21 de abril de 2018     Número 127

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

¿A quién le importan las semillas?

Nereida Sánchez Rubio Directora de Semillas Colibrí   semillascolibri@gmail.com


Acercan a niños y niñas al mundo de las semillas. FOTOS: José Luis Delgado Pamplona

La pérdida de la diversidad de los alimentos que se producen en el campo mexicano es casi invisible.  Yo no lo supe hasta que empecé a trabajar en la Granja Los Eucaliptos, donde mi padre producía solamente lechugas para vender en los mercados de la región, e inclusive en varias partes del país; él fue pionero en la venta de ensaladas de lechugas babies, lavadas, desinfectadas y empacadas en bolsas. Lo que llamaba más la atención eran esas variedades de lechugas que tienen hojas de formas y colores diferentes a las comunes.

Para hacerlo, mi padre tenía que importar semillas. Sin embargo, llegó el día en ya no había en los catálogos ni la mitad de las variedades que él usaba (en promedio, cultivaba 12 variedades diferentes). Entonces, fue hasta finales de los años noventa cuando empezó a reproducir semillas de lechugas, dejando desarrollarse unas plantas de cada variedad; las que funcionaban bien, las seguía usando en la siguiente temporada, y las que no, sólo las desechaba.

Cuando yo me incorporé en 2005 a trabajar en la granja, mi principal función era mejorar los procesos de producción y hacerlos eficientes para reducir gastos y seguir compitiendo en el mercado, pues ya no éramos los únicos.


Estudiantes y maestros se emocionan con tantas semillas, colores, formas y tamaños.

Debo aclarar que mi padre no viene de campesinos, y ni él ni yo estudiamos algo relacionado con la agricultura, pues ambos somos ingenieros (mecánico él y yo electrónica). Por ello tuve que salir a capacitarme, y eso aún lo hago. Desde el primer curso que tomé, uno sencillo sobre lombricomposta, vi que todos los demás productores andaban buscando semillas de hortalizas en el mercado, y ¡claro!, nadie tenía las semillas que nosotros reproducíamos. Así, en cada curso siempre había alguien interesado en nuestras semillas. Finalmente, después de cuatro años, en un taller de semillas conocí a la bióloga Karla Arroyo, encargada del huerto de semillas de Las Cañadas, en Veracruz, quien me dio luz para iniciar el proyecto de mi vida.

Crear la casa de Semillas Colibrí no fue espontáneo, y de hecho ya existía; sólo le di forma, la hice visible y la fui dando a conocer a los demás, quienes buscaban algo que habían perdido. Somos un país que está luchando por conservar su maíz, pero que no realiza el mismo esfuerzo en lo que respecta a las hortalizas. Importamos más de 90% de las semillas para producir nuestras hortalizas, según se dijo en el primer Encuentro Mexicano de Guardianes de Semillas realizado en el Rancho Agroecológico de Vía Orgánica, en San Miguel de Allende, en marzo de 2017.

¿Cómo germinó Semillas Colibrí?

Después de hacer trueques y llevar semillas conmigo para compartir, aunque a veces me pagaban por ello, en 2010 empezamos de manera sencilla a empacar sobres de éstas con el nombre de Semillas Colibrí. Ya antes había conocido dos lugares que ofrecían semillas en una bolsita de papel, sólo con una breve descripción acerca del nombre y el contenido. Le di un plus a esta idea al poner la fotografía de lo que yo estaba ofreciendo; mi gusto por tomar fotos y el uso de la computadora facilitó este trabajo.


La casa de semillas ha recibido visitantes de todo el mundo.

Ya han pasado varios años desde entonces. El empaque ha evolucionado y la calidad de las semillas también sigue mejorando, pero todo va lento porque funcionamos de una manera que nos permite autogestionarnos  para solventar nuestros gastos, pero únicamente invertimos cuando podemos. No ha sido fácil. Este año queremos terminar el huerto de semillas que servirá de escuela y la nueva casa de semillas, además de imprimir el catálogo de nuestras más de 100 variedades que tenemos a la venta y de desarrollar el catálogo virtual, que incluye otras 200 variedades que están en resguardo.

La casa de semillas ha recibido visitantes de todo el mundo, tanto curiosos como amantes de las semillas. Hace cuatro años, un amigo muy querido me motivó a compartir esta experiencia en un congreso internacional que se organiza cada dos años en Estados Unidos. Asistí, con todo y mi fobia a hablar en público, y a partir de ahí conocí diversos movimientos alrededor del mundo que trabajan en favor de semillas nativas, criollas, orgánicas, de polinización abierta, de todo tipo. Entre ellos, un festival que se lleva a cabo en California me inspiró a organizar uno así en nuestra ciudad, junto con mi compañero, mi familia, mis amigos y voluntarios.


En el semillero.

De este modo, tuvo lugar el primer festival de semillas nativas en la zona metropolitana de Guadalajara, único en su tipo porque se situó en un contexto periurbano, donde el reto era lograr la reunión del campo con la ciudad. Su gran acierto fue invitar desde escuelas de preescolar hasta universidades para que estudiantes y maestros asistieran a conversar con campesinos y productores de semillas, a fin de que conocieran el campo desde lo que es una futura planta, es decir, desde el inicio.

Desde entonces, en cada festival los estudiantes y maestros se emocionan con tantas semillas, colores, formas, tamaños, y las historias que les cuentan los productores les animan a poner su propio huerto en cada escuela. Además, los productores comparten sus semillas con los pequeñitos, pues saben que éstos las sembrarán y cosecharán.

El festival se sitúa en una granja de producción agroecológica, donde se producen semillas y alimentos, se crían animales de corral y se aplican proyectos de captación de agua. Todo eso ofrece a los asistentes una experiencia inolvidable.

Del primer al tercer festival, vemos que han tenido un impacto significativo en las personas que asisten. Hay experiencias que así lo demuestran, como los dos proyectos nuevos que surgieron en Michoacán y Nayarit: después de inspirarse en lo que vieron en el primer festival, ahora son participantes y guardianes de semillas y nos comparten las que ellos ya están reproduciendo.

La retroalimentación con estudiantes es muy alentadora. Recibimos mensajes incluso de quienes quieren ser como nosotros, guardianes de semillas, y eso significa que hacemos eco. Por eso vale la pena seguir compartiendo el gran reto de las semillas.

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