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Precios: carrera libre

Inflación, ¿temporal?

Bazbaz, ofensa al Cisen

Carlos Fernández-Vega
A

lo largo del sexenio peñanietista, los tecnócratas que se adueñaron del área económico-financiera del sector público se han aferrado a su tesis de que en este país todos los problemas –especialmente los de su responsabilidad– son pasajeros, transitorios, poco duraderos y sinónimos por el estilo.

Por ejemplo, los ex ministros del (d) año (Luis Videgaray, hoy aprendiz de canciller, y José Antonio Meade, ahora aprendiz de candidato) no perdieron oportunidad ni micrófono para asegurar que el desplome del peso frente al dó- lar era pasajero, por mucho de que en ese periodo la devaluación acumulada ronda 52 por ciento.

También afirmaron que el vertiginoso crecimiento de la deuda pública no tenía la menor importancia (Arturo de Córdoba dixit), porque estimulará el crecimiento de la economía, y a estas alturas el débito ronda los 10 billones de pesos, nominalmente el más elevado de la historia, y el crecimiento de la economía brilla por su ausencia, porque a duras penas promedia 2 por ciento anual en el transcurso de la presente administración (y en tres décadas y media, porque esa es la media de Miguel de la Madrid a Enrique Peña Nieto).

Lo mismo para la inflación: su acelerado crecimiento sería temporal (Videgaray, Meade –el padre negador del megagasolinazo– y Carstens dixit) y para el último trimestre de 2017 descendería a niveles aceptables y dentro de la meta oficial (3 por ciento. Con un margen de más-menos un punto porcentual). En los hechos, cerró el año con el mayor inflacionario en 17 años, y contando.

A estas alturas los ex ministros del (d) año y el doctor catarrito se dedican –oficialmente– a otras cosas, de tal suerte que era de esperarse que los relevos en Hacienda y Banco de México se basaran en la realidad para intentar resolver los crecientes problemas en materia económica y financiera. Pero no.

Está el caso del nuevo gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León –con apenas un mes y días en el puesto–, se subió al carro y ayer afirmó que los factores que provocaron el repunte inflacionaria en 2017 “son claramente de carácter transitorio (un año atrás lo mismo decían Meade y Carstens), y prometió que a partir de 2018 comenzará a observarse una tendencia de disminución de los precios. Y lo dice justo en la escalada de precios que se registra desde el arranque mismo del presente año.

Pues bien, como lo advierte el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), 2017 terminó como comenzó en materia de precios y la inflación mantiene la presión sobre una economía que además exhibe un bajo crecimiento. El Índice Nacional de Precios al Consumidor lo muestra con claridad: el año pasado se elevó 6.8 por ciento. No sólo es más del doble del objetivo planteado por el Banco de México; también se debe resaltar que la tendencia del último trimestre de la inflación se mantiene al alza.

El IDIC analiza el tema –del que se toman los siguientes elementos– y subraya que el desempeño de la inflación tiene elementos tanto estructurales como aquellos atribuibles a la volatilidad de corto plazo. En el primer caso se puede observar que la variación de la inflación subyacente permite afirmar que la evolución del sistema de precios se mantendrá fuera del rango establecido por el Banco de México como el adecuado para la economía nacional.

Alimentos, bebidas y tabaco (6.8 por ciento), mercancías no alimenticias (5.6), educación (4.7) y otros servicios (4.6) aumentaron más allá de lo previsto por las autoridades de política económica. No obstante, si bien esto es relevante existe información que muestra en donde radica la principal causa del desequilibrio en el sistema de precios, la inflación no subyacente, que en 2017 se incrementó 12.62 por ciento.

En la inflación no subyacente se encuentra lo clasificado como energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, lo que fundamentalmente se refiere a la parte energética y los servicios administrados por el sector público. En dichos segmentos se tuvo el incremento más significativo: los energéticos 17.7 por ciento y las tarifas mencionadas 8.4 por ciento.

Básicamente se puede establecer que la estrategia de política fiscal incidió en la presión alcista de los precios al consumidor. Los aumentos acumulado en el año fueron: gas doméstico 39 por ciento; transporte público 8.9 por ciento; gasolina de bajo octanaje (Magna) 17.5 por ciento; gasolina de alto octanaje (Premium) 22.6 por ciento y aceites lubricantes 5 por ciento.

El contexto inflacionario genera un entorno delicado ante el escaso crecimiento de la economía, lo cual además no muestra una perspectiva de mejora en el corto plazo ante la debilidad de la estructura productiva y el incremento de precios de los energéticos, así como los principales productos agrícolas de consumo, por lo que sólo mediante una estrategia de reactivación productiva con el fortalecimiento globalmente competitivo del mercado interno será posible sortear los desafíos coyunturales y estructurales que enfrenta la economía nacional.

Las reformas no alcanzaron para cumplir con la promesa oficial de crecer 5 por ciento en el último tramo de la presente administración. Además, la inercia de un modelo económico de baja productividad con alta incidencia de la informalidad, la inseguridad, un gasto público con escaso valor agregado, el freno a la inversión e innovación y la ausencia de una verdadera política industrial moderna limitan la obtención de mejores resultados.

Las rebanadas del pastel

Brillante idea del nuevo secretario de Gobernación: nombró a Alberto Bazbaz como director del Cisen. Se trata del mismo personaje que como procurador mexiquense no encontró a la niña Paule-tte, y que como director de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda no encontró el dinero del crimen organizado, especialmen- te del narcotráfico, ni cómo ni quién lava dichos recursos. La cereza del pastel la aportó el Grupo de acción financiera contra el blanqueo de capitales (un organismo intergubernamental en el que participan 34 países, incluido el nuestro): en México el lavado de dinero no es investigado ni perseguido penalmente de manera proactiva y sistemática, sino de forma reactiva, y el país debe intensificar sus esfuerzos para perseguir a los blanqueadores de capitales y confiscar sus activos. En síntesis, Bazbaz no encuentra nada, pero como estamos en México lindo y podrido ahora está a cargo de la inteligencia y la seguridad nacional. ¡Qué horror!

Twitter: @cafevega