recuperar, mejorar y producir localmente la diversidad de semillas nativas e híbridos acriollados.- La diversificación de variedades de semillas utilizadas en los monocultivos permite avanzar hacia un manejo más resiliente y con menores costos. Las organizaciones de productores impulsan la recuperación, mejoramiento participativo y producción local de semillas nativas, así como la producción de híbridos acriollados.

  6. Establecer cortinas rompe vientos y reservorios de vegetación endógena en torno a y dentro de los campos de monocultivo para la recuperación y activación de la diversidad biológica.

En ANEC consideramos posible y necesario transitar hacia un sistema de monocultivos bajo control de los productores organizados, con mayor productividad, menores costos, mayor rentabilidad, elevada resiliencia climática y disminución de emisiones de carbono.

¿Monocultivos con el espíritu de la milpa? ¿Una transición posible, sin idealizaciones ni voluntarismos? En ANEC creemos que sí.

 
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