Editorial
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El frente y el fondo
E

l afianzamiento formal del Frente Ciudadano por México –conformado por los partidos Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC)– no hace sino ratificar una serie de tendencias presentes desde hace tiempo en la política de nuestro país, pero que de ninguna manera son privativas de éste. La más notoria de dichas tendencias es el desplazamiento general del espectro partidario hacia la derecha, y su contrapartida, el repliegue de los partidos progresistas, reflejado en derrotas electorales aun en escenarios donde en la primera década del siglo mostraban una perceptible hegemonía o al menos una presencia consistente.

No es en la parte discursiva donde se verifica el cambio de rumbo: por regla general las fuerzas políticas organizadas, que en años anteriores se ostentaban (con o sin fundamentos) como representantes de esa corriente de pensamiento, continúan reivindicando su pertenencia a la izquierda. Pero no parecen advertir –y si lo hacen, lo disimulan muy bien– que sus actitudes en el terreno de la práctica, es decir, donde la política más se nota, a menudo los emparejan con la misma derecha a la que en otras épocas se referían con enérgico desprecio. Y así, quizá considerando que los votantes no tienen memoria, se presentan a elecciones enarbolando ideas y proyectos que poco tienen que ver con su presunto ideario.

La plataforma electoral que el recién constituido frente someterá a la consideración del electorado mexicano para las elecciones del año próximo es la elaborada por Acción Nacional, el más nutrido de los partidos coaligados (en términos técnicos el novel agrupamiento se define como coalición); y no es preciso hilar muy fino para deducir que, especialmente en materia de política social, los postulados panistas no tienen un enfoque precisamente cercano al que promueven los sectores progresistas de la sociedad. Por supuesto, las ideas que integran ese enfoque pueden ser consideradas buenas, regulares o malas; de lo que no cabe duda es que no se corresponden con el pensamiento que la izquierda tiene sobre tales cuestiones (aborto, matrimonio igualitario, políticas de fertilidad y otros temas bioéticos). La plataforma no incursiona específicamente en esos campos, pero la postura del PAN en torno a ellos es de sobra conocida.

Puede argumentarse, y es lo que opinan algunos adherentes a la flamante coalición, que frente a las calamidades político-económicas que afligen a México, los ajustes que hacen falta en lo social pueden ser discutidos en una segunda fase, una vez corregido el rumbo que la presente administración de gobierno (y las anteriores) le ha impreso al país. Aun así, la noción que la derecha posee del desarrollo económico, del trabajo y de la propia democracia está configurada a modo de un sistema que, más allá de su eventual retórica, tiende a conservar el statu quo y difícilmente armoniza con un proyecto de izquierda, por tibio que sea.

En pocas palabras, con independencia de la forma en que se presente a sí mismo, el Frente Ciudadano por México viene a fortalecer en la República la marcada inclinación a la derecha que evidencia el espectro de la política internacional, con pocas excepciones.

Sin hacer proyecciones ni vaticinios, cabe recordar que los dos componentes mayores de la coalición (PAN y PRD) conformaron una veintena de alianzas en el último cuarto de siglo y salieron airosos en la mitad de los casos: el porcentaje de éxitos parece magro en términos electorales, pero los resultados en materia de gestión política fueron aún más exiguos, porque la concordancia en la forma disimula pero no suprime la discordancia de fondo.