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El estante de lo insólito

Ramón Bravo: el soñador de tiburones

Pensó que no podía acobardarse y perder aquel juego en donde todas las apuestas estaban en su contra, ya que su vida iba de por medio y no había regreso de la muerte.
Ramón Bravo. Tintorera.

Explorador submarino

C

onsiderado el más importante explorador submarino de Latinoamérica, el coahuilense Ramón Bravo fue un pionero fantástico del periodismo, la exploración y la divulgación de los océanos. Atleta de excelencia, fue 12 veces campeón nacional de natación y representó a México en los Juegos Olímpicos de Londres, 1948, y Helsinki, en 1952. Jugó futbol Americano en Liga Mayor con Los Pumas de la UNAM, estudió periodismo y ejerció de inmediato en el periódico El Universal, donde hizo destacados reportajes sobre deportes, pero donde ya incluía temas del mar.

De las albercas olímpicas y la velocidad de competencia en la superficie acuática, Bravo pasó a las primeras escafandras, cuando los equipos de buceo pesaban demasiado, y los cinturones contenían muchas placas de plomo para alcanzar a compensar las necesidades de hundimiento, con esfuerzos mayores para tener un buen nivel de flotación. Con un grupo de pioneros del Centro de Deportes Acuáticos de México, Ramón exploró lo que ahora es la zona de playa más popular del país en el Caribe, desde Cancún hasta Isla Mujeres y Cozumel, descubriendo decenas de barcos hundidos de toda clase. Se aficionó a la fotografía especializada (ganó premios internacionales) y muy pronto tomaría también el camino de las filmaciones. Había gran complicación con los blindajes de la época, haciendo un equipo portátil acuático que no había sido creado para ese ambiente. Después llegarían las cámaras modernas y Bravo también supo aprovechar sus ventajas técnicas. Allá donde se confunde la perspectiva y engaña la cercanía de las cosas, donde el sonido se diluye entre corrientes, el buzo mexicano captó prodigios entonces ignotos para la mayoría.

Cicatrices y enseñanzas

Ramón Bravo tenía una cicatriz por ataque de un tiburón toro en un brazo durante la filmación de Sangre en el Caribe (Rafael Villaseñor Kuri, 1982). El peligroso momento fue registrado en celuloide desde el ataque hasta la cirugía. Sobrevivió a las garras de un oso polar en el Polo Norte, fue el primer hombre en bucear con las orcas sin reja de por medio, logrando imágenes excepcionales que fueron cimiento de su reputación como fotógrafo profesional bajo el agua.

Las filmaciones de su hazaña con las orcas atrajo la atención de la máxima autoridad mundial sobre los mares: Jacques-Ives Cousteau. El francés invitó entonces a Ramón Bravo para formar parte de una tripulación de élite a bordo del legendario Calypso. Con cámara y sin ella, el mexicano aportó en forma significativa a una serie de exploraciones que cambiaron la forma de ver los misterios bajo las olas. Otro fundamental de las misiones marinas, el italiano Bruno Vailati, también lo contó entre su equipo base, lo que obligó al mexicano a mudarse por un tiempo a Roma.

Bravo no paró nunca. Sus documentales fueron premiados lo mismo en Europa, Aventuras en el Golfo de California (1985), fue exhibido con gran éxito en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que en Estados Unidos o México, donde obtuvo el Premio Nacional de Periodismo en 1979. Con Reino marino, Mi a migo el mar y El mundo submarino de Ramón Brav o, aportó las primeras emisiones sobre periodismo de naturaleza subacuática en nuestro país. Un género considerado para expertos, pero que él condujo y produjo en forma amena, sensibilizando a los espectadores sobre el aprecio que se debe tener hacia los océanos. Lo consiguió apoyado por Hugo Stiglitz, hombre de cine que lo presentó con Fernando Díez Barroso, quien se interesó en que el material de Bravo, de prestigio mundial, encontrara pantalla en su propio país. El mismo Stiglitz le presentaría a José Luis Ramírez, quien tuvo la exclusividad de sus novelas para Editorial Diana.

Historias y escenas

Ramón Bravo hizo fotografía submarina para muchos largometrajes, además de los que adaptaron sus propias ficciones. Fue responsable de seguir bajo el agua a Andrés García como Chanoc, en la cinta (Rogelio A. González, 1967) del mismo nombre que llevó a la pantalla al famoso personaje de la historieta. Ramón Bravo y Andrés García coincidieron después en Ciclón (René Cardona Jr., 1977), donde Andrés tiene navío turístico (llamado Moby Dick para no andar con pequeñeces) para admirar peces a través de un acrílico. El mal tiempo llega y la embarcación queda a la deriva. El paradisiaco Cozumel se transforma en espacio mortal con amenaza de tiburones. La cinta tiene un clímax impactante con ataque multitudinario de tiburones, donde Bravo realizó impresionantes tomas con dobles de acción en el agua, vistos en el mismo plano en que les cruza una tintorera real. Así, en mar abierto y con los escualos merodeando presas.

