21 de abril de 2018     Número 127

Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER

Suplemento Informativo de La Jornada

Crear dos, tres… un chingo
de caracoles con mujeres que luchan

Gisela Espinosa Damián Académica de la UAM-X  giselae@correo.xoc.uam.mx


Muchas formas de ser y de luchar reunidas en el Encuentro.


Dando la bienvenida. FOTOS: Gisela Espinosa


Dando testimonio.


En la noche negra que estamos viviendo, las zapatistas dan luces.

Cuántas mujeres asistimos al Encuentro del Caracol Morelia? Pensé que llegaríamos más de mil, luego supe que solo las anfitrionas serían dos mil. Al amanecer del 8 de marzo se decía que cinco mil, pero en el día llegaron más y más camionetas y camiones repletos de mujeres; el 9 de marzo, cuando todos los grupos de discusión estaban a reventar; todos los eventos artísticos, deportivos y culturales al tope; las filas para comprar alimentos… los improvisados dormitorios tapizados de sleepings,  y las laderas con tiendas de campaña; cuando era incesante el ir y venir por todos los espacios, y había grupitos junto al tianguis de artesanías concluí ¡Somos un chingo!

Y es que, por su propio nombre, el Primer encuentro internacional político, artístico, deportivo y cultural de mujeres que luchan, tuvo la virtud de llegar al oído, al pensamiento, al puño y al corazón de miles de mujeres que tal vez no participan en Política (con mayúscula) pero luchan. Quizá nos reunió la idea de fortalecer y articular a los movimientos sociales desde abajo y a la izquierda; quizá coincidimos en la lucha contra el capital, el patriarcado y la normatividad heterosexual. Llegamos sin la preocupación de juntar firmas para la candidatura independiente, con el propósito de encontrarnos en tierras zapatistas y con mujeres zapatistas a las que reconocemos autoridad para llamarnos.

Una de las maravillas del Encuentro fue el ambiente entusiasta, energético y rebelde, sensible y vital, donde fluyeron novedosos lenguajes para comunicar el dolor, la alegría, la indignación; para compartir experiencias, luchas, sentimientos; para expresar deseos y apuestas para el hoy y para un tiempo lejano que ya se cimenta…

Con la cálida frase: “Hermanas y compañeras que nos visitan…”, la insurgenta Érika abrió el Encuentro; marcó límites y libertades con humor y firmeza: no va a entrar ningún hombre porque son “mañosos” –despierta aplausos y exclamaciones divertidas y cómplices–, “ustedes pueden andar donde quieran… hablar, escuchar, mirar, fiestar. “Me tocó leer –dice– pero mi palabra es colectiva”. Y a través de su propia historia ilustra la historia social del racismo, la injusticia y la violencia; pero también de la resistencia y del cómo una mujer indígena aprende a leer, a analizar y constatar “que podemos defendernos, tomar el mando y dirigir combates con mayoría de hombres… no crean que fue fácil… porque no sólo se lucha contra el pinche sistema capitalista sino también contra el sistema que les hace creer a los hombres que las mujeres somos menos y que no servimos”. Érika destaca la diversidad de la asistencia y queda en la memoria su metáfora: “un bosque de mujeres”, donde cada mujer es única o parecida a otras, pero lo que importa es que “cada quien lucha, se rebela, se encabrona y hace algo”.

