Opinión
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Venezuela y los perros falderos de Washington
José Steinsleger
N

ingún historiador ha podido demostrar si el Libertador, en su agonía, habría dicho, dictado o escrito la frase He arado en el mar y sembrado en el viento.

Poco antes de morir, Bolívar despachó cinco cartas a los generales Rafael Urdaneta (dos), otra al general Justo Briceño, una más a su amigo Estanislao Vergara, y la primera dirigida al general Juan José Flores (fechada en Barranquilla, el 9 de noviembre de 1830). Y fue en la última, donde el Libertador usa la expresión de marras, aunque con tono distinto al vulgarizado por sus enemigos y algunos escritores genialmente mentirosos.

El texto, completo, consta de dos párrafos que dicen así:

Vd. sabe que yo he mandado veinte años, y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1) la América es ingobernable para nosotros; 2) el que sirve una revolución ara en el mar; 3) la única cosa que se puede hacer en América es emigrar; 4) este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas; 5) devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos.

Naturalmente abatido por la desintegración de la Gran Colombia, el asesinato del mariscal Antonio José de Sucre, traiciones, deslealtades de última hora, y el delicado estado de su salud, Bolívar remata con amargura:

La primera revolución francesa hizo degollar a las Antillas, y la segunda causará el mismo efecto en este vasto continente. La súbita reacción de la ideología exagerada va a llenarnos de cuantos males nos faltaban, o más bien los van a completar. Vd. verá que todo el mundo va a entregarse al torrente de la demagogia, y ¡desgraciados de los pueblos! Y ¡desgraciados de los gobiernos!

Párrafos en que, proféticamente, con un pie en la tumba, se vislumbran los desaguisados de nuestra historia. Que a su vez embonan con lo dicho por Mark Twain (la historia no se repite, pero rima), usado a modo de epígrafe por la periodista peruana Vicky Peláez en un análisis publicado en la revista Sputnik: El imperio agota recursos para doblegar a Venezuela.

Sin caer en los enfoques políticamente correctos (aunque justamente agoreros) y con información de primera mano, Vicky sostiene que los estrategas de la Casa Blanca y del Pentágono “…están perdiendo toda imaginación para acabar con el legado de Chávez”. Algo que no debería causarnos sorpresa, pues una invasión militar en la patria de Bolívar requeriría, cuando menos, de un comandante en jefe en sus cabales.

Recordemos la invasión a Granada (octubre de 1983), cuando para ocupar una isla con un territorio 3.5 veces inferior a la ciudad de Nueva York (y con menos de 100 mil habitantes), el Comando Sur empleó un portaaviones, dos destructores, tres fragatas misilísticas, un barco de municiones, cinco naves anfibias, 10 acorazados y 7 mil marines que fueron insuficientes para doblegar, de buenas a primeras, a mil 500 granadinos y 700 cubanos que allí trabajaban de obreros de la construcción.

El Comando Sur, recuerda Vicky, tenía ya en 2015 un plan de intervención militar en Venezuela. La Casa Blanca, agrega, calificó aquel plan de poco rentable, y a la misma conclusión llegó recientemente la revista Foreign Affairs, órgano del Conseo de Asuntos Exteriores. Según su cálculo, se necesitarían no menos de 200 mil tropas para invadir Venezuela, y varios años de ocupación, con resultados imprevisibles.

Eso significa –concluye– que la intervención humanitaria se descarta, y lo que le queda a Estados Unidos es usar su táctica de la guerra sucia con la ayuda de sus lacayos venezolanos y los perritos falderos del llamado Grupo de Lima, para quebrar la voluntad del pueblo venezolano (275 mil soldados en las fuerzas armadas, una reserva de 100 mil milicianos, y la miríada de bolivarianos, chavistas y no chavistas, que cerrarían filas contra el invasor).

La expresión perritos falderos no proviene, esta vez, de las izquierdas adjetivas. Fue usada metafóricamente hace pocos días por el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczinsky, en la Universidad de Princeton. Dijo: Estados Unidos se enfoca en aquellas áreas donde hay problemas, como Medio Oriente. No invierte mucho tiempo en América Latina, pues es como un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita, y no genera ningún problema.

Ahora bien. Es posible que Donald Trump está, o se hace el loco. Pero en vísperas de la octava reunión Cumbre de las Américas (prevista para el 13 y 14 de abril), su anfitrión, Pedro Pablo Kuczinsky, podría ser destituido por incapacidad moral permanente a causa del indulto otorgado al genocida y ex gobernante de Perú Alberto Fujimori.

Por tanto, el análisis de Vicky Peláez induce a preguntarnos: ¿qué irá primero en la agenda de los antibolivarianos? ¿Los intereses geopolíticos de Washington y su fijación con China y Rusia, o la imperiosa necesidad las derechas aldeanas para acabar con el ejemplo de los que en Venezuela han desenvainado la espada de Bolívar?