Bravo escribió varios libros, algunos fueron guía de buceo especializado ( Buceando entre tiburones, Buceando entre las orcas, Buceando en el Polo Norte…) para nuevos submarinistas, y tuvo un gusto especial por incursionar en la narrativa literaria con historias desarrolladas en el mar, como Cisne negro, Un tesoro bajo el mar y Sirenia. También pudo acompañar películas inspiradas en sus propias novelas, como Carnada –con versión cinematográfica de José Juan Munguía (1980) titulada Carnada. La pasión del Fénix–, pero sin duda fue su primera entrega de ficción, la novela Tintorera, la que le dio gran popularidad aún entre quienes desconocían su labor submarina internacional.

Foto
Ilustración Manjarrez

Tintorera vendió miles de ejemplares (publicado por la editorial Diana), tuvo que reditarse varias veces y sus derechos se convirtieron en obra de adaptación cinematográfica para una película del cineasta René Cardona Jr. El filme es ahora considerado de culto por demasiadas cosas, como que se haya filmado con un tiburón tigre auténtico (además de tiburones de otras especies), en set acordonado en mar abierto en el Caribe, en la zona de Cozumel e Isla Mujeres. La película tiene seguidores en muchas partes del mundo, donde también es conocida Killer Shark o Tiger Shark. Ramón Bravo logró en Tintorera varias imágenes de portento que enmarcan a los protagonistas con los tiburones en movimiento, sin ninguna clase de cortes. Uno realmente puede ver a los actores interactuando con los depredadores a muy corta distancia. No hay muñecos, robots o dobles. Es famoso que la tintorera protagonista atacó a Hugo Stiglitz en plena filmación. Era un animal espectacular, de gran tamaño y que fue capturado para filmarlo en aguas confinadas.

Tras el éxito de Tintorera, René Cardona Jr. y Ramón Bravo trabajaron en Triángulo diabólico de las Bermudas (1978). El seguimiento de los escualos recuerda las escenas que Ramón Bravo filmó para El cazador de tiburones (Enzo G. Castellari, 1979), filme italiano hecho en México y estelarizado por Franco Nero. Triángulo diabólico de las Bermudas tiene la particularidad de presentar a quien sería un buen amigo de Bravo: el histórico director de cine John Huston, quien hace el papel de Edward, hombre que ansía encontrar una ciudad hundida. Bravo tenía en su casa una bella pieza de escultura que le obsequió Huston.

Para el cine internacional filmó largometrajes como Beyond the reef (Frank C. Clarke, 1979); El cazador de tiburones (Enzo G. Castelari, 1979), estelarizada por el actor italiano Franco Nero; Leviathán: el demonio del abismo (George P. Cosmatos, 1989), y la aventura de James Bond License to kill (John Glen, 1989). El Galeón, otra famosa novela de Bravo, llegó al cine como El arrecife de los alacranes (Hugo Stiglitz, 1994). Las escenas submarinas son impresionantes, con actores chocando con auténticos escualos, si bien no es la misma tintorera que ataca extremidades humanas en los primeros planos. Sería su última filmación para el cine.

Duerme soñando

En 1978 Bravo filmó por primera vez la cueva de los tiburones dormidos en Isla Mujeres. Un fenómeno desconocido que impactó a escala mundial en la investigación sobre el comportamiento de escualos. Investigadores y buzos deportivos de todo el mundo acudieron al Caribe mexicano para constatarlo y hacer registro de notas y filmaciones. Sigue siendo un foco de interés del submarinismo internacional. Veinte años después, el 21 de febrero de 1998 murió el gran submarinista mexicano. Sus filmaciones para el cine siguen siendo motivo de admiración, aunque lamentablemente su gran trabajo de investigación y divulgación sobre los ecosistemas marinos no ha tenido suficientes espacios de recuperación y retransmisiones. Ni siquiera la sala que llevaba su nombre en el Acuario de Veracruz se mantuvo como tal. Es una tristeza que no se le reconociera como merecía.

La urna con las cenizas del también llamado Cousteau Mexicano, el hombre que enseñó a tantos a ver y a querer al mar, bajó siete días después de su muerte al fondo marino con las condecoraciones que no se enmarcan, pero que llenaron su trayectoria, para que se cumpliera su última voluntad: que sus cenizas se esparcieran entre tiburones dormidos; así lo quiso, eligiendo la cueva mítica como su espacio de descanso eterno, como si en su adiós hubiera querido llenar el océano de sueños. Con equipo de buceo, ante la cruz instalada por una iniciativa suya en la profundidad del oleaje cálido, familiares, colaboradores y amigos descendieron con la urna, hasta con buzos insospechados, como el presidente de México, Ernesto Zedillo, y el adiós fraterno de un amigo especial con quien anduvo las aguas del mundo: Jean Michel Cousteau. La placa que se colocó para ser custodiada por aletas y fauces predatorias dice: Ramón Bravo, protector del mar océano, duerme por siempre al lado de los tiburones que siempre quiso en esta cueva.

nas@yam

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