21 de abril de 2018     Número 127

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Cultiva-cosecha-comparte:
semillas para tod@s

Claudia Flisfisch Cortés Coordinadora de ¡Siembra!, de Longo Maï, para América Latina.  siembra@seedfilm.org


Las semillas: comienzo y final, fuente de vida, legado heredado gracias a la generosa
labor de agricultores y agricultoras del planeta.

Las semillas: comienzo y final, fuente de vida, diversidad, alimentos, medicinas, sabores, aromas, colores, fibras, memoria, cultura, comunidad y ¡tanto más! Un legado heredado gracias a la paciente, milenaria y generosa labor de los agricultores y agricultoras del planeta. Preciados tesoros, cuya protección es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.

Durante las últimas décadas, la agresiva expansión de la agricultura intensiva, caracterizada por la concentración parcelaria, la mecanización de las prácticas agrícolas, la utilización de agrotóxicos y la estandarización de la producción agrícola por la promoción casi exclusiva de monocultivos de algunas variedades de alto rendimiento, han generado una inquietante pérdida de agrobiodiversidad a nivel mundial, poniendo en riesgo este tesoro.

En el primer informe sobre el estado de los recursos fitogenéticos del planeta, en 1996, la FAO alertó que gran parte de éstos, esenciales para la agricultura y la seguridad alimentaria, se encontraban amenazados. Luego, en 2004, afirmó que en un solo siglo el planeta había perdido más de 75% de su agrobiodiversidad; que 75% de la alimentación mundial era producida a partir de sólo 12 plantas y cinco razas animales; y que de las 12 mil plantas comestibles conocidas, solamente de 150 a 200 eran utilizadas por los humanos. En 2010, en su segundo informe, constató aún más la agravación de este fenómeno, principalmente respecto a la conservación in situ, es decir, en las granjas y los campos (pues la conservación ex situ, en los bancos genéticos refrigerados, habría mejorado), y advirtió que el lugar ocupado en el mercado mundial de semillas por las multinacionales más grandes de la agroquímica era preocupante.

Afortunadamente, como reacción ante este panorama, el universo humano que defiende la vida no se ha quedado de brazos cruzados: ha generado un movimiento diverso, creativo, colaborativo y vital, cargado de esperanza y acciones por el rescate de las semillas y la biodiversidad, que se multiplica exponencialmente, como las mismas semillas que desea proteger. 

Educación, comunicación, colaboración, organización y articulación son claves para este movimiento y son muchas las iniciativas educativas que buscan crear conciencia al respecto. Una de ellas es el manual de conservación de semillas Cultiva-Cosecha-Comparte: semillas para tod@s, que se acaba de publicar. Un aporte concreto, que muestra y sugiere un camino. En sus páginas, breves, pero ricas en contenido, experiencia, arte y color, sus autoras nos comparten de manera clara y sencilla las herramientas básicas para multiplicar nuestras propias semillas, así como para hacerlas circular en nuestra comunidad más cercana, en el marco de un modelo solidario que se basa en la colaboración y el intercambio: las bibliotecas o casas de semillas.

Lo interesante del modelo que las autoras proponen y que conocen de cerca, puesto que son las fundadoras de la Biblioteca Comunitaria de Semillas “Somos Semilla”, de San Miguel de Allende, es que es un modelo vivo, que funciona en la medida que las semillas se siembren, cultiven, multipliquen, intercambien y se hagan circular, manteniéndose vivas y adaptadas a las cambiantes condiciones del medio.

En un contexto de cambio climático es crucial que las semillas tengan la capacidad de adaptarse y no son necesariamente las semillas que nos ofrecen en el mercado las que tienen esa capacidad, sino aquellas que seamos capaces de producir en nuestros propios territorios.

Lamentablemente, muchos agricultores no se atreven a producir sus semillas, ya sea por falta de confianza o de conocimientos, y prefieren comprarlas a las grandes empresas, perdiendo su autonomía y diversidad local. 

El lugar que las multinacionales más grandes de la agroquímica ocupan en el mercado mundial de semillas ha aumentado vertiginosamente, mediante operaciones de fusión y adquisición. El 21 de marzo, sin ir más lejos, la Comisión Europea autorizó la megafusión de Bayer y Monsanto, allanando así el camino para la empresa agrícola más grande y poderosa del mundo, a pesar de la enorme resistencia ciudadana. En estos años ha habido tres grandes megafusiones empresariales, incluida ésta, quedando en sus manos el control de 70% de los agroquímicos a nivel mundial y más de 60% de las semillas. Estas compañías, por su carácter comercial, sólo ofrecen variedades modernas híbridas o transgénicas.

La investigación pública en semillas, además, ha ido disminuyendo para dar paso a la investigación privada, orientada casi exclusivamente hacia intereses más comerciales. Urge recuperar y fortalecer los conocimientos asociados a la producción de semillas y apoyar procesos de articulación que faciliten el intercambio, libre acceso y circulación de las semillas criollas y los conocimientos asociados a sus usos y cultivo. Hacer proliferar las casas y bibliotecas de semillas en cada territorio es una manera muy concreta de establecer circuitos donde los mismos agricultores gestionen sus necesidades, desde la colaboración y la reciprocidad, haciendo investigación y mejoramiento participativo. 

La FAO ha reconocido que la agricultura familiar campesina produce más de 70% de los alimentos del planeta. Con muchos pequeños esfuerzos locales de este tipo, se podría tener un interesante impacto sobre las semillas y la biodiversidad cultivada. Al conectar iniciativas situadas en condiciones geoclimáticas similares, se pueden generar redes de investigación, intercambio de semillas e información, que en situaciones de emergencia (catástrofes naturales, consecuencias del cambio climático, conflictos armados como el de Siria, donde los agricultores perdieron sus semillas), son vitales.

Cada semilla es un eslabón fundamental de la autonomía y soberanía alimentarias al servicio de los pueblos y ¡es tarea de todos resguardar ese tesoro! ¡Aprender, cultivar, cosechar y compartir!

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