20 de enero de 2018     Número 124

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Sierra Tarahumara, Chihuahua

Celebrando la vida y la muerte
entre los guarijó


Una pequeña ofrenda en la tumba de un difunto. Panteón de Arechuyvo, Uruachi, Chihuahua, 1 de noviembre, 2006.

Claudia Jean Harriss Clare

Para los pueblos indígenas del centro y sur del país, las representaciones y prácticas asociadas con el Día de los Muertos son reconocidas por sus vistosas celebraciones ricas en simbología, comida y música. En términos sensoriales, estás expresiones son contrastantes cuando las comparamos con las sutiles particularidades de las creencias y costumbres de los guarijó del noroeste mexicano que, no obstante su compleja filosofía, mantienen formas celebratorias que podrían pasar como desapercibidas por nosotros.

La mayoría de los hablantes del guarijó (warijó- variante de la lengua guarijío) viven en las Barrancas de la Sierra Tarahumara. Para celebrar y agradecer a Dios por la vida, las cosechas y el monte (el agua, las plantas y los animales), participan en un complejo calendario de fiestas llamadas tuguri o tuburada. A lo largo de la vida, cada individuo mantiene la obligación de realizar varios tuguri, para el beneficio de todo el entorno.Durante la celebración, los músicos de arpa y violín tocan los sones para los danzantes de paskola que invocan los animales del monte, mientras que las mujeres bailan frente al maestro rezandero, llamado maynate o yawimóloma, quien canta al ritmo de tres sonajas, representativo de los días tomados por Dios en la creación del mundo.

Así mismo, cuando una persona muere, los familiares organizan a manera de velorio un tuguri en el patio de la casa. El difunto es ubicado sobre un catre, prenden velas y hay una mesa cercana con pequeñas ollas miniaturas con comida y ofrendas de bebida y cigarros. Al igual que durante su celebración de la vida, el maestro rezandero canta por tres noches, invocando a los animales del monte y para despedir al difunto. Durante estos días, la música es apenas percibida y la gente se mantienen hablando en susurros para no estorbar el fallecido.

Para su entierro, un ataúd de pino es elaborado por los hombres. En la caja los familiares ponen todas sus posesiones: cigarros, una botella de sotol, su navaja, algunos burritos de frijoles y un frasco de café para su camino. Según las creencias, cuando una persona muere, inicia una caminata similar a la habitualmente emprendida durante la vida por las veredas de la sierra. Entonces, es importante que lleve todo lo que va a necesitar, ya que este viaje lo llevará al tiempo equivalente de otra vida entera.

Estas acciones tienen la finalidad de que el fallecido “agarre su camino, bien comido y contento”. También implica que sus ancestros mantienen una presencia constante en las rancherías, las veredas y el monte. Por lo tanto, a manera de rito cotidiano, la gente tiene la costumbre de tirar pequeñas migajas de tortillas y cucharadas de café con azúcar, esto es con la finalidad de mantener a sus muertos contentos. De otra forma, los fallecidos podrían molestarse y provocar pesadillas y sustos entre los vivos, lo que puede causar enfermedades e inclusive la muerte.


Gente indígena guarijío en una junta con personal del DIF del municipio de Álamos.

A partir de estas creencias, el cementerio es considerado tierra sagrada; lugar que no debería ser pisado para ningún motivo o festividad. Estas ideas comprenden el Día de los Muertos. Inclusive no se debe tocar la misma tierra del panteón que podría ser usado para hacer daños vía el hechizo.  Entonces, es de esperar que dentro de este orden de ideas, no debería de haber ninguna actividad celebratoria con música en el panteón, tampoco en todo momento hay que evitar la manipulación de la tierra alrededor de las tumbas, ya que estas acciones también podrían estorbar el camino de los muertos. Por este motivo, los guarijíos no se acostumbran a visitar el panteón para la limpieza y puesta de velas y flores en las tumbas. Al contrario, para ellos es importante dejar que el tiempo mismo desgaste el sitio hasta su desaparición, lo cual sería señal de que “ya se fue el difunto” asegurando así, que no molestaría a los vivos.

Como se ve, sus creencias y prácticas contrastan con las vistas en otras latitudes, mismas que son promovidas en el material escolar producido por la SEP, que no reconoce las particularidades culturales locales de los indígenas del noroeste. Sería importante valorar las delicadezas que éste y otros pueblos ofrecen como parte de la rica diversidad cultural del país.

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