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Aún no se aclara si el atacante fue abatido por policías o se suicidó

Un hombre mata a 26 personas en iglesia bautista en Texas
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de gira por Asia, envió sus condolencias desde Japón a familiares de las víctimas del tiroteo en una iglesia bautista en Sutherland Springs, TexasFoto Ap
Ap, Afp, Dpa y Xinhua
 
Periódico La Jornada
Lunes 6 de noviembre de 2017, p. 28

Sutherland Springs.

Un hombre abrió fuego este domingo dentro de una iglesia en Sutherland Springs, pequeña comunidad ubicada en el sur de Texas, provocando 26 muertos –niños y una mujer embarazada incluidos– y 16 heridos. El atacante fue hallado sin vida en su vehículo, aunque las autoridades aún no determinan si fue ultimado por la policía o se suicidó.

La balacera ocurrió en la primera iglesia bautista de la comunidad de apenas 860 habitantes, adonde el atacante ingresó antes del mediodía y abrió fuego durante el servicio religioso dominical, al que usualmente asisten unas 50 personas.

De acuerdo con una testigo, se escucharon al menos 20 disparos antes de que llegaran las ambulancias.

El autor del ataque fue identificado como Devin P. Kelly, de 26 años, publicó The New York Times.

El comisionado del condado de Wilson, Larry Wiley, informó que Kelly huyó en un automóvil y tras una persecución policiaca fue acorralado a unos nueve kilómetros de distancia, en el vecino condado de Guadalupe.

Al menos ocho heridos recibían tratamiento en la clínica Universitaria de San Antonio, informó la vocera Leni Kirkman, quien añadió que el hospital podría atender a más pacientes.

Después del tiroteo, agentes federales se dirigieron a la pequeña localidad ubicada unos 48 kilómetros al sureste de San Antonio. En el lugar hubo elementos del Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos y equipo de recolección de evidencia de la FBI.

Otra testigo declaró a MSNBC que Sutherland Springs es tan pequeña que no hay departamento de bomberos para pedir ayuda.

Que Dios esté con la gente de Sutherland Springs, Texas. La FBI y la policía ya están ahí. Estoy al tanto de la situación desde Japón, tuiteó el presidente estadunidense, Donald Trump. El senador republicano por Texas, Ted Cruz, y el gobernador del estado, Greg Abbot –quien confirmó la cifra de muertos–, expresaron sus condolencias.

El primero de octubre Estados Unidos sufrió el peor tiroteo de su historia, cuando Stephen Paddock, contador de 64 años, disparó desde una habitación de un hotel de Las Vegas, Nevada, y mató a 58 personas y dejó cerca de 550 lesionados, durante un concierto de música country al aire libre al que asistían unas 22 mil personas.

El ataque en Texas ocurre una semana después de que un ciudadano uzbeko con residencia legal en Estados Unidos arrolló a peatones y ciclistas con una camioneta en Manhattan, donde mató a ocho personas, en lo que fue clasificado por las autoridades como acto terrorista y que fue reivindicado por el grupo yihadista Estado Islámico.

Dos años antes, Dylann Roof, supremacista blanco, entró a la iglesia de Emanuel, en Charleston, Carolina del Sur, símbolo de la lucha de los negros contra la esclavitud, y mató a tiros a nueve personas. En enero pasado, Roof fue condenado a la pena capital.

Cada año más de 33 mil personas mueren en Estados Unidos víctimas de las armas de fuego (22 mil de los casos son suicidios), de acuerdo con un estudio reciente. El debate sobre la reglamentación de las armas se relanza tras cada tiroteo, sin que la legislación pueda ser modificada debido, entre otros motivos, a la influencia ejercida por la Asociación Nacional del Rifle, el poderoso lobby de las armas.