17 de febrero de 2018     Número 125

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Mujeres y hombres en la milpa
de una comunidad triqui alta

Liliana Martínez López, Beatriz Martínez Corona, Emma Zapata Martelo y María del Rosario Ayala Carrillo


Maiz y frijol. Mujeres trabajadoras

Uno de los sistemas más importantes de producción en los grupos domésticos campesinos e indígenas en México es la milpa, que data de tiempos prehispánicos y consiste en combinar cultivos que continúan siendo la base de la alimentación de la población campesina e indígena en diversas regiones del país. Incluye la planta de maíz con diversas especies de frijoles, calabazas, quelites o arvenses. En este sistema de producción participan mujeres y hombres aportando saberes y trabajo que pueden ser complementarios, pero también diferenciados.

Las construcciones y asignaciones de género y etnia conducen a que hombres y mujeres en los grupos domésticos campesinos e indígenas tengan diferentes funciones y responsabilidades y con ello diferencias y desigualdades en el acceso a recursos en la distribución del trabajo y en el reconocimiento del mismo entre sus integrantes. Así se establecen distintas relaciones con los recursos naturales y productivos y en el desarrollo de saberes, acceso a la toma de decisiones y prestigio. En la localidad de Santo Domingo se identificaron estas diferencias. La comunidad se ubica en la región triqui alta, en el municipio de Putla Villa de Guerrero, en el estado de Oaxaca. Presenta alta marginación y rezago social. Con 927 habitantes, 479 mujeres y 448 hombres, hablantes de triqui y español; 31.4% de los hogares tiene jefatura femenina, superior al promedio nacional (27.6%).

La tenencia de la tierra es comunal, con acuerdos de asignación de parcelas. Se practica la agricultura en dos sistemas de producción de milpa: tradicional, basado en el barbecho con yunta, y otro con prácticas de roza-tumba y quema. Otras actividades económicas son: venta de fuerza de trabajo y producción artesanal de tejidos que las mujeres realizan.

A través de entrevistas se analizó la diferenciación por género -de acuerdo con el tipo de jefatura del hogar- en el manejo y conservación de las semillas de maíz, frijol y chilacayote en la comunidad y en diversas actividades productivas de la milpa como la siembra, la fertilización y deshierbe. Se encontró que es en las actividades de cosecha y postcosecha en ambos sistemas, donde las mujeres tienen un papel preponderante en seleccionar y conservar las semillas nativas, lo que contribuye a mantener la diversidad biológica en la localidad.

En el caso de las mujeres casadas [jefatura masculina de hogar], participan en el deshierbe, fertilización, cosecha y manejo de la cosecha, dependiendo de la existencia o no en el grupo doméstico de fuerza de trabajo masculina suficiente y de la posibilidad de contratación de jornaleros y jornaleras. Ellas identifican su aporte en el trabajo productivo de la milpa como actividad donde la responsabilidad y toma de decisiones es de los hombres. Son conocedoras de los ciclos productivos, participan en las cosechas y selección de semillas, aún y cuando no se da reconocimiento explícito a este trabajo.


Maices criollos producidos en la Comunidad de Santo Domingo del Estado

La falta de reconocimiento trasciende incluso en diferencias de pago de jornales a hombres y mujeres. Ellos reciben mejor remuneración por considerar que emplean más fuerza en su trabajo, a pesar de que se prefiera a las mujeres en la cosecha de frijol por ser más cuidadosas en el proceso.

Las mujeres seleccionan el grano de maíz después de la cosecha en función del uso que se le dará: preparación de nixtamal, alimentación de ganado pequeño y semilla; hacen una inspección detallada, deshojan las mazorcas, desgranan, separan granos “buenos” de los “malos”, y almacenan las mazorcas. Sus saberes culinarios influyen en la toma de decisiones en la producción de determinadas variedades de maíz y frijol, chilacayote o calabazas y para que se sigan reproduciendo diversidad de quelites útiles en la alimentación.

Las construcciones sociales y relaciones de género, que posicionan a los hombres en el ámbito productivo y a las mujeres en el ámbito reproductivo y privado influyen en la participación en las actividades de la milpa. Solo a las mujeres viudas [jefatura femenina de hogar] les es reconocido y validado su trabajo en la milpa, por la ausencia de varones en su grupo doméstico.

Lo anterior revela la presencia de visiones patriarcales que niegan la valoración del trabajo productivo de las mujeres esposas en la comunidad, como consecuencia solo tienen acceso a la tierra mujeres que la han heredado de sus esposos o cuando no existen varones en el grupo doméstico a quien heredar, lo que afecta el ejercicio de derechos y su participación en la toma de decisiones comunitarias.

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