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Dedica la UNAM al humanista el ciclo de conferencias Poesía, guerrilla e indigenismo...

El ideario crítico de Carlos Montemayor cala hondo en los jóvenes: José del Val
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Carlos Montemayor (1947-2010), humanista y colaborador de La Jornada, escribiendo notas para su novela Guerra en el paraíso, en 1987Foto cortesía de Susana de la Garza
Mónica Mateos-Vega
 
Periódico La Jornada
Viernes 20 de abril de 2018, p. 5

Vivimos un momento en el que nos hace falta el pensamiento crítico de Carlos Montemayor (1947-2010), el humanista, el escritor, el investigador que aportó nuevo sentido a los movimientos sociales, porque hay campos de nuestra realidad oscura que él tenía muy claros, dijo el etnólogo José del Val en la inauguración del ciclo de conferencias dedicadas al autor de Las llaves de Urgell.

El encuentro efectuado ayer en el Instituto de Investigaciones Filológicas (IIF) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se tituló Poesía, guerrilla e indigenismo en la obra de Carlos Montemayor. Convocó no sólo a familiares, amigos y académicos, sino a jóvenes que comienzan a descubrir el legado de un pensador esencial, añadió Del Val, director del Programa Universitario de Estudios de la Diversidad Cultural y la Interculturalidad (PUIC).

“Carlos comprendía muchas de las cosas, como toda la situación de las guerrillas, la historia negra del petróleo –continuó el ponente–. Ha sido muy importante lograr que la UNAM asumiera que este ciclo de homenajes a Montemayor dure un año. Apenas estamos arrancando.

“Se han llevado a cabo lecturas de poesías y se preparan una ópera y una obra de teatro con la actriz Ofelia Medina, sobre el libro Las mujeres del alba. Se trata de mantener viva la presencia de Carlos.”

Poeta fino y sensible

José del Val reiteró que el pensamiento de Montemayor, quien fue colaborador de La Jornada, “cala hondo entre los muchachos, por eso es muy importante publicar sus libros, discutirlos, organizar encuentros como éste porque hay muchas personas que se preguntan sobre ciertos aspectos en la obra de Montemayor y eso va a permitir que se produzcan más libros.

El ciclo de actividades de este 2018 cerrará en octubre con el Festival de las Lenguas de América Carlos Montemayor, que él creó para dar a conocer a los mejores poetas indígenas del continente.

En las conferencias participaron Martha Elena Montemayor, hermana del homenajeado y coordinadora del ciclo, quien ofreció una emotiva semblanza del autor.

Luego de una lectura de poemas a cargo de Marco Antonio Campos, la investigadora del IIF Paula López Cruz habló de la poesía de los Gollardos en la traducción de Montemayor. Carlos Mariscal de Gante, del posgrado en letras clásicas, ofreció la conferencia La recepción virgiliana como crítica político-social en Las armas y el polvo (1979).

La mesa tres estuvo a cargo de Demian Pavón Hernández, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, quien habló de la guerrilla mexicana bajo la mirada de Montemayor; David García Pérez, del Centro de Estudios Clásicos de la IIF, abordó Rebeldía y utopía en la narrativa de Carlos Montemayor, y Sergio López Mena, del Centro de Estudios Literarios del mismo instituto, hizo algunas anotaciones sobre Guerra en el paraíso.

Cerraron el encuentro Rafael Mondragón Velázquez, del Seminario de Hermenéutica, con el tema de la literatura indígena en la obra de Montemayor, y Tomás Pérez Suárez, del Centro de Estudios Mayas, con Flora y frutos en la obra de Carlos Montemayor.

Alberto Vital, coordinador de Humanidades de la UNAM, inauguró el ciclo. Recordó la faceta de editor del poeta, principalmente cuando fundó la revista Casa del Tiempo, de la Universidad Autónoma Metropolitana. Montemayor fue un poeta fino y sensible, sobre todo: un gran maestro, como puente entre las culturas clásicas y las lenguas indígenas, acotó.

El público disfrutó la lectura del poema Memoria de la plata, en voz de su autor, gracias a una grabación que compartió su hermana. Mi padre solía fumar en las noches/ sentado afuera de la casa./ El calor del verano inundaba el mundo./ Todas las estrellas se reunían sobre nosotros/ como si ninguna pudiera perderse./ Yo miraba el cerro de la mina/ y a lo lejos escuchaba el sonido de los molinos,/ el rumor subterráneo de metales,/ hombres y agua/ herrumbrada./ Creía que la plata era blanca,/ brillante como la lluvia/ en las noches/ o como los reflejos del río o del agua/ estancada junto/ a las peñas;/ aún creía que iluminaba la mina/ como una gran/ cascada./ Ignoraba que era negra,/ que era un verano sofocante/ como una espuma de asfixia o/ muerte,/ y que los hombres caían como/ nuevas noches.

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