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En algunos sectores, entre más capital existe disminuye el empleo, revela estudio de Cepal

Falla la inversión extranjera en cumplir los beneficios ofrecidos

La IED acentúa las disparidades en el desarrollo regional, ya que hay áreas rezagadas

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El gobierno mexicano confía en un marco regulatorio que permite la participación del capital extranjero en una diversidad de actividades, sin intervenir proactivamente en la forma en la que podría incidir sobre el desarrollo. La imagen, planta nixtamalizadora en Nopaluca, PueblaFoto José Carlo González
Juan Carlos Miranda
 
Periódico La Jornada
Domingo 14 de enero de 2018, p. 17

El marco regulatorio que México ha desarrollado para atraer inversión extranjera directa (IED) ha sido insuficiente para asegurar no sólo que ésta siga llegando, sino que genere los beneficios que de ella se esperan, refiere un reporte de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Un análisis del organismo señala por ejemplo que en el sector primario mientras más capital extranjero hay existe mayor disminución del empleo debido al uso de maquinaria que desplaza a la mano de obra.

El estudio del organismo internacional destaca que México es uno de los países de mayor atractivo para la IED debido a su estabilidad política y macroeconómica, su localización geográfica estratégica, su oferta de mano de obra calificada y competitiva, así como el acceso preferencial al mercado de 46 países mediante su red de tratados de libre comercio y la protección que ofrecen los Acuerdos de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones (APPRI).

En el texto, denominado Políticas para la atracción de inversión extranjera directa como impulsora de la creación de capacidades locales y del cambio estructural El caso de México, la especialista Luz María de la Mora Sánchez señala que los flujos de capital extranjero recibidos por el país anualmente representan alrededor de 2 por ciento del producto interno bruto (PIB) y se espera que con la reforma energética la cifra llegue a 3 por ciento del PIB.

Detalla que el actual marco legal contiene pocas restricciones y otorga previsibilidad y seguridad al inversionista extranjero, factores que han sido determinantes para convertir a México en un país atractivo para la IED.

Sin embargo, señala que la dinámica de la IED ha acentuado las disparidades en el desarrollo regional pues las áreas rezagadas no han sido capaces por sí mismas de constituirse en polos de atracción de capital extranjero para superar las deficiencias propias del desarrollo y no ha habido una política orientada al desarrollo de éstas, salvo por la reciente iniciativa de crear zonas económicas especiales en el sur del país.

Esto no es menor en la medida en la que la IED ha sido considerada como uno de los motores del desarrollo nacional, señala el organismo de Naciones Unidas.

Recordó que durante la etapa de restricción a la IED en el país los gobiernos en turno establecieron reglas que limitaron las actividades en las que el capital extranjero podía participar y que la Ley para Promover la Inversión Mexicana y Regular la Inversión Extranjera de 1973 concibió a ésta como un complemento de la inversión nacional para poder hacerse de tecnología y conocimientos a los que de otro modo no se habría podido tener acceso.

Inicialmente, la perspectiva era salvaguardar la independencia económica y utilizar al capital extranjero para acelerar y apuntalar el proceso de industrialización, pero las cosas cambiaron a partir de los años 90, con la liberalización de la economía y la amplia desregulación de la IED.

Insuficientes recursos para investigación y desarrollo

A partir de entonces, señala el estudio, el gobierno mexicano ha confiado el atractivo del país para el capital extranjero a la aplicación de un marco regulatorio a partir de leyes y reglamentos que permiten la participación del capital extranjero en una diversidad de actividades, sin intervenir proactivamente en la forma en la que la IED podría incidir sobre el desarrollo del país.

Más aún, alerta que a lo anterior se suma la baja inversión que el país realiza en investigación y desarrollo, que apenas llega a 0.5 por ciento del PIB, lo cual frena el desarrollo tecnológico y los beneficios de la transferencia de tecnologías avanzadas.

El estudio de la Cepal concluye que México requiere con urgencia de una política proactiva de atracción de IED con una mejor articulación entre las necesidades del desarrollo del país con los intereses de las empresas extranjeras, pues señala que es a partir de la realidad y estado de desarrollo que se podría aplicar una política activa de atracción de IED con objetivos claros, coherentes y consistentes.