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Trump pega dos veces

Coletazo para México

¿Otra reforma interna?

E

l salvaje de la Casa Blanca cumplió otra de sus promesas de campaña: materializar una reforma fiscal (de gran calado, dirían los tecnócratas) para reducir sustancialmente la carga impositiva a los causantes, en especial a las empresas, y, según dijo Trump, estimular el crecimiento económico, generar empleo y aumentar el ingreso real a sus paisanos.

Tras ser aprobada, nadie ha puesto en entredicho el efecto positivo que ella significará en el balance financiero de las empresas, pero no hay certeza sobre los otros aspectos. Donde ni los más optimistas tienen duda es en el efecto negativo, de amplia gama, que tal medida tendrá en México, cuyo gobierno ha sido atrapado en dos frentes por el amigo y socio: el fiscal y el del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Al respecto, el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) de la Cámara de Diputados analiza las implicaciones económicas para México, del que se toman los siguientes pasajes. Va, pues.

El cambio a un sistema de impuestos territoriales probablemente tenga efectos de gran alcance en el comportamiento de las empresas estadunidenses. La propuesta de reducir la tasa del impuesto a las sociedades de 35 a 21 por ciento podría desencadenar otra ronda de reformas tributarias en diferentes países del mundo que buscarían mantener su atractivo para el capital internacional.

El eje central de la reforma fiscal estadunidense consiste en reducir las tasas impositivas y aplicar un gravamen a los productos importados, situación que seguramente tendrá un efecto negativo en el nivel de competitividad de las inversiones en México.

Aún sin un arancel de “‘ajuste fronterizo”, el impacto en México podría ser alto. La tasa efectiva del impuesto sobre ingresos en nuestro país supera 50 por ciento, con una definición de la base gravable muy superior. (30 por ciento de ISR, más 10 por ciento de PTU, más 10 por ciento de impuesto sobre dividendos). Aquí no se permite deducir las inversiones en activos fijos, ni 47 por ciento de las prestaciones sociales pagadas a los trabajadores.

Pese a la ventaja que se tiene en el costo de la mano de obra, la falta de competitividad fiscal podría generar una reducción de la inversión extranjera directa y un mayor retiro de utilidades por parte de empresas trasnacionales. De acuerdo con la Secretaría de Economía, durante la presente administración la inversión extranjera directa acumulada suma poco más de 163 mil millones de dólares, 3.5 por ciento más que la meta sexenal establecida en el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018.

La falta de competitividad en la renta de la inversión en Estados Unidos se deriva de las altas tasas impositivas de ISR. De acuerdo con el documento Competitiveness Impact of Tax Reform for the United States, publicado por Tax Fundation, antes de la reforma la tasa efectiva corporativa en 2017 era de 39.1 por ciento, casi 10 puntos porcentuales por arriba de lo que se cobra en Alemania (29.7), 8.2 puntos por arriba de lo que se paga en Japón y 14.1 puntos superior a la tasa impositiva de China (25).

Con países de América Latina destaca que la tasa de ISR a la inversión en Estados Unidos se encuentra ligeramente por debajo de la de Colombia, que aplica un tributo de 40 por ciento; en contraste, se localiza 5.1 puntos porcentuales por arriba de la de Brasil y 15.1 puntos más que la aplicable en Chile (24), por lo que Estados Unidos resultaba menos competitivo que estos países (para el caso mexicano, la diferencia era cercana a nueve puntos porcentuales, pero tras los cambios tributarios el vecino del norte se encuentra muy por debajo de la carga fiscal que aplica el gobierno peñanietista).

Derivado de la reforma fiscal, sería necesario que las autoridades fiscales de los países con los que Estados Unidos mantiene una relación comercial (entre ellos México) realicen una revisión exhaustiva sobre la estructura tributaria vigente y consideren la posibilidad de realizar acciones integrales que permitan fortalecer su mercado interno, mantener la competitividad de la inversión y lograr una mayor eficiencia recaudatoria.

Si bien es cierto que la aprobación de la reforma fiscal podría implicar una reducción del flujo de inversión extranjera directa, también lo es que existen otros factores de carácter macroeconómico (salarios, empleo, mano de obra, inflación, tasas de interés y paridad cambiaria, entre otros) que ayudarían a amortiguar el efecto de la reforma, dependiendo de la situación económica y financiera de cada país.

México y Canadá, miembros del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, tenían tasas de impuesto sobre la renta inferiores a las aplicables en Estados Unidos. Sin embargo, al aprobarse la reforma fiscal en el vecino del norte, la tasa de 30 por ciento aplicable en México y de 26.6 por ciento establecida en Canadá, los colocaría con un gravamen menos competitivo ante su principal socio comercial. En el caso particular de México, el efecto pudiera ser menor dado los beneficios fiscales establecidos para las zonas económicas especiales.

Las modificaciones tributarias en el vecino del norte implican efectos importantes en el comportamiento de la economía y las finanzas públicas de aquel país. De acuerdo con el Comité Conjunto de Impuestos de Estados Unidos (CBO), el efecto directo de reducir a la mitad la tasa de impuestos generaría una disminución de los ingresos de aproximadamente 0.8 por ciento del producto interno bruto, proporción equivalente a 160 mil millones de dólares al año.

Por otra parte, el impacto de la reforma fiscal en el déficit sería, en promedio, de 141 mil millones de dólares por año, de tal suerte que el efecto acumulado para la próxima década sería de un billón 414 mil millones de dólares. Por ello, con la puesta en marcha de la reforma se tendría un incremento en el déficit de un billón 153 mil millones de dólares por año, en promedio, alcanzando un monto acumulado en el periodo 2018-2027 de 11 billones 525 mil millones.

En términos del tamaño de la economía, el impacto acumulado en el déficit sería de 0.6 por ciento del PIB, ya que pasaría de un déficit sin reforma de 4.3 por ciento a uno de 4.9 por ciento del PIB, considerando el efecto de la reforma.

Las rebanadas del pastel

En ventanilla bancaria ayer el billete verde se vendió hasta en 20.17 (Scotiabank), y en la cúpula financiera del sector público nadie atina a contener el deterioro cambiario.

Twitter: @cafevega