Estamos en un Encuentro de encuentros, un constante agruparse, dispersarse, re-unirse; hallar mujeres, experiencias, propuestas. Se llega –o no– a las actividades elegidas entre los cientos del programa. Salen al paso sorpresas, así, en un caminar con y sin rumbo, nos topamos con esa poeta delgadísima que conmueve hasta las lágrimas al tocar un pasado argentino que es presente nuestro: muerte, violencia y mujeres buscando a sus seres queridos… o a la bailarina que asombra a Gabi, la zapatista que me dice, “mira sus zapatos…”, zapatillas de punta con las que danza “se va la vida, se va al ‘ahujero’ como la mugre en el lavadero…”; o el baile que estaba en el templete de al lado, donde una sola bailarina faldea y zapatea sones, huapangos, jarabes, durante más de una hora; así hallamos el grupo de mayas kakchikel que luchan ejerciendo y defendiendo sus saberes como comadronas, tejedoras, músicas y pintoras. Un público fascinado mira fut, voli, basquet, con cronistas y equipos de encapuchadas vestidas con ropa tradicional ¡Qué maravilla! Teatro, pintura, fotografía; defensa personal. La batucada feminista llevando tras de sí una marcha, un círculo, un ciento de mujeres bailando al son de los tambores y gritando consignas contra el capitalismo patriarcal y heterosexual. O por la noche, las raperas con sus “Batallones femeninos sin zapatos de tacón…”, alternando con el conjunto de encapuchadas que, ante el clásico “¡Otra! ¡Otra!”, piden paciencia “porque apenas estamos aprendiendo”. No importa, su alegría, su simpatía y las ganas del respetable de estar juntas y bailar es desbordante. El ritual de las seis de la mañana, comunión en el dolor y la pena, la esperanza y el coraje por nuestras desaparecidas y asesinadas… la espiritualidad también se vive viniendo de otros mundos.

Las brasileñas del Movimiento de los Sin Tierra mantienen expectante al auditorio al contar cómo destruyen con sus manos los monocultivos y hacen la vida imposible a las empresas que los promueven, las lecciones, los riesgos… Mapeando mi cuerpo territorio, convoca a un numeroso grupo que pone en juego una y otra categoría, se tocan, se dibujan, senti-piensan; Mujeres de los medios libres con gran concentración discuten su triple lucha: por abrirse un espacio y un derecho en un marco monopolizado por grandes empresas, al interior de los “libres” por abrir un espacio para temas de mujeres, feministas y de género; y ante sus compañeros, contra prácticas sexistas y hostigamiento sexual. Escucho la dura y conmovedora reflexión sobre feminicidios, asesinatos de defensoras, desapariciones, trata de personas…


Expresiones artísticas tan diversas como las asistentes.

En la mesa sobre defensa territorial y contra el extractivismo, Moira, la líder mapuche argentina da cuenta de la fuerte lucha de las mujeres por defender su territorio y enfrentar la represión y la militarización, abriendo la reflexión sobre el importante papel de las mujeres en esta lucha; ahí también se valora que las mujeres guarden sus semillas –que no se diga “banco” de semillas, es palabra empresarial–, defienden modos de vida y espacios que de otro modo son arrasados por el monocultivo; se expone la peculiar relación entre las mujeres y el agua y cómo la defensa del agua es defensa territorial sexuada; toman la palabra mujeres de Temacapulín que destacan la larga lucha contra la hidroeléctrica que arrasaría la comunidad;  y mujeres veganas hacen ver que lo que comemos también se expresa en territorios biodiversos o devastados. La participación es rica, habla una mujer zapatista –lo cual no ocurrió en otras mesas, quizá nuestros tiempos, ritmos y lenguajes no lo propiciaron–, intervienen mujeres de México, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Chile, cuyos territorios acosados defienden las mujeres y los hombres. Al final, Moira pide que cantemos una estrofa combativa en lengua mapuche. Y cantamos con el puño en alto; algunas lloran. Se propone un pronunciamiento… El tiempo pasa en un suspiro, y nadie dijo que las mujeres del campo no sólo defienden territorios sino su derecho a la propiedad, el uso y el derecho a decidir sobre tierras y territorios.

En la noche negra que estamos viviendo mujeres y pueblos, las zapatistas dan luces, siembran alegría y fe. Muestran que se puede resistir construyendo otros mundos en medio de la adversidad y el acoso, que se puede compartir en medio de diferencias. Dan cuenta de diferencias y proponen estudiar, analizar y discutir para ver si es cierto que nuestra lucha es contra el patriarcado capitalista y contra cualquier patriarcado, o si no, “como quiera nos vamos a ver para luchar por la vida de todas las mujeres”. Y lanzan la propuesta de un segundo encuentro en 2019 “pero no nada más en tierras zapatistas, sino en sus mundos de cada quien, de acuerdo a sus tiempos y sus modos… que cuando vengan puedan decir que en sus mundos se reunieron, discutieron y acordaron”.


Llegando al oído, al pensamiento, al puño y al corazón de
miles de mujeres.

La bailarina que asombra a Gabi.
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