Opinión
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Desde el Otro Lado

Nuevas amenaza y ofensa

D

onald Trump llamó a militarizar la frontera e hizo posible que el gobierno de México, las organizaciones defensoras de derechos humanos y quienes aspiran a cruzarla huyendo de la pobreza e inseguridad en sus países de origen se dieran cuenta de que sigue siendo un ser deleznable.

En el gobierno de Estados Unidos se preguntan si Trump sabe de qué habla cuando decide que de la noche a la mañana puede disponer de las fuerzas armadas, sin consultar con sus responsables directos ni con el Congreso, en una situación cuya gravedad no amerita la presencia del ejército en las calles. También está claro, una vez más, que desconoce o no le importan las formas civilizadas en la relación con su vecino y socio, al que atropella torpemente.

Al día siguiente de su amenaza debió recular de su torpe declaración y aclaró que es a la guardia nacional la que pretende movilizar. La diferencia es sustancial, debido a que al ejército se recurre en situaciones extremas, como una inminente de guerra con una fuerza extranjera, lo que evidentemente no es el caso en un asunto migratorio. El ejército no se puede emplear en temas del orden civil; en cambio, la guardia nacional es una fuerza auxiliar integrada por civiles que se usa en desastres naturales o de desobediencia civil, en apoyo a las fuerzas regulares del orden. George W. Bush la llamó para apoyar a la patrulla fronteriza. Obama literalmente fue obligado a hacerlo con el mismo fin para evitar una confrontación mayor con los legisladores del Partido Republicano en el Congreso. Por lo pronto, los gobernadores de Oregón, Washington y Nevada han expresado su reticencia a enviar efectivos para apoyar al presidente en su cometido.

A fin de cuentas, Trump logró que en una extraña coincidencia los precandidatos a la presidencia, reprocharan al unísono sus intenciones y bravatas, apoyando al gobierno de México en su reclamo por la ofensa. No deja de ser paradójico que sea el canciller mexicano quien, por vía diplomática, ahora deba hacer un reclamo a este funesto personaje. Cabe recordar que él fue promotor y conducto para invitar al entonces candidato al país, a pesar de los reiterados insultos que durante su campaña expresó contra México y sus ciudadanos.

Entre quienes se disputan la presidencia de México hizo falta una grosería más de Trump para caer en cuenta de que sigue siendo un personaje profundamente racista que desprecia a los mexicanos de aquí y de allá.