21 de abril de 2018     Número 127

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

La industria semillera:
monopolio y concentración

Yolanda Massieu Investigadora de la UAM Xochimilco

Por milenios, las semillas, insumo fundamental de la agricultura y origen de las plantas, cumplieron tres funciones: cultivar, propagar y generar una nueva variedad de plantas. Estas funciones habían sido ejercidas por los agricultores, de manera que el mejoramiento y obtención de variedades estaba en manos de los propios productores. Esto fue así hasta que en el siglo XX surgió una poderosa industria semillera, que busca que el agricultor sólo pueda usar las simientes para sembrar cada ciclo, necesariamente comprándolas para volver a sembrar, mientras que compañías privadas realizan la propagación y generación de nuevas variedades y controlan de esta manera el mercado.


Un puñado de compañías controla de manera monopólica la agricultura y alimentación
del mundo. FOTO: The Fern

La producción comercial de semillas por parte de compañías privadas se expandió a nivel global el siglo pasado, si bien ya existían algunas empresas locales en Europa y Estados Unidos desde el siglo XIX. El crecimiento mundial y la aparición de las primeras compañías globales se da en la 2ª mitad del siglo XX, como un efecto de la llamada Revolución Verde, un proyecto de modernización agrícola generado a partir del Consorcio Global de Investigación Agrícola (CGIAR, por sus siglas en inglés), un conjunto de instituciones en varios países que fomentó un paquete tecnológico basado en el uso de semillas mejoradas, riego, mecanización e insumos agroquímicos. México fue de los principales laboratorios de dicho proyecto, a través del CIMMyT (Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y el Trigo), y las compañías semilleras internacionales fueron de las principales beneficiadas.

A partir de entonces se ha dado una creciente concentración en la industria semillera, de manera que cada vez son menos compañías las que venden las simientes, los insumos químicos y la maquinaria agrícola. Sus ventas consisten tanto en semillas mejoradas convencionales como en las nuevas variedades transgénicas. Dadas las grandes inversiones que han realizado en estas nuevas plantas, las compañías presionan constantemente para que se liberalice su siembra comercial, independientemente de si tienen ventajas o no, como sucede en el caso del maíz transgénico en México.

El mercado es rentable y sus utilidades crecen ininterrumpidamente, con exportaciones por 4,300 millones de dólares (mdd) en 2004 y 10,543 en 2012. Los ingresos reportados en 2015 son de 17,536.8 en Norteamérica, 9,660.9 en Europa, 15,775.5 en Asia-Pacífico, 4,975.4 en Sudamérica y 1,913 en África. Esto significa que un número creciente de agricultores en el mundo compran semilla de las compañías, lo cual repercute en pérdida de autonomía y aumento de costos. La mayor parte del mercado consiste en cereales, cultivos industriales y forrajes, seguida de hortalizas y flores.


La producción comercial de semillas por parte de compañías privadas
se expandió a nivel global el siglo pasado. FOTO: Sabaguá

Los principales países exportadores e importadores de semillas son Francia, Países Bajos y Estados Unidos. Ha avanzado la concentración en cada vez menos compañías, de manera que aumenta su control sobre la alimentación y la agricultura del mundo: en 1994 las cuatro semilleras más grandes controlaban el 21% del mercado, en 2007 10 firmas tenían el 95%, y en 2016 se concretó la adquisición de Syngenta con Chem China, y Monsanto fue adquirida por Bayer por 66,000 millones de dólares, con lo que tres empresas tendrán más del 80% de las ventas de semillas de maíz, y el acuerdo le da a Bayer acceso a más de 2 mil variedades de semillas de diversos cultivos.

Estas fusiones recientes implican que los diversos sectores de insumos agrícolas tienden a unirse en la llamada “agricultura climáticamente inteligente”, en la cual una misma compañía puede vender la semilla, el fertilizante, la maquinaria, predecir los eventos climatológicos y estar así en condiciones de vender el seguro. En años recientes Monsanto compró dos compañías de monitoreo climático y tiene información histórica detallada sobre 30 millones de campos agrícolas en Estados Unidos de América, en cuadrados de 10 por 10 metros. Adquirió Climate Corp., con satélites y naves aéreas para monitorear parcelas y vender seguros. En 2014, Agrium Inc. (la compañía de fertilizantes más grande del mundo) se asoció con Monsanto para ofrecer la plataforma “Climate Pro” a sus clientes minoristas en EU.

La información expuesta nos habla de un problema serio que permite a un puñado de grandes compañías controlar de manera monopólica la agricultura y alimentación del mundo y desaparecer la autonomía de los agricultores. Especialmente en países como México, en el cual el Estado ha renunciado a regular estos aspectos como de seguridad nacional y no con fines de lucro, es imperativo que estas industrias sean reguladas y se fomente una vía de soberanía alimentaria de interés nacional.


Por milenios, las semillas cumplieron tres funciones: cultivar, propagar y generar una nueva variedad de plantas FOTOS: Yolanda Massieu

Mazorcas y sombreros, en la bodega.
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