Sociedad y Justicia
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Revistas de excelencia rechazan hasta 20% de los textos

Vacío legal en México ante el plagio académico

Copian sin dar crédito profesores e investigadores, señala experto del Iisue

Es una práctica en auge, lamenta

Casi no existen sanciones

José Antonio Román
 
Periódico La Jornada
Jueves 21 de diciembre de 2017, p. 32

A pesar de que cada vez existen mayores indicios de una recurrente práctica de plagio académico en México, hay un profundo vacío legal, dentro y fuera del ámbito, por lo que las sanciones prácticamente no existen, aseguró Héctor Vera Martínez, investigador del Instituto de Investigaciones Sobre la Universidad y la Educación (Iisue), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Esta práctica, dijo, se da en todos los niveles, desde estudiantes y tesistas, hasta profesores e investigadores, tanto de instituciones educativas privadas como públicas, grandes o pequeñas, reconocidas o no.

Incluso, señaló que editores de revistas científicas, ubicadas dentro del catálogo de excelencia del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), han revelado que rechazan un porcentaje importante de textos. “Desde que llegan (los artículos) los pasamos por el software de identificación de plagio y se observa que tienen una cantidad enorme de contenido que es copia”.

En entrevista, Héctor Vera, cuyas líneas de trabajo de investigación en el Iisue son la sociología del conocimiento y de la educación, señaló que este solo hecho es un indicio grave de lo que ocurre con esta práctica.

“Lo es, porque a esas revistas no manda su texto un estudiante que quiere titularse –que también es una falta. Ahí mandan sus artículos gente que es especialista, profesionales de diversas disciplinas, científicos.”

Explica que este tipo de publicaciones de excelencia tienen contratado un software para realizar un detección o análisis inicial de los textos. Y los editores, cuando reciben los artículos, antes que nada lo pasan por ese programa, y ellos nos han dicho: rechazamos muchos, quizás una quinta o cuarta parte de todo lo que llega, porque viene con un alto porcentaje de plagio.

Vera Martínez destaca que de acuerdo con datos de los programas antiplagio, la probabilidad de que una correspondencia de 16 palabras consecutivas –más o menos la longitud de una oración mediana– sea simplemente coincidencia es de menos de una en un millón de millones.

La ciencia es un medio donde se esperan dos cosas: que haya algún grado de originalidad en las contribuciones individuales al acervo colectivo del conocimiento, y que se dé el debido crédito a los colegas que brindan datos, ideas o inspiración. No está permitido publicar como novedades cosas que ya eran sabidas, ni utilizar los pensamientos, conceptos o expresiones de otros sin admitir su procedencia. Cuando los plagiarios obtienen beneficios en la forma de prestigio, posición o dinero están rompiendo las reglas y deben, en consecuencia, ser excluidos del juego, escribe el especialista en el suplemento sobre plagio académico, de la revista Perfiles Educativos, publicado por el Iisue.

Sin embargo, parece que para el país y sus autoridades este tema no está dentro de sus prioridades. En realidad no ocurre nada cuando se denuncia este tipo de plagio, incluso en las más altas esferas políticas, y citó el caso del presidente Enrique Peña Nieto, cuando en otras regiones provocan ceses o abandonos de sus cargos por importantes políticos.

Citó el caso de Karl-Theodor zu Guttenberg, quien debió renunciar tras descubrirse que había plagiado en su tesis de doctorado.

Vera Martínez mencionó algunas prácticas que se dan en universidades de Estados Unidos, en las que una de las sanciones aplicadas a los investigadores que incurran en este tipo de prácticas es la recesión laboral, a pesar, incluso, de tener la definitividad de la plaza. Ahí, todo mundo sabe que eso no se perdona. El riesgo y las consecuencias de ser descubierto son tan altos que se inhibe la búsqueda de la posible recompensa, mientras en México el castigo o sanción casi no ocurren.