17 de febrero de 2018     Número 125

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada


Códice Mendoza

La metáfora

Ivonne Vizcarra Bordi  ivbordi@yahoo.com.mx

El libro Volteando la tortilla fue concebido a partir de una representación metafórica de la construcción de la masa crítica requerida para desarrollar la conciencia humana, la cual funciona como motor para cambiar estados de conciencia a partir de experiencias sobre las relaciones que establecen las mujeres indígenas y rurales con la cultura del maíz. Hablamos de la tortilla en su configuración metafórica para observar desde un lado de la realidad -teórico, narrativo y empírico o en su praxis- cómo es echar de la palma, la cantidad indicada de masa de nixtamal extendida en forma de disco al comal caliente para que empiece su cocción.

En la acción de voltear la tortilla se busca la posibilidad de una nueva realidad, en un movimiento de presente y de futuro, de relaciones inéditas listas para descubrir atributos insospechados de la realidad explicada hasta ahora, porque sin esa quimera, ¿hacia dónde dirigimos nuestro andar, actuar reflexionar, proponer, cuestionar, interpretar, razonar, confundir? La experiencia de miles de mujeres indígenas y rurales a través de la historia de la relación del pueblo mexicano con el maíz presenta las condiciones idóneas no sólo para comprender la metáfora “voltear la tortilla”, si no, sobre todo, para elaborar esquemas de pensamiento desde la subalternancia, en la formación de esa masa crítica requerida para el cambio sutil de la conciencia total de la humanidad (cuerpo, mente y espíritu) que se busca.

Dependiendo de esas experiencias podemos distinguir cuatro etapas: pre-conciencia, conciencia colectiva, conciencia individual y conciencia transcendental o de cambio de una nueva realidad de la humanidad. Estas etapas están inspiradas en el libro de Gabriel Vigil sobre las Claves de la evolución de la conciencia (2011). El proceso para pasar de un estado a otro de conciencia se da en forma escalonada y ascendente (de I a II, a III y a IV), accediendo a la formación de la masa crítica y por esa razón nunca se pueden saltar las etapas, ni regresar hacia atrás una vez alcanzado un estado de conciencia mayor. En el libro, cada etapa representa el número de veces que se puede voltear la tortilla de las manos de las mujeres al comal y al chiquigüite.

---Primer volteo. Es la pre-conciencia o estado de confusión, pues el sujeto aún no se define como tal, ya que aún no se da cuenta de la realidad y vive a través de los instintos. La realidad o el objeto es la cultura patriarcal que ha legitimado las asignaciones de los roles de género; los niños a la milpa y las niñas al hogar. La división sexual de trabajo se naturaliza desde la infancia, las mujeres no se definen aún como sujetas responsables de la alimentación, solo están reaccionando para subsistir obedeciendo por designio de género. La masa crítica en esta etapa se construye cuando ellas comienzan a vislumbrar derechos diferenciados a los espacios, a los recursos productivos y en términos de bienestar social (educación, salud, vestido).

Segundo volteo. Cuando se establece una relación con la realidad, con el objeto, surge el sujeto. Se trata de una conciencia colectiva, dominada por las emociones y el sistema de creencias. Las mujeres son disciplinadas con la cultura patriarcal como realidad en sus diferentes acepciones institucionales. La semilla y el grano de maíz se humanizan en esas relaciones, pero aún no dimensionan los riesgos que amenazan su permanencia en sus vidas.  El estado mental al que recurren para protegerlo es más de carácter emotivo y religioso, lo que permite que los diferentes rituales sirvan como productores de esa relación afectiva. Pero concientizarse volteando la tortilla, puede ser un mecanismo de reivindicación femenina y de superación personal para defender la cultura de la alimentación del maíz, cobrando un sentido crítico de lo transformativo para el bien común.

Tercera vuelta. Se da la conciencia individual, basada en experiencias personales. Se trata de una conciencia basada en el razonamiento analítico y de dominio del sujeto hacia los objetos (realidades). Las mujeres indígenas y campesinas que siguen volteando la tortilla se convierten en referentes importantes para innovar en la agroecología, nuevos modos de convivir con la naturaleza y la sociedad y recuperar la soberanía alimentaria desde las mujeres, implicando procesos de empoderamiento femenino en la conservación del maíz nativo in situ.

Del comal al chiquigüite la última vuelta. Con la conciencia del cambio social trascendental se da el nacimiento de otra humanidad, con seres que viven en el desapego, en el servicio con amor, transcendental, multidimensional, donde se concreta el fin de las relaciones de dominación entre sujetos y objetos. Se reconocen como seres de sabiduría, de compasión y paciencia, que esperan la formación de masa crítica, sin juicios ni prejuicios. Ofrecen mensajes o consejos que reconfortan el alma cuando advierten desesperanza. Son esas mujeres que viven en comunión, pero sin sujetar “la Madre Tierra”. Se compadecen sin sufrir porque entienden que siempre se puede voltear la tortilla para ver más allá de la realidad que somete y produce sufrimientos e inclusive satisfacciones ecoicas.

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