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Nosotros ya no somos los mismos

Sin recursos, un tipo echado pa’lante sería simplemente un bravucón

¿Por qué nadie me ofrece una candidatura, aunque sea de mentiritas?

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Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, acudió ayer al INE a solicitar su registro como aspirante presidencial independiente. En la explanada del instituto, el gobernador de Nuevo León con licencia dijo ante unos 2 mil simpatizantes que el honorable cuerpo de consejeros del INE podía crear una nueva historia si lo avalaba, y advirtió que acudiría al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, si no se resuelve el asunto del millón 198 mil firmas que le fueron invalidadas, lo que por ahora lo deja fuera de la boleta electoralFoto Jesús Villaseca
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últiples diccionarios, lexicones, enciclopedias, dicen, bronco: sonido áspero, tosco. Persona de mal carácter, mal genio. Se dice del que es basto, rudo, de trato grosero e inculto. ¿Algo más, o es suficiente?

Si de niño eras así y tus papitos (perdonable hace 50 años) no consideraron que un terapeuta infantil era necesario y urgente, ¿qué hacer ahora? Pues doble, triple terapeuta. Intervenciones al estilo gringo, internamiento en prestigiada clínica de la ­conducta.

Nadie, cincuentón, sesentón, por rico que sea (e iletrado también), se enorgullece de ser apodado El Bronco. Aceptar el alias, mote o sobrenombre, implica que le gusta, que asume, que le enorgullece la tipificación: ser un machín. Las abuelas, de cuya sabiduría no suelo ser devoto, decretarían: presumes de lo que careces. El estereotipo conductual del bronco define al tipo en su más íntima y profunda contextura: me comporto como me gustaría ser, como me gustaría que me vieran y admiraran. Tener dinero y posición, es cierto, ayuda a la construcción de la imagen. Sin recursos, un tipo echado pa’lante sería simplemente un bravucón, un pendenciero. O me equivoco: sin dinero ni posición, lo más seguro es que jamás fuera un bronco. Los telefonemas privados que según algún bronco de moda sostuvo con su cónyuge y que las redes sociales han dado a conocer de manera totalmente delictiva y, por lo mismo irrepetibles por esta H. columneta, nos dejan claro: no hay bronco que coma lumbre.

Pero ya me dijeron que basta de curriculear. Yo ofrecí acatar la instrucción e imaginar: ¿cuáles pueden ser los profundos sentimientos que embargan a los patriotas que ofrecen su entrega a la causa de la ­democracia?

El INE está por decidir quiénes, de los audaces suspirantes, han merecido la oportunidad de competir por el favor ciudadano el próximo 1º de julio.

Empecemos por analizar los motivos que les son comunes a todos los aguiluchos(as), y avalemos, en lo posible, estas hipótesis con algunas anécdotas sobre actores que encarnaron roles semejantes en el pasado inmediato:

Iba por el Periférico, cuando veo un inmenso espectacular con la efigie de alguien que me resultaba muy conocido pero que, debido a mi agudo problema de prosopagnosia, no lograba identificar. Extraña enfermedad ésta, que compartimos don Brad Pitt y el relatante, y que consiste en la dificultad de reconocer el rostro de una persona, así la haya tenido uno enfrente minutos antes, o la frecuente de mucho tiempo atrás.

–¡Oye! –grité a quien manejaba el auto– ¿viste la foto de este cuate, con el que estuvimos ayer con Manqué Luna Parra? –Ah, sí, Sebastián Lerdo de Tejada, es candidato a senador por el DF.

A la primera oportunidad que tuve enfrente a ese inusitado candidato le pregunté: ¿por qué, Sebastián? Desenfadado, juguetón y muy cordial, como lo recuerdo, me dijo: “Mira: de un día a otro ya soy habitante privilegiado del Periférico y de Polanco [se refería a los múltiples espectaculares en que él aparecía]. Soy invitado a exponer mis puntos de vista sobre los asuntos que más le interesan a la first class capitalina en el Club de Industriales, en el de banqueros, con los notarios, los ingenieros. Claudia [su esposa] asegura que en los carteles aprovecharon mi mejor ángulo y durante todo este tiempo me financian para que hable bien de mí”. Soltó la risa y terminó: Ahora cuando me ofrezcan algo, tiene que ser arribita de senador, me la deben. Tenía razón: merced a las relaciones que le promovió la candidatura virtual, convirtió su despacho en una catedral del lobby, Beatriz lo mantuvo como representante del PRI ante el IFE y allí su defensa intransigente del candidato Peña Nieto lo catapultó a la dirección del Issste. Estoy convencido de que de no haber sido por su prematuro fallecimiento, ahorita sería importante asesor de José Antonio o de Miquel.

