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Nosotros ya no somos los mismos

Candidatura independiente: ¿de quién?

La venerable herencia del pueblo

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En el Foro Sol, miles de priístas atestiguaron la toma de protesta de Juan Antonio Meade como candidato de su partido a la Presidencia de la RepúblicaFoto Marco Peláez
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a prerrogativa que otorga a todo ciudadano el derecho a aspirar a ser Presidente de los Estados Unidos Mexicanos está asentada en el artículo 35 de nuestra Carta Magna. Los requisitos que deben cubrir quienes quieren ostentar tan alto encargo se describen, tanto en los artículos 82 y 83 como en las leyes en materia electoral, que fijan los requisitos, condiciones y términos que todo ciudadano debe cubrir si toma la decisión, ¡Y qué decisión! de enfrentar a la aguerrida partidocracia que nos domina y disputarle, en solitario (independiente se dice, y yo pregunto, ¿de quién?) el botín pluripartidista.

Al respecto de estas candidaturas, los pros y contras son infinitos. Yo, lo declaro públicamente, estoy formado por el sí. Considero que un régimen que se declara, se ostenta, como popular, democrático, representativo, republicano, laico, no puede de entrada ser, por motivo alguno, excluyente.

Es inimaginable regresar a los tiempos del PAN fundacional (me refiero obviamente al siglo XlX), cuando el derecho al voto y no se diga a ser votado, estaba condicionado a que los electores tuvieran bienes suficientes o ingresos de consideración que los hicieran, evidentemente, gente honorable. Contaba también, por supuesto la tez, el origen y la correcta pronunciación y comprensión de rediez, Aranjuez y no jodéis.

Pienso que el pueblo llano debe tener derecho a escoger, aún a quienes lo van a dejar más llano todavía, merced a la infamia de un voto cooptado, inducido, cambalacheado gracias a las carencias y urgentes necesidades que van desde un tambo de agua, un tinaco o la esperanza de un sufragio que reditúe, ahora, lo que nunca me llegará mañana. No comparto la demagógica, ridícula y fantasiosa pretensión de que el pueblo, nada más por serlo, siempre tiene la razón o que nunca se equivoca. Por el contrario, estoy convencido que amplios sectores de ese enorme conglomerado identificado como el pueblo, están en condiciones muy precarias para identificar lo que verdaderamente es correcto, cierto y conveniente. Mínimos conocimientos, información insuficiente, pobre manejo de la castilla para expresarse y darse a entender y las miles de carencias, limitaciones de todo tipo que son, al tiempo, causa y consecuencia del atraso, la marginación, la sobrexplotación.

No debería tener la necesidad de hacer aclaraciones sobre esta pesada afirmación acabada de formular, pero ante el temor de que el excelentísimo señor Eduard R. Malayán, embajador de Rusia en nuestro país, exhibido y denunciado por el honorable, rectilíneo, impoluto, apolíneo y dionisíaco vocero, Javier Lozano, interviene impúdicamente en actividades que son exclusivas de los ciudadanos mexicanos, como es la grilla política, le dé a mi opinión una dolosa interpretación y me haga aparecer como un taimado menchevique, decidí adelantarme y aclarar: pienso que los pueblos del orbe tienen casi tantas posibilidades de errar en sus juicios y decisiones, como los Papas, todos (aunque hablen ex cátedra). Desde el sacatón del apóstol Pedro (antecedente directo del inimputable Vicente: ¿Y yo por qué?), hasta el querido che Francisco, a quien los matusalenes del Sacro Colegio Cardenalicio le ponen zancadillas un día sí y el otro, doble. Pero con sólo una salvedad: ese infelizaje, ese lumpen, tiene el sagrado derecho de decidir rumbo, tiempos, destino y, si se equivoca, intentarlo de nuevo una y otra vez. A los militantes, a las avanzadas, a las vanguardias ideológicas, a los que pomposamente asumen el rol de promotores, generadores de la conciencia de clase corresponde el proselitismo, la cooptación, el regar polvorita, compartir los saberes y proveer las explicaciones científicas, no la superchería, del mundo, de la vida, de la(s) historia(s), pero nunca tomar las decisiones fundamentales que sólo corresponden a los dueños de su propio destino.

Pienso, antiguo de mí: que hay que sermonear escuchando; enseñar aprendiendo y, por supuesto: mandar obedeciendo. ¿El pueblo siempre acierta, tiene la razón en automático y no se equivoca jamás? ¡Claro que no! ¡Por supuesto que no! Pero su derecho a decidir para acertar o equivocarse, reincidir, variar o corregir es innato. No es mandato del Altísimo. (O del de más abajo). Es la chapuza con la que a todos pretenden embaucarnos: el libre albedrío. Todo ser humano está facultado para decidir por el bien o por el mal… Ah, pero todos los seres creados por diosito nacemos inoculados por la concupiscencia o inclinación al mal. O sea, ¿cartas marcadas, con las que Él, en un juego de poder total, habrá previamente decidido que tu libre albedrío ya tenía un color asignado?

Una vez más las cuentas del espacio y los datos que deseaba comunicar no me salieron y la información que para esta ocasión tenía preparada, va a quedar por esta vez mocha. La aclararé más tarde y con singular esmero, pues me ha ocasionado serios problemas de conciencia, de escrúpulo y hasta de apreciación, un tanto pretenciosa de mi persona y mi trabajo. No me fue fácil la decisión de escribir, después de dos meses de análisis y corroboración de hechos y dichos sobre lo que los coahuilenses de las más diversas militancias políticas y posturas ideológicas consideran que son una realidad palpable sobre la vida de su entidad al terminar 2017.

En seis años se logró disminuir 93 por ciento los homicidios. Se invirtieron más de 5 mil millones de pesos para mejorar la seguridad y la procuración de justicia.

Se crearon 235 preparatorias y ocho nuevas universidades tecnológicas y politécnicas.

Se generaron 162 mil nuevos empleos formales y se organizaron 117 ferias de empleo.

El estado tiene la tasa de de-socupación más baja de los últimos 10 años, y ocupa el tercer lugar nacional en formalidad laboral.

Coahuila es la tercera entidad más industrializada del país. El 52 por ciento del producto interno bruto estatal se encuentra en el sector industrial. Asimismo, es el estado con mayor PIB per cápita, equivalente a 202 mil pesos.

Además, es el segundo estado que más aporta al desarrollo económico de México, y el segundo estado más exportador del país.

En cuanto al tema de desarrollo social y pobreza, Coahuila ocupa el cuarto lugar a escala nacional con menor pobreza extrema. Durante los recientes años, las familias más vulnerables, aquellas que vivían en esa condición (120 mil), se redujeron a menos de la mitad.

En este periodo se invirtieron 3 mil 805 millones de pesos en infraestructura en salud.

Por otra parte, Coahuila cuenta con la ley de transparencia más moderna y completa de América Latina, y ocupa el primer lugar en índice de información presupuestal.

Finalmente, cabe mencionar que recientemente, se propusieron 247 iniciativas ante el Congreso, además, ahora se cuenta con 83 nuevas leyes y 294 reformas. En este sentido, el estado estuvo en primer lugar en la aplicación del nuevo sistema penal acusatorio, aunado a la construcción de siete centros de justicia penal.

Me faltan datos, pero más me falta tiempo. Por otra parte dejo la puerta abierta para quien no esté de acuerdo me lo haga saber y va mi palabra en prendas: lo daré a conocer.

Envío esta columna después de muchos dimes y diretes amistosos e interfamiliares. La responsabilidad es personal.

@ortiztejeda