21 de abril de 2018     Número 127

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Los protocolos para producir
semillas de calidad

Miguel A. Escalona Aguilar Coordinación Universitaria para la Sustentabilidad, Universidad Veracruzana y miembro de la Red Ciudadana de Agricultura Urbana y Periurbana de Xalapa  mescalona@uv.mx


La Red de Agricultura Urbana y Periurbana de Xalapa, por una alimentación
sana y en comunidad. FOTOS: Pilar Córdova Guerrero

Muchas personas de las ciudades y sus áreas periurbanas están buscando producir parte de sus alimentos, intentando vincularse con iniciativas y proyectos en los que puedan aprender sobre esta temática. La Red Ciudadana de Agricultura Urbana y Periurbana de Xalapa es una de estas experiencias que emerge tratando de satisfacer la necesidad de una alimentación sana y en comunidad. Nació con la finalidad de promover la producción de alimentos en la casa de las personas que en ella participen. Así, desde hace más de cuatro años, cada 15 días en una casa diferente, las personas interesadas se reúnen y comparten sus experiencias, sus dudas, su tiempo que, al hacerlo común, se vuelve un tiempo comunitario, en el cual compartir es la esencia del grupo, en donde el trabajo mano vuelta (el tequio) es la base para aprender y apoyar el establecimiento de huertos.

El punto de partida es ver la casa como el núcleo de nuestra vida, de nuestras decisiones y de nuestra posibilidad de bienestar, para desde ahí hacer comunidad con otras personas interesadas en acciones similares.

Cada reunión de la Red es un espacio de aprendizaje, un espacio para compartir saberes y quehaceres; un lugar en el que todas las voces se escuchan y todas las manos trabajan, un lugar para el diálogo, para la práctica y un espacio de bienestar. Un encuentro de la red comienza siempre con el círculo de la palabra, en donde los participantes nos dicen cómo se sienten y cómo llegan, lo cual ayuda a que quien participa por primera vez se incorpore al grupo fácilmente. Posteriormente, sigue una parte técnica que corresponde a un tema elegido por el anfitrión o anfitriona; luego de una breve descripción de las bases técnicas, todas las personas trabajan para alcanzar el objetivo planteado, por ejemplo, hacer un compostero o elaborar camas de cultivo, etcétera. Después se da un intercambio de semillas y plantas y, finalmente, el encuentro finaliza con una comida comunitaria, en la que todos llevan alimentos y los comparten.


El punto de partida es ver la casa como el núcleo de nuestra vida, nuestras decisiones y nuestro bienestar.

Por lo dinámico del intercambio continuo de semillas y plantas surgió la inquietud entre algunos miembros acerca de si toda la semilla que se intercambia es de calidad, si la forma en que se almacena garantiza su germinación y su potencial productivo. Atendiendo esta inquietud, se decidió formar una red de guardianes, con la idea de ir construyendo colectivamente protocolos (procedimientos) para la producción de semillas de calidad y de esa manera fortalecer el intercambio, sistematizar su producción y ampliar la biodiversidad que se ofrece entre los miembros de la red. Asimismo, se ha buscado que los protocolos sean fáciles de entender y no difíciles de emprender.

¿Cómo estamos construyendo estos protocolos para la producción de semillas de hortalizas? Lo primero fue definir las etapas del proceso de producción, por ejemplo: para saber si se ha adquirido o recibido una buena semilla, se requiere conocer su origen, la variedad, la región donde se produjo y la fecha en que fue cosechada. Para ello se elaboró una ficha que contuviera la información mínima necesaria para el intercambio y se aceptó que éste, al menos entre la red de guardines de semillas, se hiciera cumpliendo ese protocolo.

Una vez que se tienen las semillas, se deben realizar pruebas para saber si van a germinar adecuadamente o no, si darán plantas de calidad. Entonces se organizó un taller práctico y de intercambio de experiencias, a fin de conocer los criterios que se deben tomar en cuenta para valorar la calidad de la semilla, considerando el porcentaje de germinación, el tipo de plántulas que produce y la presencia de patógenos.

Después de ensayar varios métodos de germinación, en los que todos los miembros del grupo participaron, de forma voluntaria las personas se responsabilizan de hacer el protocolo para la valoración de semillas de calidad. Lo que ha ocurrido en estas prácticas resulta interesante, pues han surgido innovaciones sobre los métodos convencionales –dictados por instancias internacionales, como la International Seed Testing Association (ISTA, por sus siglas en inglés)–, usando recursos comunes en la casa, de esa manera se van sustituyendo materiales que son menos comunes, pero sin obviar el rigor de la metodología en cuanto a número de repeticiones y forma de evaluar.


Cada 15 días en una casa diferente, los integrantes de la Red se reúnen y comparten sus experiencias.

Periódicamente se organizan visitas a los huertos de algunos miembros de la red de guardianes de semillas, a fin de aprender en campo temas como el tipo de polinización que cada hortaliza tiene, los hábitos de crecimiento y por lo mismo la distancia a las que hay que sembrar para completar el ciclo de producción desde la siembra hasta la cosecha. Al momento de visitar un huerto diferente, se ven formas de producción, necesidades de aislamiento (si es necesario) y cuidados especiales a tomar en cuenta, con base en el tipo de polinización, tiempo de la cosecha y momento óptimo para cosechar semillas, pero también se comparan los procedimientos y las mejoras que puede haber en cada caso.

Falta mucho por aprender y compartir, falta ampliar nuestra red de guardianes a otros pisos altitudinales y por lo tanto climáticos, dando preferencia a la biorregión, porque no todas las hortalizas dan semillas en un lugar. De esta manera buscamos depender menos de la semilla comercial de empresas multinacionales. También hace falta atrevernos a llevar a cabo procesos de selección de plantas con buen potencial e iniciar un ciclo de mejoramiento genético, imaginando variedades locales que harán falta en el escenario del cambio climático. No obstante, como bien diría Eduardo Galeano, la utopía nos sirve para caminar. Nuestras utopías ahora están vinculadas a lograr nuestra soberanía a partir de la autonomía en el abasto de semillas locales y de polinización libre.

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