¿Por qué nadie me ofrece una candidatura, aunque sea de mentiritas?

En esta remembranza de las candidaturas piñata (te vendan los ojos, te proporcionan un palo para golpear a diestra y siniestra una olla disfrazada de alguien, de algo o de nada) apenas si me queda tiempo para recordar una o dos.

La primera se refiere a Alejandro Ordorica, quien registró su candidatura a jefe de Gobierno del añorado DF, participando en mancuerna con Porfirio Muñoz Ledo, quien pretendía la Presidencia de la República bajo las siglas de aquel regalito político que don Adolfo, el menos joven, había hecho a un grupo de generales, de los di’antes (olían a pólvora no a tóner) y que se llamó Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM): Jacinto B. Treviño, Juan Barragán y Alfredo Breceda (secretario particular de don Venustiano y corredactor del Plan de Guadalupe). Por supuesto que la pretensión electoral era un dislate, pero de Muñoz Ledo toda idea, propuesta, proyecto, siempre hay que esperar frutos sociales. Muñoz Ledo, como Fernando Solana o Francisco Labastida han sido mexicanos que, seguramente si no hubieran sido mis candidatos, en su momento habrían resultado electos como responsables de encabezar los Mandos Nacionales (¿cuánto hace que no oían expresiones como ésta?). Reconozco las consecuencias que mi mal fario implica por la permanente pretensión de siempre escoger a los mejores.

Un acreditado urólogo de mi confianza (ha mantenido mi próstata en perfecto funcionamiento los últimos sexenios) me recordaba que en pleno debate televisivo entre los candidatos a la jefatura de Gobierno de la ciudad en 2000 (Santiago Creel, Tere Vale, Silva Herzog, AMLO y don Alejandro Ordorica, este último realizó una jugada de futbol conocida como reversible que ni a los Patriotas de Nueva Inglaterra les habría salido tan bien. En vivo y en directo ignoró a tres de sus oponentes y le cantó la palinodia más exultante y emotiva a su oponente. El candidato parmista reconoció que no había nadie mejor para gobernar la ciudad que ya saben quién, y hacía propicio el momento para declinar su candidatura y apoyar al que, en ese entonces nadie sabía quién era.

Mi final era un sencillo homenaje personal a una de las mujeres más importantes en la vida política de los últimos tiempos: doña Beatriz Paredes (BP). Ella, que es una singular conjugación de impactante presencia física, inteligencia y sensibilidad excepcionales, de contemporánea información, y también receptáculo de leyendas coloniales. De audacia y pragmatismo extremos, pero también de moderación y, eso sí, siempre acorde con el termostato político del mo­mento. Para mí es la emperatriz de las candidaturas, no independientes, pero sí previamente evaluadas, sopesadas y, no hay duda, siempre inteligentes, decorosas. BP corrigió la consigna del barón de Coubertin: Lo importante no es ganar sino competir. BP enmendó la plana: Lo importante es competir, pero, sabiendo anticipadamente el resultado, asegurar todo lo que se pueda ganar.

Hoy mi final, final, era doblemente celebratorio. El fallecimiento a la edad de 92 años, de una mujer de excepción: Marcela Lombardo. ¿Celebración? ¡Claro! una vida longeva, vivida con tanta dignidad y decoro, merece la celebración. Doña Marcela y yo fuimos diputados a la L Legislatura y, de partidos diversos, siempre votamos de igual manera cuando el interés nacional así lo demandaba. Ella creció y fue candidata a la Presidencia del país. (Creo que fue la primera mujer que mereció esa distinción.) Cuando presenté mi iniciativa para elevar a rango constitucional el derecho a la información, ella fue un factor definitivo para conseguir la aprobación, por unanimidad, a esta audaz propuesta. Ya lo contaré con detalles y justos reconocimientos.

El otro tema de celebración se refiere al aniversario 60 de una institución educativa que me permitió conocer, en la vida cotidiana, lo que suele llamarse, una comunidad. Cuando luego les platique, en unos cuantos renglones lo que me pasó, la semana pasada en este espacio llamado Inhumyc me entenderán.

Por ahora, sin pretensión alguna, lo juro, quiero reivindicar y ufanarme (así de presuntuoso) del comportamiento de la columneta. Dice el INE: seis, de cada 10 firmas presentadas por el señor Bronco no fueron consideradas válidas. Nueve, de las de Ríos Piter, tampoco. Respecto a la señora Zavala de, de, de, Calderón, se le detectaron 327 mil 456 firmas irregulares.

Pues, como dijo el olvidado preguntador: ¿Qué hacer?

Se les reconoce su esfuerzo, sus habilidades y saberes, se les agradece su empeño, ¿o se les consigna?

Twitter: @ortiztejeda