21 de abril de 2018     Número 127

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

El cerco sobre las semillas

Adelita San Vicente Tello Directora de la Fundación Semillas de Vida, A.C. México y representante de la Demanda Colectiva de protección del maíz nativo  adelita@semillasdevida.org.mx


De recurso de uso común a mercancía.

Las semillas son principio y fin, constituyen el primer eslabón en la cadena de alimentos, se siembran para iniciar el ciclo agrícola y son el principal medio de producción en la agricultura. A su vez, son fuente importante de alimentos, bebidas, textiles y aceites; casi todos los carbohidratos que consume la humanidad proceden de granos que a su vez son semillas.

Las semillas contienen un profundo conocimiento de la naturaleza que se encuadra en un sistema de pensamiento y en última instancia en una cosmovisión que implica una forma de relacionarse con la naturaleza. Como insumo básico de la agricultura, la semilla ha sido objeto de múltiples transformaciones tecnológicas, desde su selección, mejoramiento hasta la manipulación genética. Los procesos tecnológicos ligados a la semilla han posibilitado grandes transformaciones de la humanidad: su sedentarización, el incremento de la producción con la Revolución verde y ahora la transformación genética que busca el control monopólico de la producción de los alimentos.

La evolución tecnológica sobre la semilla en el último siglo ha posibilitado el cambio en su concepción pasando de ser un recurso de uso común por excelencia, a una mercancía sujeta a su privatización. La apropiación monopólica de este sector vital ha sido clave para que el capital controle el proceso de producción de alimentos. Siendo un eslabón clave la concentración en unas cuantas empresas en los pasados diez años, ha significado la dominación del sector por el gran capital.

La apropiación de las semillas conlleva la expropiación y el usufructo del conocimiento milenario de la humanidad que ha sido creado, recreado y enriquecido desde hace aproximadamente diez mil años por una diversidad de culturas ancestrales, que mantienen vivo, hasta el día de hoy, este esfuerzo por producir y reproducir la vida.

La concentración en las capacidades para generar semillas y el control que sobre ellas puedan ejercer unas cuantas corporaciones, ya sea mediante el uso de tecnologías o mediante las leyes y políticas, representa un negocio gigantesco para dichas compañías en la medida en que los alimentos -al igual que el agua- son elementos irrenunciables e insustituibles para la preservación de la vida. La posibilidad de ejercer un control monopólico sobre las semillas les da un control político sin precedentes en la historia de la humanidad e implica graves riesgos para la economía, el medio ambiente y la vida.

El caso del maíz en México es un claro ejemplo de la avidez de estas empresas, su insistencia por sembrar e inundar nuestro territorio con estas semillas obedece al interés de apropiación del reservorio genético de esta planta. Por una parte, nos encontramos ante uno de los tres principales cereales de los cuales se alimenta la humanidad, un grano que en la actualidad ha cobrado gran relevancia a nivel mundial como una mercancía (commodity) multifacética: con una gran capacidad de adaptarse a las condiciones más extremas por lo cual es el cereal ideal para el cambio climático y con una versatilidad que lo hace ingrediente –ya sea como almidón o azúcar- de la mayor parte de los productos comestibles industriales y en muchos otros como papel, plásticos y agrocombustibles. Por el otro lado, la región de Mesoamérica, en la cual se incluye México y Centroamérica, es el centro de origen y de diversificación genética de este grano, es decir, que este grano no sólo se originó en esta región del planeta sino que aquí se sigue cuidando y recreando por los agricultores para mantener su increíble diversidad.


La concentración en las capacidades para generar semillas en manos de unas
cuantas corporaciones es un negocio gigantesco.

Por ello, en México, desde hace más de dos décadas se libra una disputa por el maíz que enfrenta a poblaciones campesinas e indígenas y sus aliados que reconocen en esta planta su origen, vida y sobrevivencia, reivindican su derecho legítimo a reproducirla libremente y a conservarla para las generaciones futuras; con la avidez de las empresas trasnacionales que se proponen transformar nuestra planta en una mercancía estratégica que les garantice ganancias en los mercados agroindustriales globales con la complacencia gubernamental.

En años recientes ha crecido un gran número de experiencias de conservación de semillas que busca rescatar el material nativo, reproducirlo y compartirlo a nivel regional. Las experiencias se multiplican y encuentran su mejor expresión en las Ferias de semillas, en las que como respuesta al control que pretenden ejercer las empresas, se intercambian libremente las semillas. Éstas se han multiplicado en los últimos años a lo largo del país, como espacios en los que además se intercambian saberes y conocimientos, además de alimentos y semillas.

Años de una creciente oposición desde diversos flancos tienen como resultado que hoy en México la siembra de maíz transgénico es ilegal. Gracias al ejercicio de la justiciabilidad, es decir, de la exigencia de nuestros derechos expresados en la Demanda colectiva contra la siembra de maíz transgénico en México, interpuesta el 5 de julio de 2013, logró resumir estos años de lucha en contra de la siembra de maíz transgénico.

Es así como quienes a lo largo de los siglos crearon y recrearon la biodiversidad hoy siguen siendo los sujetos responsables de la generación y mantenimiento de la biodiversidad, de la que depende el futuro de la alimentación en el mundo. No podemos permitir que la voracidad de las empresas trasnacionales se apropie de este trabajo.

Las formas en que logremos defender a nuestra planta sagrada como bien común de la humanidad, con su multiplicidad de sentidos, valores, usos y aprovechamientos comunitarios, serán claves para resolver la disputa sobre el maíz y el futuro de la alimentación.

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