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Economía moral

Veinte años del Progresa-Oportunidades-Prospera (POP). Hora de decidir su futuro

Recapitulación de lo ya señalado para fundar la propuesta sobre el qué hacer

Julio Boltvinik/XV
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in explicación, pues ésta se presentó en las entregas previas de esta serie, enuncio (y numero) las conclusiones parciales a las que fui llegando (terminaré en las siguientes entregas). 1) A finales de los años 90 se remplazó el desarrollo por el Progresa-Oportunidades-Prospera (POP). El Estado neoliberal deja el crecimiento al mercado bajo la convicción de que será más vigoroso mientras menor sea su intervención en la economía. El Estado se recluye a sus funciones policiacas, de infraestructura y de lucha contra la pobreza. 2) Las transferencias monetarias (TM) a los pobres han formado parte de los estados de bienestar (EB) europeos, y de otros países del centro desde hace mucho tiempo. Su comienzo puede asociarse con las subvenciones monetarias al salario que la Ley Speenhamland introdujo en 1795 en Inglaterra, que otorgaba TM a quienes tenían trabajo, pero sus salarios eran muy bajos. En opinión de Karl Polanyi, se introdujo una innovación social que equivale, nada menos, que al derecho a la vida. Sin embargo, fue abolido en 1834. 3) Pero en el tercer mundo, en particular en México, las TM no existían. La crisis de la deuda (1982-1990) llevó no sólo a la apertura de la economía y la privatización, sino a la eliminación de los subsidios generalizados a los bienes básicos, al deterioro brutal de los salarios, al desmantelamiento del estado de bienestar agrario y al remplazo de las metas de crecimiento, generación de empleos formales y elevación del nivel de vida de las mayorías, por las de la estabilidad de precios y del tipo de cambio. 4) Fue en el gobierno de la dictadura chilena (1973-1990) donde se experimentó el modelo neoliberal en materia social. Ahí los principios neoliberales se expresaron de manera transparente: la lucha contra la pobreza extrema es parte integral de tales principios, no algo externo al modelo; está en su esencia misma. Por eso no debe sorprendernos que la política pública en México se dirija contra la pobreza extrema, no contra la pobreza en general. Ello explica por qué el POP ha cobrado tanta importancia en el neoliberalismo mexicano. En Chile se apoyó a los pobres extremos con TM, focalizadas, pero no condicionadas. El condicionamiento se desarrolló después.

5) Para estudiar el POP es necesario leer con cuidado los escritos de Santiago Levy (SL), reputado como el principal arquitecto del POP. SL presenta al POP como una novedad total, lo cual es falso. En Honduras hubo un precedente financiado por el BID que comenzó en 1990, llamado Programa de Asignación Familiar, que puede considerarse el primer programa de transferencias monetarias focalizadas y condicionadas, con el cual el POP tiene muchas similitudes. 6) Si bien SL señala que el POP busca aumentar el capital humano de los pobres y que, así, pretende interrumpir la transmisión intergeneracional de pobreza, no adopta la teoría ingenua del capital humano que cree que el aumento de éste en los descendientes de los pobres extremos es condición suficiente para que no sean pobres cuando sean adultos. SL sabe que se requiere crecimiento económico; que esos jóvenes mejor educados necesitarán encontrar empleos bien remunerados para superar la pobreza. Lo que no parece saber es que la educación (centro del enfoque del POP) no es un bien absoluto sino relativo, un bien posicional. No leyó, no entendió o rechazó sin explicar, la frase de Fred Hirsch: El valor para mí de mi educación depende no sólo de cuánta tengo, sino también de cuánta tiene el hombre que está delante de mí en la cola del empleo. 7) Es importante tomar en cuenta, lo cual SL no hace cabalmente, que casi al mismo tiempo que arrancó el POP (1997) se puso en marcha la descentralización a estados y municipios del gasto social y en 1998 se formalizó con la creación del Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social en la Ley de Coordinación Fiscal. Así, actualmente, dice SL y su coautora Evelyne Rodríguez, las decisiones sobre la construcción y ubicación de escuelas, clínicas de salud y caminos rurales son tomadas directamente por estos niveles de gobierno.

8) Reflejando su equivocada visión de la pobreza en México, SL sostiene que había un desequilibrio en la distribución de los fondos presupuestarios (de apoyo al ingreso de la población) entre áreas urbanas y rurales: pues más de 75 por ciento del presupuesto se canalizaba a las áreas urbanas donde menos de 40 por ciento de los pobres vivían. Los minimalistas como SL llegan a conclusiones como ésta, pero con el método de medición integrada de la pobreza (MMIP) se llega a una conclusión totalmente opuesta: del total de pobres en el país, en 1996, había 23.5 millones en el medio rural y 60.7 millones en el urbano. Es decir, los pobres urbanos eran 72 por ciento y los rurales 28 por ciento del total nacional. Entre los pobres extremos y los indigentes (los dos niveles más intensos), los porcentajes que vivían en el medio urbano (66 y 58 por ciento) eran mucho más altos que los del medio rural (34 y 42 por ciento). Incluso con la línea de pobreza (LP) de patrimonio del comité técnico que midió la pobreza oficial en el gobierno de Vicente Fox, los pobres urbanos en 1996 eran 33.9 millones (52.5 por ciento) y los rurales 30.6 millones (47.5). 9) SL sostiene que la mayor parte de los subsidios a pan y tortilla eran capturados por hogares no pobres”, juicio basado en el supuesto de que los pobres extremos urbanos eran sólo entre 4.1 y 10 por ciento de la población urbana en 1984. En efecto, si la pobreza que queremos reducir o erradicar fuese tan baja no tendría mucho sentido utilizar un subsidio generalizado. Estos argumentos llevaron al actual sesgo antiurbano del POP (véase gráfica).

10) Según SL los pobres extremos son aquellos cuyo gasto en alimentación es inferior al costo de la canasta alimentaria; pero por razones ya explicadas adoptó, sin saberlo al parecer, lo que he llamado el método de la canasta alimentaria normativa que consiste en calcular la LP dividiendo el costo de la canasta de alimentos entre el coeficiente de Engel (o proporción de su ingreso que los hogares gastan en alimentos), pero por lo dicho no podía calcular E y supuso que era 0.8, pero en realidad era (y es) de 0.5 entre los más pobres. Esta sobrestimación de E y las consecuentes subvaloración de la LP y subestimación de la pobreza, es lo que he llamado el primer Error de Levy. Con la LP de patrimonio el comité técnico formado en la Sedeso en el gobierno de Fox, en 1996 había más pobres en el medio urbano que en el rural y la pobreza urbana (comparable con la de SL) era de 61.9 por ciento, y no de 4.1 o 10 por ciento. 11) El desafío, dice SL, no era eliminar los subsidios, sino remplazarlos con otro instrumento que fuese más efectivo para transferir ingresos a los pobres y que tuviera mayores impactos positivos en su estado de salud y de nutrición”, ignorando que: a) la intervención del Estado en la redistribución del ingreso no es sólo por la vía del gasto, sino por el conjunto impuestos-gasto. Lo que cuenta son las transferencias netas (impuestos menos subsidios) otorgadas, y b) la historia previa a 1997 de fuertes reducciones y eliminación de los subsidios generalizados.

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