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En exclusiva para La Jornada, Federica Zanco destaca el camino ejemplar del galardonado

Reconocen a Balkrishna Doshi con el Pritzker de Arquitectura

La fundación que otorga el premio elogia su capacidad para respetar la cultura vernácula y mejorar la calidad de vida en su patria

Busco empoderar a los desposeídos, dice el nonagenario artista

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Balkrishna Doshi (sentado y de anteojos), ayer, con integrantes de su familia en su casa en Ahmedabad, India, donde celebró ser galardonado con el llamado Nobel de Arquitectura 2018Foto Ap
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Un aspecto de Aranya, proyecto de viviendas de bajo costo desarrollado por Doshi en Indore, donde habitan más de 80 mil personas en un sistema de casas, patios y caminos internosFoto Ap
Mónica Mateos-Vega
 
Periódico La Jornada
Jueves 8 de marzo de 2018, p. 3

El urbanista Balkrishna Doshi, conocido por sus brillantes proyectos de viviendas económicas en India, su país natal, fue reconocido ayer con el Premio Pritzker, considerado el Nobel de Arquitectura.

Doshi, de 90 años, es el primer indio que gana ese galardón. La Fundación Hyatt, que lo otorga y con sede en Chicago, calificó su obra de poética y funcional, destacando su capacidad para respetar la cultura oriental y a la vez mejorar la calidad de vida en India.

Al conocer la noticia, el arquitecto dijo que la obra de su vida ha sido “empoderar a los desposeídos, la gente que nada tiene”, mediante sus viviendas, que pueden transformar la visión del mundo de sus habitantes, reportó Ap.

En entrevista con ese medio, el galardonado dijo que el premio es un honor para él y para India. “Lo que he hecho durante los recientes 60 años ha sido trabajar en áreas rurales, en la vivienda de bajo costo, temiendo por el futuro de India. Ahora todo esto se junta y me da la oportunidad de decir: ‘¡aquí estamos!’”

Celebración en el mundo

El Pritzker a Doshi fue celebrado por colegas en el mundo. Federica Zanco, directora de la Barragán Fundation en Suiza y amiga cercana desde hace años de quien fue uno de los discípulos más lúcidos del arquitecto franco-suizo Le Corbusier, compartió con La Jornada detalles de la visita que hace poco realizó al arquitecto premiado.

“Balkrishna Doshi vive en Ahmedabad, en el noroeste de India, ciudad extraordinaria por muchas razones, entre otras la de ser el lugar donde Gandhi estableció su ashram y desde el cual empezó la marcha que lo llevó a construir la independencia de su país.

Ahí, una generación de empresarios iluminados invitó a Le Corbusier a realizar varios edificios, entre ellos el Mill Owners Building, y años después, llegó Louis Kahn a producir el maravilloso conjunto del Indian Institute of Management. Doshi no sólo participó activamente en esas obras maestras, sino que transformó esa experiencia personal en un camino ejemplar de vida y de trabajo, mismo que sigue, sin vacilación, hasta hoy, con sus 90 años de edad, 90 años alegres, llenos de risas, de generosidad, de paz interior y exterior, de gran energía, empuje y compromiso ético y social.

Zanco explica que el taller del Pritzker 2018 se llama Sanghat, que significa vamos juntos, abierto al público que lo desee; “ahí trabajan tres generaciones de arquitectos: Doshi, su hija Radhika con su esposo Rajeev Kathpalia, y su nieta Khushnu Panthaki, con su esposo, el alemán Sonke Hoof. Ahí también radica la fundación Vastu Shilpa, que se dedica a desarrollar estudios de sostenibilidad medioambiental integrando arquitectura, urbanismo y una particular atención hacia la tradición constructiva y filosófica local.

“Ahí llegan, a diario, docenas de visitantes, estudiantes, practicantes, seguidores, turistas de la arquitectura, gente que, muy sencillamente, quiere y admira a este gran maestro. Ahí trabajan juntos antiguos y nuevos colaboradores, ahí ‘se hace arquitectura’, como toda artesanía, ‘en colectivo’, y Doshi no es el jefe, sino el gurú, cuya sabiduría conviene seguir y servir con la reverencia que merece, esperando poderla absorber y de alguna manera reproducir, un día, por su propia cuenta.”

“Todo esto puede sonar romántico, cuando en realidad es algo extremadamente práctico, humildemente bien hecho y ni remotamente concentrado en el ego de nadie. Al revisar la producción del taller, se encuentran muchos proyectos de vivienda social, asentamientos urbanos, universidades e instituciones educativas, centros culturales y espacios públicos que, acabados o no, ofrecen un lugar para la vida colectiva, tal vez muy densa, tal vez modesta, o hasta pobre, pero nunca aislada en fragmentos individuales ni tampoco ‘exclusivos’.

“Ahí no se excluye a nadie. Al contrario, se intenta favorecer la integración, el intercambio entre espacio individual y colectivo, entre el acercamiento occidental a la modernidad arquitectónica y la tradición milenaria de un país cuya filosofía de vida influencia profundamente la realidad diaria y su interpretación.

“Las puertas están abiertas, la gente entra y sale, presenta sus respetos al maestro, o le pide su opinión, un consejo, ayuda. Reconocen la fuerza de su personalidad, la verdad de su ejemplo, la bondad de sus enseñanzas. En el jardín de Sanghat hay música de la gran tradición india, flores que flotan en el agua de una fuente, algo que comer para los que pasan, pasto y árboles para los pájaros y los pavorreales que tal vez llegan.

“Afuera el ciclo continuo, y sin parar, de la vida: destrucción y reconstrucción, hasta que la sabiduría individual nos libere de la coacción. Doshi recibe a quien sea con una sonrisa y una buena palabra. Y todo fluye. Él, sí, es un hombre libre. Namasté, Doshi”, dice Federica Zanco.

En su proyecto de viviendas económicas, en Indore, el arquitecto indio acomodó a más de 80 mil personas a través de un sistema de casas, patios y senderos interiores. Entre sus más de 100 obras también está el Amdavad ni Gufa, museo subterráneo con bóvedas y protuberancias redondeadas cubiertas de mosaicos que surgen del suelo, y el Tagore Memorial Hall, dedicado a la memoria del poeta indio Rabindranath Tagore, Nobel de Literatura en 1913.

El Premio Pritzker, dotado con 100 mil dólares, lo recibirá Balkrishna Doshi en mayo, en el Museo Aga Khan en Toronto, Canadá.