17 de febrero de 2018     Número 125

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Mujeres matlatzincas: la dieta
de milpa-monte-traspatio

María del Carmen Guzmán Márquez, Alejandra D. Benítez Arciniega, Ivonne Vizcarra Bordi y Lizbeth Morales González


Ciclo agrícola del maíz, así como la disponibilidad de los alimentos que hay de acuerdo
con cada época del año. Fuente elaborada por María del Carmen Guzmán Márquez

Las mujeres matlatzincas construyen su identidad femenina en función de ser y estar para otros. Su fuerte presencia se hace evidente frente a las múltiples responsabilidades y actividades que desempeñan dentro y fuera del hogar, como la crianza de los hijos, preparación de alimentos, diversas labores que generan ingresos, compromisos sociales, actividades del campo y sus escapes recreativos.

En este texto nos referiremos a su participación en el ciclo agrícola del maíz nativo, eje central y base de su alimentación, del cual obtienen la dieta milpa-monte-traspatio (MMT), que además tiene un significado simbólico, considerando a cada una de sus comidas como una fusión de ingredientes, olores y sabores que le dan singularidad a la dieta matlatzinca.

González-Jácome define a la milpa como un sistema de cultivo en el que, si bien destaca el papel del maíz, incluye la siembra de diversos alimentos y la presencia de plantas silvestres que se benefician de los nutrimentos disponibles en la tierra, enriqueciendo los alimentos y reflejando la identidad cultural de una comunidad y su profunda conexión con la naturaleza.

Una extensión importante en la producción de alimentos para autoconsumo se encuentra en el traspatio, jardín o huerto que puede estar junto a la milpa o la casa y que puede incluir la crianza de ganado, aves de corral, árboles frutales y plantas de ornato, así como plantas comestibles, medicinales y rituales.

El acceso al monte favorece la disponibilidad de otros alimentos, producto de la recolección o la caza.

La disponibilidad de los alimentos se da con base en el ciclo agrícola del maíz nativo:

Enero-marzo: se prepara la tierra (escardada- volteo-segunda escarda y surcado); las familias disponen de maíz, frijol y papa del ciclo anterior.

Abril-mayo: siembra del maíz, variando las fechas dependiendo de la primera lluvia y el acceso a la punta de riego. A la dieta se suman habas, chícharos y quelites.

Junio-julio: fertilización, a partir de esta etapa se considera el gran periodo de lluvias por lo que la milpa provee también legumbres como calabaza, chilacayote y flor de calabaza.

Agosto-septiembre: se intensifica el cuidado de la milpa con el deshierbe a mano, deja de consumirse haba y flor de calabaza, y se dispone del elote tierno.

Octubre-noviembre: la cosecha varía de acuerdo con la primera helada. Es el periodo de tránsito hacia el tiempo de secas.

Diciembre: la tierra descansa. Desde octubre hasta finales de diciembre prevalece el consumo de maíz, frijol, papa y chilacayote.

Estos productos de la tierra se complementan con alimentos preparados como atole, tamales, tostadas y tlacoyos que son consumidos durante todo el año; así como el pan representativo de la comunidad el “mistú” (pan elaborado con harina de trigo, piloncillo, agua y canela, cocido en horno de leña), una gran variedad de chhówi (hongos) que en temporada de secas y de lluvias alimenta a los pobladores, además del té de monte, hierba a la que se atribuyen virtudes medicinales y que acompaña el desayuno o almuerzo y la cena.

Entre las mujeres matlatzincas y la tortilla de maíz se da una de las relaciones más íntimas: ellas le dan forma al triskel (bola de masa de maíz que se forma para hacer una tortilla), prensan la masa y la echan por primera vez al comal formando la espalda, es decir la parte más gruesa de la tortilla, la cual no puede entenderse sin el trabajo agrícola previo.


Las mejores mazorcas de la cosecha son desgranadas y utilizadas para la próxima siembra
FOTO: María del Carmen Guzmán Márquez

Es fundamental resaltar que las mujeres matlatzincas expresan sentimientos encontrados relacionados con una de las actividades principales asignadas al género femenino: la preparación de la comida para los demás. De acuerdo con su estado de ánimo perciben esta tarea como una responsabilidad emotiva: si están contentas les da gusto, dan gracias a Dios por tener comida y lo hacen con amor. Si están enojadas dicen que lo hacen porque es la obligación que tienen que cumplir por el hecho de ser mujeres y se sienten atadas con pocas libertades.

Finalmente, una vía para entender la relación entre las mujeres, el ciclo agrícola y la alimentación es acercarse a las prácticas rituales en torno al ciclo del maíz, a los conocimientos tradicionales y a los acomodos que se legitiman para que las mujeres sean valoradas socialmente en la conservación de la cultura del maíz, que aún prevalece en la última comunidad matlatzinca del Estado de México.

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