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Este 2017 el actor y guionista cumplió 80 años y fue homenajeado en el Palacio de Bellas Artes

Escribo porque la corrupción se combate con libros: Carlos Bracho

Se asume marxista, de izquierda y humilde trabajador de la cultura y trato de hacerlo cabalmente con todas mis acciones

Llega a 2018 trabajando en Entrevistas apócrifas, en el que colaboran entre otros Héctor Anaya, Felipe Garrido, Alberto Ruy Sánchez e Ignacio Trejo

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Decepcionado de la política, Carlos Bracho afirma en entrevista: No hay espíritu de solidaridad, pero sí de clase. Hay tantas instancias que cobijan a zánganos... se cae un tornillo o pasa algo y nadie lo levanta porque no es su laborFoto Guillermo Sologuren
Daniel López Aguilar
 
Periódico La Jornada
Sábado 30 de diciembre de 2017, p. 2

Necesitamos cultura en este país lleno de corrupción. Y ésta se combate con los libros, por eso sigo escribiendo. Desafortunadamente las personas no leen, expresa el actor y escritor mexicano Carlos Bracho.

El también guionista y político celebró en 2017 sus 80 años y recibió un homenaje en el Palacio de Bellas Artes, donde leyó fragmentos de su poemario Festín inacabable, publicado este año por el sello Benma, así como otra de sus recientes obras, Muerte en azotea (2016), la cual es una crítica al sistema. La trama aborda la vida de un guerrillero amigo mío que fue torturado y asesinado por el Ejército.

En entrevista con La Jornada, el histrión afirma que ha sido amenazado de muerte varias veces, “pero qué puedo decirles: ‘mátenme, soy lo suficientemente algo para que den al blanco’. En este momento ya me da igual.

Soy un humilde trabajador de la cultura y trato de hacerlo cabalmente con todas mis acciones; he viajado por toda la República Mexicana desde tiempos inmemoriales. En cuestión política soy de izquierda; fui miembro del Partido Revolucionario Socialista y del Partido Revolucionario Democrático. Candidato a gobernador y senador. Sin embargo, a través de la literatura y la poesía logro acercarme al pueblo.

Para mí, nacer y morir es la vida

–¿Hay metas que todavía deba cumplir?

–Me parece que no. En particular estoy muy satisfecho. Tengo una familia grande y encantadora. Siempre les pido que no me celebren nada. Además soy ateo, escritor, marxista, entonces no quiero saber nada de religión, santos o rezos. A veces ni recuerdo que es mi cumpleaños; lo sé porque mis allegados o los medios de comunicación me felicitan.

Para mí, nacer y morir es la vida. No tiene sentido celebrar un día. El cariño se expresa siempre. Uno debe amar la vida. La lucha es continua, no hay límite para tener una convicción firme. Mis únicos vicios son la cultura, el puro y las mujeres. De la política ni hablar, es una decepción.

–¿Ha evolucionado la política mexicana?

–Para nada. Es una gran decepción. No hay espíritu de solidaridad, pero sí de clase. Hay tantas instancias que cobijan a zánganos... se cae un tornillo o pasa algo y nadie lo levanta porque no es su labor. Es un sistema tan vil... que chingue a su madre. Ese tornillo es de la nación, es mexicano. Yo choco con esa forma de pensar, con esas estupideces.

“Accedí al homenaje que me realizaron en el Palacio de Bellas Artes porque lo organizó el Instituto Nacional de Bellas Artes, mediante el programa Leo... luego existo, ciclo de lectura en voz alta, del cual soy fundador. Me encanta hablar con las personas sobre política, Marx, actuación y cultura.

Además el acto incluyó la participación de la actriz Lilia Aragón, quien habló sobre teatro, cine y televisión. El escritor Ignacio Trejo Fuentes evocó mi vida en el ámbito político. Mientras Dionisio Morales, uno de los grandes poetas de Tabasco, habló de pintura. Aunque no muchos conocen esa faceta, tengo varios lienzos de mi autoría.

–De las tantas aficiones que tiene, ¿cuál es la más motivadora?

–Soy hiperactivo. Todo lo que hago tiene un sello muy particular. Sin embargo, la escritura ha sido algo que se me facilita bastante. Tengo tantas aventuras por contar. En los pasados cinco años he hecho por lo menos 15 antologías de cuentos.

Es un enorme placer y dicha. Me inicié en el oficio de escritor hace décadas, en talleres literarios de Juan José Arreola, Efraín Huerta y Vicente Leñero, en los cuales también participó Alejandro Aura, Elsa Cross, Fernando del Paso y Leopoldo Ayala.

–¿Cuál fue su primer acercamiento a la lectura?

–Eso ocurrió hace 40 mil años. Nací en Aguascalientes. Pero me críe en Colotlán, Jalisco. En el rancho donde vivía no había luz, teléfono, televisión o radio. Ahí se le levantaba uno con el sol y se dormía al anochecer. Ahí aprendí a arar, ese es uno de mis recuerdos más fabulosos de la vida: ver el horizonte que tenía en frente.

Antes de dormir, mi mamá solía aparecer en la habitación para leerme poemas de Amado Nervo y Rubén Darío; eso era un deleite. Mi imaginación comenzó a despegar a pasos agigantados hasta creer que yo era era el creador e intérprete de esas historias.

Carlos Bracho González (Aguascalientes, 1937) destaca que es lector asiduo de Marx: La maravilla que tiene este personaje es que reunió la filosofía, la historia de las religiones, del capital, de las contradicciones; con Federico Engels revolucionaron e hicieron una gran mancuerna para hacer que todo lo conocido fuera una ciencia política: el marxismo. Utilizar la lógica y el pensamiento para la humanidad. Así es como entiendo al mundo.

El autor anunció que finaliza 2017 trabajando en Entrevistas apócrifas, ejemplar “realmente interesante, porque se unieron conmigo Margarita Aguilar, Héctor Anaya, Felipe Garrido, Ernesto Herrera, César Ibarra, Virgilio López y Claudia Marcucetti.

“También Eduardo Rodríguez, Juan José Rodríguez, Jorge Ruiz, Alberto Ruy Sánchez, Mario Saavedra, Ignacio Trejo y Betty Zanola, quienes entrevistaron a Jesucristo, a Rosario Castellanos, a Verónica Franco, a Nikola Tesla, a La Monalisa, a Ernesto Sabato, a La Malinche, a Juan Nepomuceno Almonte, a Ángela Peralta y a Fiodor Dostoievski, entre otras personalidades.

No diré más detalles del asunto, pero el ejemplar casi está listo. Prometo que los lectores estarán fascinados, concluye Bracho.