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Durante su encuentro en Manila no abordaron el tema de los derechos humanos

Trump y Duterte se muestran a la prensa relajados y bromistas, cual buenos aliados

El mandatario filipino enfrenta oleada de críticas por su sangrienta guerra contra el narcotráfico

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sufrió un poco al realizar ayer el tradicional saludo de la cumbre de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático. En la imagen lo acompañan Rodrigo Duterte, gobernante de Filipinas (a la derecha) y Nguyen Xuan Phuc, primer ministro de VietnamFoto Afp
Afp y Ap
 
Periódico La Jornada
Martes 14 de noviembre de 2017, p. 27

Manila.

Donald Trump exhibió este lunes en Manila su buena sintonía con Rodrigo Duterte, el controvertido presidente filipino que lleva a cabo en su país una sangrienta guerra contra el tráfico de estupefacientes y asegura que cuando era adolescente asesinó a puñaladas a un hombre.

El mandatario estadunidense y su homólogo filipino, de 71 y 72 años, respectivamente, aparecieron en su primer encuentro muy distendidos haciendo bromas, aunque no abordaron el tema de los derechos humanos.

Somos un aliado importante de Estados Unidos, dijo Duterte.

Los gobernantes hicieron pocas declaraciones a los periodistas y soslayaron, en particular, los derechos humanos.

La guerra contra las drogas le ha valido a Duterte una oleada de críticas a escala internacional.

Tenemos muy buenas relaciones, declaró Trump en esta reunión celebrada al margen de una cumbre de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (Asean). Luego, sólo añadió: En Filipinas el tiempo siempre acaba siendo bueno.

Trump –quien termina en Filipinas una gira que lo llevó a cinco países de Asia– no dijo nada cuando se le preguntó sobre el tema de los derechos humanos.

No es una conferencia de prensa, es una reunión bilateral intervino Duterte, sentado a su lado, ante los periodistas.

El asunto de los derechos humanos no fue tratado durante la entrevista de 40 minutos entre Trump y Duterte, aseguró el portavoz del presidente filipino, Harry Roque.

Sarah Sanders, vocera del mandatario estadunidense, mencionó que el tema fue abordado brevemente.

Las relaciones entre Manila y Washington, países unidos por un acuerdo de defensa, han sufrido vaivenes tras la llegada al poder –en 2016– del populista abogado filipino.

Hace un año, durante una cumbre en Laos, el entonces presidente de Estados Unidos Barack Obama anuló una entrevista con Duterte, quien lo había llamado hijo de puta.

Duterte fue elegido en 2016 con la promesa de erradicar el tráfico de drogas y matar a 100 mil traficantes y presuntos adictos. Desde su llegada al poder, hace 16 meses, la policía anunció haber abatido a 3 mil 967 personas. Grupos de individuos han matado a 2 mil 290 sospechosos en casos de drogas. Miles de personas han sido abatidas en circunstancias poco claras, según cifras de la policía.

Filipinas organiza este lunes y martes una cumbre de la Asean con la agenda centrada en la creciente amenaza del grupo Estado Islámico en el sudeste asiático, y los esfuerzos por presionar al líder norcoreano Kim Jong-un para que abandone sus ambiciones nucleares.

Cuando se tomó la foto de los asistentes a la conferencia, Trump pasó algunos apuros a la hora del saludo. El presentador indicó que era el momento de participar en el tradicional apretón de manos de la cumbre: un ejercicio en el cual cada líder pasa su brazo derecho sobre el izquierdo para dar la mano contraria a quien está a su lado. El mandatario estadunidense simplemente cruzó las manos por delante. Entonces, miró alrededor, se volvió hacia los dirigentes que lo flanqueaban: el primer ministro de Vietnam, Nguyen Xuan Phuc, y Duterte, el presidente anfitrión, y simplemente extendió los brazos, hasta que se dio cuenta de que tampoco era la postura correcta.

Trump se rió, cruzó los brazos y saludó correctamente a sus acompañantes. En un primer momento hizo una mueca, especialmente al inclinarse para llegar a las manos de los dos mandatarios, que son más bajos que él. Y después, con una sonrisa exagerada, les dio un vigoroso apretón de manos.