16 de diciembre de 2017     Número 123

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Santa Rosa Caxtlahuaca

Viko Ñuu: las fiestas del sincretismo


La danza de los diablitos Foto: Archivo

Francisco López Bárcenas

En Santa Rosa Caxtlahuaca, una comunidad de la mixteca baja del estado de Oaxaca, las fiestas, llamadas viko ñuú –fiestas del pueblo- en tu’un savi o palabra de la lluvia, son de vital importancia para la vida de sus habitantes y la organización comunitaria, incluida la de los migrantes. Contra la falsa idea de que sólo contribuyen al empobrecimiento económico de las comunidades que las organizan, por las grandes cantidades de dinero que se invierten en ellas, cualquiera que haya participado en su realización puede dar testimonio de su importancia para la estabilidad social de la comunidad y de la región. Las fiestas representan espacios y tiempos donde los habitantes de los pueblos estrechan sus relaciones, reafirman su identidad y en algunos casos hasta resuelven sus problemas, ya que la gente que participa en ellas aprovecha el ambiente místico que generan para perdonar ofensas pasadas o alcanzar el perdón de las que hayan hecho.

Las fiestas también tienen otro significado. Van marcando los tiempos rituales y sociales de los pueblos. Así, para los habitantes de los pueblos donde se llevan a cabo hay fiestas de aguas, si en el tiempo de su realización llueve; o de secas, si las lluvias ya se fueron; de siembra, si están preparando la tierra o ya están echando la semilla en ella; o de cosecha, si ya levantaron el fruto de su trabajo o están por hacerlo; civiles o religiosas, dependiendo de los motivos que las sustentan, los rituales que se realizan durante ellas y las autoridades responsables de organizarlas. Cualquiera que sea su carácter, las fiestas generan y ponen en movimiento una red de apoyos a través del tan’a, institución de ayuda mutua típicamente del ñuú savi que, aunque muchos no la ven, sostiene a las familias y la economía doméstica.

En Santa Rosa Caxtlahuaca, llamada Ñuú shoo -pueblo apartado- en tu’un savi, existen varias fiestas que se puede agrupar según las caracterizaciones mencionadas. El viko sisiqui o carnaval; la ni kuatu yo nuu yoko, rezo al dios de la lluvia o de petición de lluvias, y la de kivi na ndií, odía de muertos, son fiestas civiles. También se trata de fiestas de secas por las razones ya anotadas y las dos primeras podrían ser consideradas fiestas de siembras, porque muchos campesinos, sobre todo los que siembran de riego o picado, han comenzado a hacerlo, y la última de cosecha, porque ya la mazorca se levantó o está a punto de hacerlo. También se pueden considerar civiles porque los rituales que en ellas se realizan no tienen que ver con la religión católica y las autoridades responsables de organizarlas son el agente, el alcalde o regidor de costumbres y el síndico municipal, acompañados de los demás miembros de la autoridad comunitaria.

Se distinguen porque incluyen danzas que son mixtecas: la Del Macho y Tecuané en viko sisiqui, la de los Rubios de Pachequitos, en la de ni kuatu yo nuu yoko, que se ha ido perdiendo porque muchos campesinos han dejado de sembrar. En el kivi na ndií no se presenta ninguna danza por ser una fiesta solemne, para la convivencia entre vivos y muertos. Como son fiestas que se realizan en todas las comunidades de la región resultan muy comunitarias, sólo participan los vecinos, a diferencia de las religiosas, que son más regionales porque habitantes de comunidades vecinas acuden a disfrutar de ellas.

Con la migración las fiestas se han transformado profundamente, porque han incorporado dinero y elementos de las culturas donde viven a ellas, o porque se las han llevado con ellos y las realizan en sus lugares de destino, pero en ningún caso han dejado de cumplir el papel que tenían desde que los pueblos son pueblos: mantener la comunión con sus dioses, en donde el sincretismo juega un papel importante; al mismo tiempo que reproducen relaciones y prácticas sociales que le dan sentido a su existencia.

