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Preocupa si el presidente de EU es el siguiente en la lista de Mueller

La Casa Blanca minimiza las acusaciones contra ex integrantes de la campaña de Trump
David Brooks
Corresponsal
Periódico La Jornada
Miércoles 1º de noviembre de 2017, p. 26

Nueva York.

El susto impera dentro de la Casa Blanca y entre sus aliados, y no porque sea Halloween. Veinticuatro horas después de que tres ex integrantes de la campaña presidencial de Donald Trump fueron formalmente acusados de delitos graves, todos están a la espera de saber quiénes serán los próximos, y si al final estará el presidente en esa lista.

Aunque un aparente atentado terrorista en Nueva York esta tarde podría ayudar a desviar la atención por un tiempo, no será suficiente para descarrilar la investigación federal encabezada por Robert Mueller, el ex jefe de la FBI que goza de respeto bipartidista. Sin embargo, con el anuncio de los primeros acusados el lunes, ahora la pregunta no es sólo quién sigue, sino también si Trump está considerando despedir a Mueller y/o usar su poder ejecutivo para indultar a todos los acusados.

Por segundo día consecutivo, la Casa Blanca –a la par que un amplio coro de la prensa aliada del presidente– afirmó que el anuncio de los cargos no es significativo, ya que los investigados no tenían nada que ver con la campaña electoral ni con su presidencia. En referencia al tercer acusado, George Papadopoulos, ex asesor de política exterior de la campaña, Trump personalmente intentó minimizarlo, al afirmar en un tuit que pocas personas conocían al joven voluntario de bajo nivel George, quien ya se ha comprobado que es un mentiroso.

Pero pocos creen la versión oficial. Fuentes dentro de la Casa Blanca describen una creciente preocupación entre el equipo presidencial sobre lo que los tres acusados –uno de los cuales está cooperando activamente con la investigación– podrían compartir con Mueller, que podría implicarlos en algún momento. Las paredes se están cerrando en la Casa Blanca, comentó un republicano de alto rango al Washington Post, y todos están enloqueciendo.

Aunque los abogados y voceros de la Casa Blanca aseguraron repetidamente que ni el despido de Mueller ni los perdones están sobre la mesa, tampoco descartaron de manera absoluta el posible uso de esa prerrogativa presidencial. Sin embargo, legisladores de ambos partidos han advertido que un despido injustificado de Mueller detonaría una crisis. El senador Lindsey Graham declaró que tal acto tendría el costo del infierno sagrado en el ámbito político.

Según personas cercanas al mandatario, el presidente está cada vez más preocupado de que Mueller esté investigando sus negocios y no sólo el asunto de la mano rusa en las elecciones estadunidenses, reportó Ap. Todos recuerdan que Trump declaró en una famosa entrevista con el New York Times, en julio, que podría correr a Mueller si éste empieza a investigar sus negocios.

Algunos aliados del presidente, como su ex jefe de estrategia Stephen Bannon, están promoviendo una guerra abierta contra Mueller, que incluye lograr que los republicanos suspendan el financiamiento de la investigación federal. A la vez, están insistiendo en que son los demócratas quienes deberían de estar bajo investigación.

Una y otra vez los defensores del presidente han subrayado que las acusaciones contra Paul Manafort, ex jefe de campaña, y su socio, Rick Gates, presentadas por el fiscal especial Mueller el lunes, no hacen mención de Trump, ni de interacciones de miembros de la campaña con los rusos. Los 12 cargos incluyen lavado de dinero, declaraciones falsas, evasión de impuestos y conspiración contra Estados Unidos al elaborar maniobras ilícitas y actuar como agentes no registrados de intereses extranjeros.

Pero tal vez más dañino para Trump fue la revelación el lunes –que sorprendió hasta a la Casa Blanca, según algunas fuentes– de que el tercer acusado, George Papadopoulos, un asesor de política exterior de la campaña de Trump, ya había negociado un acuerdo en secreto con los investigadores federales a cambio de cooperación.

Ahora se sabe que el cooperante productivo, como es calificado en los documentos revelados el lunes, ha estado brindando información al equipo de Mueller durante tres meses y nadie sabe sobre qué o quién. Algunos suponen que desde que Papadopoulos fue arrestado a finales de julio hasta que concluyó su acuerdo con los investigadores, el 5 de octubre, ha estado comprobando que es un informante creíble y podría haber demostrado su valor en obtener información, incluyendo posiblemente grabar a sus ex colegas.

Y una vez más se comprobó (como si fuera necesario) que en las altas esferas del poder, hay intereses más allá de la lealtad partidaria: el business. Otra manera de verlo es que la corrupción es bipartidista. Al presentarse los cargos formales contra Manafort y Gates el lunes, un famoso cabildero y promotor político demócrata, Tony Podesta, renunció como director de su propia firma de cabildeo, Grupo Podesta. Aunque su firma no es identificada en las acusaciones, resulta que es una de dos empresas que fueron contratadas por Manafort y Gates para su trabajo de cabildeo en favor de Viktor Yanukovych, el ex presidente ucraniano leal a Rusia, pero el contrato supuestamente ocultaba la identidad del cliente. El hermano de Podesta, John, fue el presidente de la campaña presidencial de Hillary Clinton.

Al mismo tiempo, no hay consenso entre los republicanos sobre cómo reaccionar ante todo esto –no hay un coro de protesta, por ahora– y por el momento algunos de los legisladores más influyentes insisten en que la investigación debe proceder sin obstáculos o interferencia política (ayuda que Mueller goza de respeto bipartidista).

Algunos aparentemente no estarían descontentos con que esto proceda a lo más alto. En un discurso en la Academia Naval de Estados Unidos el lunes, el senador republicano y veterano de guerra John McCain denunció las políticas aislacionistas y nacionalistas de una América primero, denunció la polarización del debate nacional, y advirtió que la tiranía siempre es una amenaza a la paz, todo en referencia a Trump, pero sin mencionar su nombre. En ese mismo sentido, declaró: tenemos que recordar a nuestros hijos e hijas que nos volvimos la nación más poderosa de la tierra desmantelando muros, no construyéndolos.