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Recibirá el Premio de Ensayo Pedro Henríquez Ureña en el Palacio de Bellas Artes

Me interesan más los jóvenes que la academia: López Austin

Que se reconozca una obra, una lucha de toda la vida, llena de gozo al historiador e investigador emérito de la UNAM

Recurrí a la libertad de escribir, sin notas ni citas, lo cual me ha permitido exponer en forma más asequible mi pensamiento, explica en entrevista con La Jornada

Mónica Mateos-Vega
 
Periódico La Jornada
Viernes 10 de noviembre de 2017, p. 3

El historiador Alfredo López Austin (Ciudad Juárez, 1936) recibirá este lunes en el Palacio de Bellas Artes el Premio Internacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña que otorga la Academia Mexicana de la Lengua.

Ese reconocimiento sorprende al catedrático universitario, pues no se considera literato, aunque, afirma, me da mucho gusto que la obra que he realizado sea considerada así, porque es una lucha de toda la vida.

Sobre todo, añade en entrevista con La Jornada, este galardón lo satisface porque he pretendido establecer un diálogo con los jóvenes, y no limitar los conocimientos a la academia.

Rodeado de sus alumnos de posgrado, los que al concluir la clase que imparte en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), lo rodean para seguir debatiendo ideas, el maestro López Austin, a sus 81 años, escucha a todos con paciencia y la jovial sonrisa que siempre obsequia a sus interlocutores.

Recurrí a la libertad de escribir, sin notas ni citas, lo cual me ha permitido exponer en forma más asequible mi pensamiento. Creo que todos los universitarios debemos cumplir con este requisito: no hacer sólo investigación o docencia, sino dedicarnos bastante a la difusión. Lo hago con muchísimo gusto, añade.

López Austin, quien es investigador emérito de la UNAM y profesor de cosmovisión mesoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras, ha formado a varias generaciones de mesoamericanistas, sobre todo al replantear la noción de mito.

“Una de las ideas que me han guiado al escribir mis libros –continúa– es que el gran público no es infantil, sino totalmente adulto. Entonces, si uno presenta el pensamiento sin reducirlo a un lenguaje facilón, sino exponiendo directamente cuáles son los problemas a los que nos enfrentamos de manera cotidiana los científicos, el público en general lo entiende y aprecia perfectamente, como un público maduro.

“Existe la idea entre algunos medios de comunicación, principalmente la televisión, de que a las personas hay que darles ideas muy digeridas e infantiles. ¡Es totalmente absurdo! Al público hay que tratarlo como personas adultas, no como a gente infantilizada.

Por eso, una de mis pretensiones ha sido dirigirme a los jóvenes. Una vez traté también de dirigirme a los niños. Escribí un libro dedicado a una de mis nietas, pero se trató de un género que me costó muchísimo trabajo. Tal vez algún día lo vuelva a intentar, pero es demasiado esfuerzo dirigirse a los recursos lingüísticos que tienen los niños.

Autor de libros como Los mitos del tlacuache: caminos de la mitología mesoamericana (1990) y El conejo en la cara de la Luna: ensayos sobre mitología de la tradición mesoamericana (1994), López Austin ha abordado los relatos del México antiguo más allá de la cuestión narrativa o estética, “aspectos muy importantes, pero los mitos no son nada más eso –reitera–; mi obligación ha sido explicar el mito dentro de sus contextos social y cosmológico.

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El Quinto Sol nos lleva al nacimiento del mundo. Es la instalación que hacen los dioses de toda una maquinaria de movimiento complejo, cuyos elementos son cuatro árboles en los cuatro extremos del mundo, de los cuales va a surgir un elemento nuevo, procedente del mundo de los dioses, que se llama tiempo, considera Alfredo López Austin (Ciudad Juárez, 1936), en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, durante la entrevista con La JornadaFoto Carlos Ramos Mamahua

“Otra cuestión que falla mucho en la difusión de estos temas es que se presenta a los científicos como personas que están declarando verdades. Hay que hacer a un lado esa idea, para hacer ver que la ciencia no es una exposición de verdades, sino de propuestas, con plena conciencia de que el día de mañana alguien dirá que esto no es verdad y lo comprobará.

La labor de los científicos no es ofrecer verdades infalibles, sino propuestas que tratan de ser inteligentes, racionales, pero que tendrán su tiempo de validez, siempre perecedero.

Palabras del tlamatini

El maestro Alfredo López Austin no llama a sus cátedras “clases’, sino diálogos, como el que sostuvo el miércoles con estudiantes de posgrado, a propósito del mito del Quinto Sol, que tan erróneamente se interpreta con frecuencia.

Los alumnos escuchan, deslumbrados, las palabras del tlamatini (hombre sabio, en náhuatl): “El Quinto Sol nos lleva al nacimiento del mundo. Es la instalación que hacen los dioses de toda una maquinaria de movimiento complejo, cuyos elementos son cuatro árboles en los cuatro extremos del mundo, de los cuales va a surgir un elemento nuevo, procedente del mundo de los dioses, que se llama tiempo.

El Quinto Sol se llama precisamente Cuatro Movimiento y es el definitivo porque es la etapa en la cual el Sol empieza a hacer que el tiempo surja de cada uno de los cuatro árboles, empezando por el este, en un movimiento levógiro, hacia la izquierda. Esto indica el Quinto Sol: la acción final, en el quinto momento, de un sol que, efectivamente, algún día desaparecerá porque este mundo, según las concepciones de los antiguos nahuas, es también perecedero, tiene un principio y un fin, como todo.

–¿Cómo enfrentaban los antiguos las catástrofes naturales?, ¿qué mitos tenían? –se pregunta al historiador.

–Más que mitos, había muchas acciones que trataban de impedir las catástrofes, rituales, algunos que incluyen sacrificios humanos.

–Sacrifiquemos a los políticos, entonces.

–¡Ay, sería muy bueno! Pero quién sabe si nos los reciban los dioses, porque no son ofrendas favorables ni muy gratas –y suelta la carcajada.

Luego, con seriedad, explica: Los mitos pertenecen a la época en la que son contados. Hay mitos muy antiguos, arraigados, pero en cada época las versiones de esos mitos son distintas, porque están adecuadas a los tiempos. Por eso no podemos simplemente transportar valores y experiencias de otros siglos, de otra historia, a nuestros días. Cada época tiene su propia forma de expresarse, porque somos diferentes cada día. Todo lo demás es artificial.

El jurado del Premio Internacional de Ensayo Pedro Henríquez Ureña, dotado con un millón de pesos, reconoció a López Austin como creador de una cosmovisión singular, cuya obra desencadena una incesante renovación de las formas literarias del ensayo al armonizar las diversas tradiciones que confluyen en la cultura moderna mexicana e hispanoamericana.