Las fiestas religiosas representan ofrendas que los habitantes del pueblo hacen a los santos de su devoción, en el día que la religión católica ha fijado para celebrarlos; pero los santarroseños han incorporado a ellas sus prácticas particulares, por lo que también se pueden ubicar en la clasificación de fiestas de aguas o secas y de siembra y cosecha. Esto no se ve a simple vista, porque lo más vistoso son los ritos católicos, pero los elementos ahí están, inclusive en las danzas, de las que sobresalen la de moros y cristianos, los chilolos y los diablos, es decir, ajenas en su forma y contenido a la cultura original de la comunidad, aunque ya las han adaptado y adoptado a ella.

Las fiestas de este tipo que se celebran en el pueblo son las de Santa Cruz, Semana Santa, Corazón de Jesús, Santa Rosa o viko canu -fiesta grande-, que es la fiesta patronal, y la de la virgen de Guadalupe. La de Santa Cruz, por estar muy cerca de la fiesta de la petición y lluvia y por casi haberse perdido ésta, ha asumido algunos rasgos de ella, por lo que se puede considerar una fiesta de aguas y siembra; la de Corazón de Jesús, que se celebra en mayo puede incluirse en el mismo grupo; en la de Santa Rosa, en cambio, que se celebra a finales de agosto ya todos los campesinos terminaron de sembrar y algunos inclusive ya cosechan elotes o maíz nuevo, por lo que es considerada de secas y cosechas; lo mismo la fiesta a la virgen de Guadalupe, del 12 de diciembre.

Para hacer esta fiesta se nombran cofradías o mayordomías, que son instituciones que los españoles trajeron durante la conquista y los pueblos indígenas se las apropiaron para su beneficio. Un año antes de la fiesta, el alcalde o regidor de costumbres tiene que conseguir entre los see ñuú –ciudadanos-, al mayordomo y sus acompañantes, a quienes se les conoce como diputados. Las mayordomías son tan grandes o pequeñas como simpatías tenga el alcalde, la persona que acepte ser mayordomo y la devoción o mandas que los ciudadanos quieran ofrecer o pagar por favores recibidos. Ellas son los responsables de organizar la fiesta y el pueblo ayuda con los gastos a sus familiares o amigos cercanos.

Las fiestas de Santa Rosa y la virgen de Guadalupe son muy parecidas. Se prepara muchísima comida para que el pueblo deguste y conviva y se convide a los visitantes, entre los que se encuentran mayordomías del pueblo y de pueblos vecinos y gente que llega por su cuenta. Antes de sacrificar las reses y guajolotes, se les pasea por el pueblo, como lo hacían los antiguos griegos cuando sacrificaban toros a sus dioses, particularmente en honor de Atenea durante las panateneas. Tanto en la fiesta de Santa Rosa como en la de Guadalupe se sacan las imágenes a recorrer el pueblo, descansando en tres lugares importantes: el panteón, la veé ñuú o casa del pueblo, donde despachan las autoridades civiles y religiosas, y la iglesia. El recorrido se hace en sentido contrario a como giran las manecillas del reloj, siguiendo la ruta del sol, como se hacía en la época prehispánica, para honrar a distintos dioses.

Aparte de ser un lugar donde los habitantes de las comunidades recrean sus relaciones familiares y sociales, las fiestas son prácticas donde los pueblos recrean su cultura, permeada por los rasgos originarios, a los que suman los que trajeron los españoles y que ellos adoptaron y adaptaron para enriquecer sus prácticas culturales, manteniendo la matriz cultural que da sentido a su vida.

Con la migración las fiestas se han transformado profundamente, porque han incorporado dinero y elementos de las culturas donde viven a ellas, o porque se las han llevado con ellos y las realizan en sus lugares de destino, pero en ningún caso han dejado de cumplir el papel que tenían desde que los pueblos son pueblos: mantener la comunión con sus dioses, en donde el sincretismo juega un papel importante; al mismo tiempo que reproducen relaciones sociales que le dan sentido a su existencia.

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